Paréntesis: Vuelve la X FM

Múltiples universos imaginarios plegados en una condensación de caos y cosmos

Por lo general, escribo en este blog sobre asuntos de mi interés vinculados principalmente a aspectos profesionales y académicos. En ese sentido, siempre está presente en mis escritos la gestión del conocimiento (como perspectiva) y diversos tópicos relacionados con la psicología. En este verano de 2017, me permitiré hacer un paréntesis en la línea editorial del blog y escribir un post sobre otra cosa.

En la primera mitad de 2016, me enteré que volvía X FM. Esta radio, fue sin dudas un referente de la cultura “rock” en la década del 90 y principios del 2000 en Montevideo. Inmediatamente me vienen a la memoria nombres como Alejandro Fontaina, Álvaro Coll, Cecilia Baraldi, Álvaro Gaynicotche, programas como Ajo y Agua, Planeta Pop, eventos como los Rock de acá, o la Fiesta de la X, por mencionar lo primero que emerge. Sin embargo hay un persona y un programa que hizo la diferencia dentro de lo diferente. Se trata del psicólogo Gabriel Galli y su programa Caosmos (también tuvo otro programa denominado Nómades).

Entre julio del 95 y abril del 97 se realizó Caosmos un programa experimental en el que Galli creaba relaciones entre textos y música orientado por su gusto:

Masliah, Opa, Vinicius, Zappa, Rada, Spinetta, Antunes — Lorca, Deleuze, Felisberto (es menos común su nombre que su apellido), Borges, Nietzsche, Kafka,

por mencionar algunos de los músicos y algunos de los escritores que agenciaron maquínicamente con Galli para producir arte, para producir un Caosmos, esos múltiples universos imaginarios plegados en una condensación de caos y cosmos (Caosmos es un término creado por James Joyce). Algunas veces, Galli no usaba textos de otros, sino que escribía sus propios textos para el programa e incluso, a veces no los escribía, sino que improvisaba en vivo. De esos múltiples relatos surgió un libro denominado: Caosmos, publicado en 1998 por la editorial Ediciones de Antes. Este libro deleuziano es pura potencia de acción.

Dejo la transcripción de uno de sus textos, con la esperanza que quizá, podamos volver a escuchar a Galli en algún lugar del dial.


Elogio de la lentitud

Soy un animal lento. De los bichos que pueblan el planeta debo ser de los que más tiempo necesitan para todo. Alguna vez soñé o leí que para recorrer los infinitos puntos del espacio era necesario un tiempo igualmente infinito. Así, siendo yo una tortuga, Aquiles no sería más que una imagen perdida en la profundidad del campo, un espejismo veloz que correría tras de mí sin alcanzarme jamás. Pero no soy una tortuga, sino un hipopótamo, un paquidermo desplazándose entre las rocas del Cabo Polonio. O, mejor aún, una morsa blanca tratando de cruzar Avenida Italia. Y esto no es un problema de especie animal. Por el contrario, es un problema de afectos: hay mayor diferencia entre un caballo de carga y uno de carrera, que entre un caballo de carga y un buey* .

Me demoro en las cosas de manera imprevista. Siempre me costó entender incluso las cuestiones más simples. Sobre este punto tengo que decir que he realizado enormes esfuerzos por comprender. Creía que estudiando, equipando el intelecto iba a estar en mejores condiciones de inventar algo, de llegar a alguna parte: como si hubiera un lugar adonde ir… como si no se tratara tan solo de elegir lo que nos gusta y conviene. Decir simplemente: me gusta el rojo, el chocolate y los cuadros de Barcala…

Soy lento para leer, para pensar, para actuar. Pero ya no me resisto a ello. Hace algo más de un calendario que me propuse una idea ética: abolir la distancia entre pensamiento y acción. Especialmente a condición de comprender que el pensamiento no es la conciencia que tenemos de él. Y, sobre todo, no es lo que habitualmente englobamos bajo el nombre de razón. Hay un pensar corporal, un pensar de lo inconsciente que no se agota en la representación que nos hacemos de él.

Hay un pensamiento del afuera que es como una corriente. Una fuerza anónima que nos arrastra, que nos inventa, una masa de aire caliente en la que hacer aladeltismo. Es muy difícil tener una idea, pero mucho más difícil aún es dejar que las ideas nos tengan a nosotros.

Quizás esta lentitud sea la acción que se demora en el pensamiento. Pero también es una forma de libertad. Se dice de ciertos pueblos, de ciertas culturas -como los indígenas del altiplano o las llanuras de México- que son lentos. Pero esa lentitud es una fuerza ancestral de resistencia. Es la sobrevivencia material de los siglos en la actualidad. ¿Pasividad? Tal vez…, pero es una pasividad que no deja de ser una respuesta activa a la violencia omnipotente del hombre blanco.

La lentitud, incluso la inmovilidad, puede ser un máximo de velocidad. Los hiperquinéticos que andamos rápidamente por la calle, como locos adaptados, apurándonos de un lugar a otro, somos todavía lentos, muy, muy lentos. Y lo más probable es que, lleguemos siempre tarde / donde nunca pasa nada**.

La velocidad es un problema muy diferente al de la rapidez. La velocidad crea sus propias temporalidades. No hay reloj ni almanaques para el tiempo infinitivo del pensar, del vivir, del devenir. Allí ya no hay tiempo absoluto ni homogéneo. Sólo heterogeneidades, puras diferencias que se conjugan en cada efectuación, en cada acción. La velocidad es el índice del devenir; es la realización de un movimiento intensivo que nos arrastra más allá de lo que conocemos de nosotros mismos. Por eso nuestro devenir es fundamentalmente un devenir otro. Nunca un otro devenido pues estos procesos o tienen fin.

Es la variación incesante, el movimiento constante de la naturaleza. Somos potencia de acción y es allí donde vivimos el vértigo como movimiento afirmativo: en el despliegue de lo que somos en potencia, de lo que no conocemos en nosotros. Siempre una imagen por hacer, una imagen por conquistar. Un limite que no cesa de desplazarse. Un horizonte relativo. Avanzar por sustracción sin completar jamás una unidad (n-1)***. Siempre un poco menos y, a la vez, un poco más…


*Deleuze-Guattari. Mil Mesetas. Capitalismo y esquizofrenia. Editorial Pre-Textos. 1998

**A quien corresponda, de Joan Manuel Serrat. Fonograma En Tránsito

***Constituye multiplicidades de n dimensiones sin sujeto ni objeto, distribuibles en un plan de consistencia del que siempre se sutrae lo Uno (n-1). Deleuze-Guattari. Mil Mesetas. Capitalismo y ezquisofrenia. Ed. Pre-Textos, 1998.

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