MI APORTE A 200 AÑOS DE INSTITUCIONALIDA E INDEPENDENCIA DE LA ARGENTINA.

Desde el triunfo de la brutal revolución “libertadora” en adelante, a cualquier cosa que hiciéramos los argentinos, y que no saliera redondamente bien, fuimos tachados de culpables — de vaya a saber de qué cosas — , porque algunos medios de comunicación, como La Prensa durante los ’50, Primera Plana en los ’60, La Razón en los ’70, Tiempo Nuevo en los ’80 y ’90, La Nación en todo lo que va del Siglo 21 y Clarín en los ’80 y de 2007 a esta parte, tuvieron una serie de columnistas iluminados que domingo a domingo nos apuntan con un dedo acusador, y nos marcan el pecado de ser argentinos, elegir mal y hacer las cosas mal, como si todos ellos fueran islandeses y votaran por Internet.

Siendo un orgulloso ciudadano de un país pluricentenario, ya no acepto que políticos, periodistas, medios, el papa, los obispos, el cura de la otra cuadra ni los monaguillos o los concejeros escolares me reten por lo que he hecho o dejado de hacer por la Argentina. Pago mis impuestos, tasas, contribuciones, sobretasas, aportes y cualquier otra gabela a cómo me va dando el bolsillo. Mis recursos no son muchos, pero entre Diana y yo, les damos trabajo a cuatro personas y llegaron a ser 39 en los mejores momentos de “El Estudio Bar”.

Nuestros hijos tuvieron sus estudios y tienen buenos trabajos en lo que más aman, se educaron y viajaron y viajan. Yo creé cátedras y carreras. Fui jurado de profesores y redacté dos anteproyectos de ley, uno convertido tardíamente y mal en ley, haciendo más daño que beneficio por su extemporaneidad.

No soy la excepción, ni mucho menos. La mayor parte de los argentinos somos así, tenemos vocación de servicio, y somos más solidarios que ningún otro pueblo de la tierra, no por obligación sino por sentimientos.

Sigue habiendo quienes nos señalan con su índice de cada lado de la avenida, mientras nosotros, la gran mayoría, estamos en el medio de la calzada, a merced del tránsito del tiempo que nos puede llevar puestos en cualquier momento.

La Argentina cumple 200 años de Independencia. Los historiadores, comentaristas políticos del pasado, se escandalizan porque tardamos seis años en tomar la decisión de cortar vínculos con la Metrópolis y cualquier otra dominación extranjera. ¡Siempre dejados, nosotros! ¡Así estamos!

Estados Unidos estuvo en idas y vueltas desde 1765 hasta 1776, es decir que tardaron 11 años en decidirse si eran parte del Imperio Británico o una nación independiente. Casi el doble que nosotros y muchos lo siguieron discutiendo hasta 1812.

Nuevamente los historiadores, unitaristas o federalistas, neutrales nunca, se horrorizaron porque la Argentina era un país sin gobierno o un rejunte de provincias.

El Siglo 19, fue el de las guerras y la distribución del orbe conocido. Tomando historias paralelas, Estados Unidos compró territorios, que le costaban menos que una conquista a reinos decadentes. Argentina se tuvo que defenderse de la codicia de España, Francia, Inglaterra, Portugal y alguna que otra intervención, siempre desafortunada y fuera de lugar de los americanos.

Estados Unidos avanzó sobre sus vecinos y Argentina se tuvo que defender de los avances de sus vecinos hasta 1918 y lamentablemente después.

Los historiadores blanden su dedo diciendo que nos matamos los unos a los otros en una continua guerra civil, que en realidad no era otra cosa que una continuación del estado medieval europeo del que proveníamos. Allá eran condes, duques y príncipes. Acá gobernadores, directores, caudillos y caudillejos. Solo cuestión de denominación, unos y otros tenían ejércitos, consideraban a los territorios como propios y los cedían a sus feudatarios. Sencillo. Argentina, Korea, Japón, China y Mongolia fueron los únicos cinco países que tuvieron en la práctica sistemas feudales hasta la segunda década del Siglo 19.

Pero nos olvidamos de las guerras civiles que nos azotaron con más o menos muertos hasta la década del ’40. Lo demás fueron ocupaciones del poder por la fuerza como la de Benito Mussolini en Italia de los ’20 y resultados casi igual de catastróficos.

En la historia paralela, Estados Unidos de 1789 a 1861 fue una república con gobierno y presidente, pero el poder real residía en los gobernadores de los estados.

En la Argentina de 1851, un federal harto de la prepotencia de otro federal bonaerense, avanza desde Entre Ríos y lo vence en Caseros. Urquiza cumple con la promesa de organizar la Confederación Argentina y dejar de ser caudillo y los feudatarios unitarios y oligarcas del interior cumplieron con la promesa de votar una constitución federal. Todos cumplieron excepto Buenos Aires que extrañaba la mano dura de Ortiz de Rosas. Tuvimos nuestra Constitución Federal en 1853 y Mitre, más por pretexto que militarmente, se hace derrotar por Urquiza. A los norteamericanos les llevó 12 años más terminar con la guerra civil entre yanquis y confederados. Pero atención, esa guerra civil, todavía no terminó. El 8 de julio hubo una nueva escaramuza con 12 muertos, como consecuencia de un odio racial que lleva 151 años.

En este Bicentenario, le voy a pedir, a quien lea este panfleto digital, que no le permita a nadie que diga que a la Argentina la hicieron a golpes y cachetazos, de forma peyorativa y culposa.

No somos Suiza, ni nos gustaría tener que pedir al ayuntamiento el permiso para cambiar el color de las aberturas de nuestra casa, porque los vecinos pueden querer o no… O pedir permiso para tener un perro. No somos mecanismos eficientes como los alemanes que generaron guerras de invasión y dominación en Alemania desde 451 hasta 1945… Es decir que faltó poco para que cumplan un milenio y medio invadiendo, masacrando y cometiendo genocidios que arrasaron en 1495 años con casi 400 millones de personas. Sí, leyó bien 400 millones de personas, pero son la referencia moral del planeta.

Nos parecemos más a Francia, con sus incongruencias, inconsistencias y conjeturas, que a Estados Unidos con sus odios y sus equívocos. Somos distintos que Alemania con sus incongruencias. Recordemos que, como democracia organizada, aun con sus interrupciones, tenemos más años de experiencia que España e Italia. ¡Lo lamento, es así!

Ya tenemos 200 años y no podemos, ni debemos echarle la culpa de nuestros fracasos y de nuestros errores a nadie. Sin embargo, con 200 años podemos estar seguros que nuestros logros sociales y civiles, así como nuestras libertades son únicas en el mundo y las hicimos nosotros, por nosotros y sin indicación de nadie.

Si fracasamos va a ser por no estudiar y no trabajar lo suficiente. Si nos roban es por no reclamar lo suficientemente alto a nuestros representantes que tengamos una justicia (fuente de todos nuestros males) como nos merecemos. Si nuestros representantes no nos oyen, votemos a otros… y a otros… y así hasta que nos oigan. El escrache es espantoso, es una vuelta al estado de preconstitucionalidad. Pero, analicemos que, un político que no denuncia y un fiscal que no investiga, son tan bárbaramente preconstitucionales como los escrachadores. No existe uno sin el otro. Esto suena a amenaza. Todavía no lo es, pero puede llegar a serlo.

Que los próximos 100 nos encuentren a nosotros, nuestros hijos y nietos más exigentes, justos y atados a la ley que nosotros.