Madura Maturka.

Que triste el circo donde ella estaba sentada, que triste la honda pendiente de sus cabellos ondulados, en los que mas abajo aun de lo normal se encuentra inerte un prendedor azul de jaspe violeta. Que triste su historia.El prendedor azul de jaspe violeta reposaba resignado, y la portadora recordando mojaba su rostro. El fenómeno más común de los ancianos es llorar. Vestía sus ropas nuevas, y en su rostro las arrugas contaban la historia de aquel mismo rostro.

En aquel mismo rostro antes se encontraba una mujer, si acaso ella dudaba de su belleza, no había quien faltara para recordársela.

Pero ahí estaba ella sentada y anciana esperando en silencio la hora de dormir.

Antes el danzón parecía eterno, las tardes de kiosco y la comida, parecían las eternidades gozosas que uno piensa que son lo mejor, los momentos gratos de profunda inspiración cuando nos llegan las ideas. Y así le pasaba a Maturka.

Y aunque la guerra también parecía eterna, sus labios vírgenes cantaban sus improvisaciones bellas, y sus manos le hacían coro con el piano. Y maturka soñaba.

Maturka soñaba todas las noches sin falta, todas las tardes naranjas y todas las mañanas nubladas. Gozaba de formular hipotesis, sobre el olvido, el respeto, la inspiración, los sueños.

Sus sueños se describían como campos amarillos de acuarela, Como lo soñaría cualquier pintor.Pero todavía más adentro yacía su imaginación interminable, interminable como tu.

Ella nunca fue normal, nunca se enamoró, nunca lo pensó, pero el silencio de la nostalgia se iba acercando tocando sus pomulos, sus ojos, su rostro, esto provocaba que la piel le pesara.Y ahora no tenía mas negocio que quejarse y agarrarse las rodillas, hacer gestos ante el repugnante olor de los camellos y los otros animales de circo. Su bastón labrado era triste también, por que en el reposaba otra historia.

El bastón labrado era de un pintor empedernido en vivir la vida al óleo, que dejando en el olvido sus sueños prefirió descansar junto su compinche de años que ya se cargaba el pobre. Pero el había logrado que la vida de maturka cambiara al fin al encontrar el gozo en las historias tristes, como lo hizo conmigo.

Ahora no hacía nada más que recordar la historia de una garza orgullosa que alguna vez su amiga le contó. Le encantaba figurarse las imagenes de aquel cuento, pero la fantasía se personificaba en su amiga: Julieta.

Julieta no resignaba el desembarazo de sus movimientos a absurdos motivos, la poesía cálida se reflejaba en sus sonrisas. Se demostraba cada vez que yo me veía envuelto en sus miradas y entonces no podía evitar imaginarlo.

Yo se que ella inventó la música, y que nadie más quiera robarle el crédito, pero Maturka lo quiso hacer, quiso robarle el credito y un día me robó un danzón.

Que triste la historia de Maturka que aun estaba recordando las cosas que los demás no podía recordar, aprovechandose de su situación de desfavorecidos, mas bien de muertos.

Y ahora ninguno de ellos sufrían, solo algunos de los creyentes esperaban algún día al sonido de las trompetas, resucitar.

Pero ella Maturka siendo tan bella nunca dejó de ser tonta, aun así hay que aplaudirle sus proezas en busca de aventuras y en huída del amor, las grandes travesías por el mundo y sus multiples trabajos, sus años extraviada en el mar y su gran viaje en bicicleta por un mes.

pero ya nadie le pregunta eso, ya nadie le dice: ¡madura Maturka!. Aquella frase que ella tanto amaba, le gustaba sentir la inmadurez invadiendo su ser de vez en cuando. Pero ahora ya a nadie le interesaba.

Es mas, muchos no conocían su historia, su posición no causaba mucho interés,¿Qué más tendría para contar una mujer sentada en una silla día y noche sin hablar? Muchos pensaban que algo aburrido, por eso no se dignaron a preguntar, o tal vez por la frialdad de su mirada.

Cuando ella era niña no hacía más que contar piedras en el rio o bajar mangos, pero hay algo que ella conoció mas alla de los límites de la imaginación, de las historias épicas inventadas de hadas y ninfas, algo que sobrepasa la irrealidad y la fantasía, algo que nos consta que es verdad: ella conoció un angel.

Esa es una historia sin detalles que nunca supo contar, pero de vez en cuando se le veía sonreir, y yo deduzco que es por ese recuerdo, pues ¿Qué puede ser mas grande que eso? Ahora Maturka solo espera ahí en su silla, espera impaciente la hora de dormir, para siempre.

Maturka.