Somos las Historias que nos cuentan.

o la importancia de las historias.

Somos una sociedad basada en narrativas.

Nuestras ideologías se fundamentan en las historias que se nos han sido relatadas. Nuestra religión, nuestra filosofía, nuestra manera de actuar han dependido en la calidad y estilo de las narraciones que hemos recibido, por lo tanto la importancia y el valor de las historias es altísimo.

Obedecemos a un estilo de sociedad establecido porque creemos en las narrativas históricas que lo construyeron, háblese de ideologías políticas o normas sociales. Escuchamos de héroes que dieron su vida por la patria, de antagonistas, protagonistas y demás personajes de historias que no vivimos pero dan forma a lo que creemos y las aceptamos como reales.

Las historias moldean al mundo. Compramos influenciados por narrativas publicitarias con la misma estructura de un cuento, consumimos historias todos los días que afectan nuestras decisiones de compra, de transporte, de estudio. Las grandes religiones del mundo vienen de libros llenos de historias y narrativas.

Incluso en las redes sociales tenemos un popular segmento llamado “historias”

Somos las historias que nos cuentan, y estamos formados de las que creemos como ciertas, o al menos relevantes para nuestra forma de ver la vida.

La calidad de la sociedad depende de la calidad de nuestras narraciones, de nuestras historias. Cuando la narrativa decae en virtud y forma, la sociedad también decae. Somos para bien o para mal el fruto de nuestros relatos (que se expresan en múltiples formas) Ahí el gran valor de las historias bien contadas.

Contar historias es una disciplina que se aprende, que se pule. Es como coordinar una sinfonía que transmita y transcienda. Las grandes narrativas no conocen límites de culturas o fronteras, siempre son relevantes para la condición humana, y como una buena sinfonía no se crea solo por haber escuchado muchas sinfonías. Se aprende y se perfecciona.

Se nos dice que las películas son métodos para escapar de la realidad, pero realmente son ventanas para expandir la misma, para entenderla, para abrir el abanico de emociones y tratar de adentrarse más a la vida. Si no ofrecieran esas posibilidades, no tendrían el éxito que tienen.

Por eso es sumamente urgente y relevante generar narrativas que edifiquen, que enarbolen en alto la virtud y el valor real de la vida, que construyan posibilidades. Las historias están en todos lados, contemos las que valgan la pena, porque somos las historias que nos cuentan.

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