Feliz Día Internacional del Libro

Como profesor de Lengua Castellana se me hace duro celebrar el Día Internacional del Libro en sábado, fuera del colegio. Llevo años peleando para que a mis alumnos les pique el gusanillo de la lectura y cada vez estoy más convencido de que somos responsables de renovar el canon literario escolar.

En ocasiones, parece que el hecho de no tratar ciertas lecturas en clase implica dar la espalda al conocimiento, a la cultura y a nuestra responsabilidad como docentes. No me siento culpable por no leer en los últimos años a Pérez Reverte, Laforet, García Márquez o Cervantes, escritores excelentes entre miles de escritores geniales. Creo que nuestra misión es dar a conocer propuestas que transmitan valores y actitudes y, aunque los clásicos cumplen con estas condiciones, es innegable que hay vida más allá de ellos.

También se nos suele olvidar que la novela no es el único estilo literario para disfrutar con nuestros alumnos. Ahí están la poesía, el teatro, el ensayo… y la novela gráfica, que no es un género menor aunque no suela entrar en las quinielas para el Nobel de literatura y que, además, permite estructurar las sesiones de lectura de aula de un modo ameno, intenso y emocionante.

Comenzamos hace tres cursos con Persépolis, de Marjane Satrapi, y la experiencia fue fascinante. Continuamos con Arrugas y La casa, de Paco Roca; Waluk, de Ana Miralles y Emilio Ruiz; y Pedro y yo, de Judd Winick. El género ha llegado para quedarse y las propuestas para renovar las lecturas aumentan sin cesar. El curso que viene le hincaremos el diente a El mundo a tus pies, de Nadar, seudónimo de Pep Domingo, quien hace un crudo, humano y cercano retrato de la crisis económica con el que es imposible no sentirse conmovido. Y lo hace desde la perspectiva de un joven de 31 años que ha experimentado en primera persona la brutalidad de esta época atroz que aún condiciona la sociedad en la que vivimos.

Y es que, a veces, los profesores de Lengua nos olvidamos de dar voz y de estudiar a los escritores jóvenes, quienes tienen mucho que decirnos y ofrecernos (entre otras cosas, estímulos para que nuestros chicos se ilusionen para leerlo todo, porque si hacemos bien las cosas, los clásicos acabarán llegando).