En la Iglesia no tienen idea de lo que es el trabajo.

La noticia la relata Carlos Arbia el 14 de octubre de 2016 en el prestigioso portal informativo INFOBAE y lo transcribo en itálica, y mis comentarios:

Rodrigo Zarazaga trabajó siete años en la Villa Mitre y otros barrios obreros de la zona y tiene un máster en Harvard (Adrián Escandar)
Mar del Plata (Enviado especial). “Yo no conozco a nadie que gane (un plan de) $880 por mes que no quiera trabajar si le ofrecen un trabajo en el que le van a pagar 15.000 pesos”, dijo Zarazaga ante unos 500 empresarios que escuchaban el panel sobre “Integración social, puente para el desarrollo sustentable de la Argentina”, en el 52 Coloquio de IDEA.

Rodrigo Zaragoza tiene razón, pero creo que deberíamos, nuevamente espiar detrás de las puertas cerradas, los cortinados y las alfombras, porque hay mucha basura oculta desde hace muchos años. Yo sí conozco gente que no quiere trabajar porque si no “pierden los planes”. No conozco uno o dos, sino a muchísimos. A pesar de ser abogado, mi principal ingreso proviene de una chacra demasiado pequeña. Como el clima era apto me propusieron cultivar arándanos, espárragos o alcauciles. No conseguí la mano de obra porque si trabajaban conmigo “perdían los planes”. Algunos de mis clientes bolivianos del estudio jurídico, que son quinteros en la zona de Olmos, partido de La Plata, trataron de consolarme explicándome que debían traer braceros de Bolivia, porque “por los malditos planes” en la Argentina no se conseguían.

Keynes basó su teoría económica en que nadie trabaja por menos de lo que requiere para vivir. Los últimos 14 años de administraciones nacionales sirvieron para burlarse del economista inglés. Sumar más de uno o varios planes, trabajar de piquetero o de coro aplaudidor de un político, cansa menos que plantar y luego recoger espárragos.

Le guste o no a Zaragoza, el obrero le vende al empresario no solo su tiempo y fuerza de trabajo, sino su habilidad y los conocimientos para llevar adelante ese trabajo. Aclaremos que en China comunista esto está perfectamente entendido por los trabajadores, los empresarios y por el Estado.

Por muchos seminarios que haya hecho en Harvard, Zaragoza no puede decir lo que dijo delante de los empresarios, porque equivale a querer convencerlos de fenómenos de fe como la inmaculada concepción, la ascensión en cuerpo y alma a los cielos o el sentido trinitario de Dios. Eso se llama discusiones bizantinas porque no llevan a ningún lugar. Los jesuitas fueron especialistas en generar tesis por el equívoco o la incongruencia, (ver el artículo completo) que para probarlas se termina en “la fe” o porque “lo dice la Iglesia”. Justamente la Iglesia, que vivió del trabajo de sus fieles o de las dádivas del Estado. Señores, en la Iglesia no nos pueden hablar de trabajo porque nunca nadie, con unas pocas excepciones maravillosas, han trabajado.

Una persona sin escuelas primaria, ni secundaria, sin preparación de ningún oficio no puede aspirar a realizar ningún trabajo de 15.000 pesos, porque hay unos 12.000 pesos de cargas sociales que afronta el empresario que son costos hundidos. Invertir 27.000 pesos por persona para plantar espárragos, que tienen un breve ventana de tiempo, significaría que su costo dejaría al producto fuera de mercado por ser disparatadamente caro. Si un ingeniero agrónomo, en cambio, me dice que hace los estudios para que el maíz que siembro se duplique, con la misma cantidad de agua que ahora, y por ello me cobre 270.000 pesos, los pagaré con gusto porque estoy invirtiendo en producir más y mejor. Por otra parte, desde 2002 el estado me sacó el 62% del maíz que produzco en impuestos nacionales, provinciales y tasas municipales que fueron a pagar subsidios y planes. No soy el único que se enoja con la presión tributaria.

Mientras Zarazaga desarrollaba su exposición, algunos empresarios como Guillermo Dietrich, el padre del ministro de Transporte, se quejaban a sus compañeros de mesa: “Nosotros ponemos mucho dinero para tratar de reducir la pobreza con los impuestos que pagamos y no me gustó cómo nos trató este sacerdote”, dijo a Infobae.

Zaragoza es un intelectual, que produce ideas y conferencias, pero su manutención se la paga la Compañía de Jesús, o la charla que debe haber salido de IDEA para que el religioso critique a algo o alguien de lo que tiene solamente experiencia teórica. De ese tipo de charlatanería, en la Argentina y otros países de América estamos hasta la gorra. Que nos vengan a retar aquellos que ni producen lo que consumen.

