Basta de defender la fe.

Basta de defender la fe. No hace falta, no es necesario. Nadie puede explicar a Dios, Él mismo no nos pidió que lo hiciéramos. Ni siquiera podemos explicar cosas que pasan dentro de nuestra alma, es más, no podemos explicar qué es el alma. Basta de intentar defender la fe. No puedo defender algo más grande que yo, no necesita una liebre ponerse frente a un león.

En vez de eso, la fe me defiende. Efesios 6:16 dice: Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. La fe es un escudo. Intentar defender la fe, es como no tenerla, intentar argumentar, justificar y herir a quienes la atacan, es dudar de ella misma. La fe no necesita evidencias, la fe es la evidencia. “Es pues la fe la sustancia de lo que se espera, la evidencia de lo que no se ve”. Hebreos 11:1 La fe es actuar creyendo, y verla actuando. La fe nos defiende, la esperanza nos mantiene, el amor nos construye.

¿Porqué tenemos miedo de los milagros? ¿Porqué relativizamos el poder de Dios? No estamos para argumentarle al mundo que la fe existe, que es sustancial, que es evidencia. Estamos para contarles lo que eso significa en nuestras vidas. No es nuestro trabajo convencer sobre su existencia, es más bien un honor vivirla, y un alivio tenerla.

No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas. 2da de Corintios 4:18.

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