Endland

La radio apenas podía seguir inundando la habitación con el viejo parte meteorológico. Lluvia.

Humedad y luz estática impregnaban el cuerpo sobre la mesa quebrada. Aplaudían a las atrevidas motas de polvo, mientras se posaban sobre los ojos grotescamente abiertos del cadáver. En su retina, se había grabado la historia contada más allá de los ventanales. Coches empotrados, cientos de cuerpos extendidos a lo largo de las calles. Niños, mujeres y hombres. En nuestro mundo ya no existía la discriminación. Ya no había conciencia.

Todos bajo un mortecino sueño, sumidos en una monotonía imperturbable.

Desde los barrios a las provincias, todo se mantenía estancado. Los países no mostraban señales de movimiento. El lado nocturno del planeta se mantenía apagado.

Sólo la naturaleza parecía no haber sido paralizada. Ocupaba lenta pero firme, el lugar que antes gobernaba la humanidad.

La Tierra es una inmensa necrópolis. La Tierra sigue su curso.

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