Rodrigo Zarazaga enojó a gran parte del auditorio cuando explicó que “el valor de una cartera Louis Vuitton equivale a 300 meses de planes sociales; una corbata Hermes, para no hacer distinción de género, unos 200 meses”.

Las tuition fees que pagó Zaragoza en Harvard son de exactamente USD 43.296, es decir 21 veces lo que me costó mi doctorado en comunicaciones en la UBA o 900 ayudas del Estado a estudiantes secundarios. Esto se llama en la cultura jesuítica de teoría de la incongruencia. Te critico ferozmente, pero yo hago lo mismo que te critico. Calladito porque me debés respeto porque soy un consagrado. Dio está de mi lado, no del tuyo… ¡Porque yo, lo digo!

Por otra parte, el prelado destacó el avance de la pobreza en los últimos años: “Arrancamos con 80.000 beneficiarios del Plan Trabajar (1996), en el 2012, el Plan Jefas y Jefes de Familia alcanzó a 2,5 millones de beneficiarios, entre otros planes de ayuda, y como los presupuestos son limitados, la política elige cubrir sólo la urgencia”.

Lo lamentable es que, con la mala limosna, el clientelismo y el pancismo, es como tener a un oso encerrado y darle de comer cada día. Si los devolvemos al bosque, es muy probable que si no se mueren de hambre, porque no sabrá cómo conseguir su sustento naturalmente, o muera víctima de sus congéneres que estuvieron siempre en libertad. Alguien que recibió un plan durante 20 años no creo que pueda aspirar a ocupar un puesto en el que le paguen 15 mil, porque perdió la cultura del trabajo. ¡Eso es lo que hay que solucionar!

Pocos son los curas, incluyendo a los llamados curas obreros, que hayan empuñado una pala o un fratacho, o que hayan producido por lo menos lo que consumen.

Me importa tres cominos si un empresario es tan fatuo que se compra un corbata Hermes, si el dinero lo gano honradamente y pagando sus impuestos. La curia romana se patinó USD 50 millones en lujos entre 2013 y 2014, pero Zaragoza no dijo nada.

Rodrigo Zarazaga enojó a gran parte del auditorio cuando dijo que “el valor de una cartera Louis Vuitton equivale a 300 meses de planes sociales y una corbata Hermes, para no hacer distinción de género, unos 200 meses”

Es verdad, y la educación de él costó 900 meses de planes, ¿para que nos venga con las viejas teorías de la Compañía de Jesús…?

El sacerdote jesuita, fundador y director de la Escuela de Liderazgo Político-CIAS, advirtió además sobre la necesidad de lograr “una enorme inversión en infraestructura, que nos permita cambiar los condicionamientos estructurales que hace que la pobreza se reproduzca, para que no estemos de vuelta acá, dentro de 20 años, hablando de los pobres”.

En lugar de él, yo hubiera dicho que tenemos que ponernos muy serios en varias cuestiones, como puede ser un SERVICIO CIVIL en donde se alfabetice, se sane, se enseñen oficios, respetos jerárquicos, se baje los niveles de la violencia y que salvo excepciones se vive de día y se duerme de noche y que no es “de boludos” llevar la comida a la mesa por trabajo y no por el “afano”.

Su discurso se endureció cuando manifestó que “estamos esperando la lluvia de inversiones, pero si llega, va a haber un sector que va a seguir en el desierto, por eso hay que invertir en planes de capacitación, porque si no, el tren de la reactivación va a arrancar pero con medio tren desenganchado”. Y agregó: “La pobreza no es sólo un problema de ingreso, sino también de en dónde crecí; qué posibilidad de vivienda tengo; con qué posibilidad de educación, y de salud. Para eso están el Estado y ustedes, los empresarios, para ayudar”.

Totalmente de acuerdo con él. ¿La Compañía de Jesús va a colaborar como los Salesianos o piensan seguir con sus teorías incongruentes y falaces?

Rodrigo Zarazaga ha trabajado en las villas bonaerenses. Trabajó durante años junto a sus pobladores mientras estaba en el seminario jesuita de San Miguel, luego estudió en Harvard, donde desarrolló su tesis –para su doctorado por la Universidad de Berkeley– sobre el clientelismo en el Conurbano; lleva varios años estudiando la particular lógica política que allí se pone en juego en la Argentina. Además, trabajó siete años en la Villa Mitre y otros barrios obreros de la zona.

Indudablemente Zaragoza debe ser un tipo con más recursos que algunos de los empresarios que fueron al coloquio de IDEA, que nunca se han lucido ni por su generocidad ni por su entrega a la nación Argentina.

© Jorge A. Ricaldoni, 15–10–16

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