Entre lo nuevo y lo viejo existe todo.

Entre ensueños adoquinados de momentos, de recuerdos, ahí posa entre nosotros el triste deseo de volver a vivir lo pasado. Es un anhelo incoherente, de presunciones indecentes, de motivos que no estan en nuestra facultad, ni en nuestras manos.

La memoria en si, es más que un bulto de recuerdos, la memoria es esencia del alma, La memoria enseña, la memoria aprende, la memoria es sutil recompensa de tristes derrotas, es lo que nos reanima a seguir viviendo, a construir recuerdos, recuerdos para nuestra vejez.

Entre las paredes oscuras de nuestros hundidos pensamientos, nace todo esto, todo a lo que llamamos nostalgia, el sentido de extrañar, de querer algo más. La nostalgia se encierra en nuestras imaginaciones, en nuestros delirios.

Un momento puede ser creador de una alteración, de un cambio de rumbo, un momento puede ser el consumador de una idea, si no es que el mismo la da, si no es que da la inspiración, motivadora de buenos deseos y de los mas recóndidos parajes de imaginación.

La escritura es testigo fiel de la memoria, es testigo de la inspiración, del delirio, de la nostalgia. La escritura cede su ser a nuestra inicua imaginación, para dar así bosquejos suaves, poco nítidos de nuestros pensamientos.

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