Todos somos Cantinflas: Pulgar abajo a Bully Beat Down.

Antes que nada, quiero agradecer y recomendar a mi fuente de inspiración de este texto y la dedicatoria que le hice a mi novia por su cumpleaños: el libro Espontaneidad, del escritor paraguayo Sebastián Ocampos. Gracias profe, está muy bueno tu libro (por supuesto, esta referencia no te obliga a que hables bien de lo que escribo)

Uno de los cuentos que componen la obra me dio mucho que pensar: Cantinflas, relato sobre un chico en situación de pobreza, metido en las drogas y otras cosas súper detestables para nosotros, ciudadanos de bien.

La voz del relato es del amigo pequebú de Cantinflas, quien cuenta como testigo la trágica vida de su socio. Creo que todos los pequebues tenemos un amigo así. No estaría mal que saliendo de nuestra aburrida rutina de consiumer pop veamos un poco cómo anda.

Esto es importante. Pero es de otra cosa que quiero hablar.

Quiero hablar de la reacción de los vecinos del protagonista: su organización en comisión vecinal garrotera que, liderada por uno de esos resentidos fachos que hay en todos lados, lleva a la buena gente en la cruzada por limpiar el barrio de vaguitos y otras lacras de la sociedad.

Ojo N° 1: No critico a las comisiones vecinales en general. Merecen un análisis aparte, que no lo haré aquí ni ahora. J

Más allá de la literatura, la denominada justicia por mano propia es un fenómeno social muy presente en nuestro país y en varios que comparten ciertas características, en especial, la de la falta de respuesta/ñembotavy/complicidad de las autoridades encargadas de vigilar a la convivencia de la sociedad paraguaya.

Bien es cierto que nuestros problemas tienen una profundidad que traspasa a jueces, fiscales y policías. Pero unos agentes del derecho y seguridad que funcionen como tales, harían las cosas un poco más fáciles.

Dicho funcionamiento no es para la sociedad. La gente lo sabe y no cree ni un poquito en el Poder Judicial… “Ellos plata nomás quieren, no les importa la gente” es algo que se escucha mucho. Yo como abogado lo escucho mucho.

En mi primera clase de introducción al derecho, el asistente de cátedra de ese entonces habló del deseo primigenio e innato del hombre por la justicia. No me da el coco para confirmar o rebatir este argumento, pero ese deseo está, primigenio o no, con autoridades o sin ellas.

¿Qué pasa cuando quienes se suponen nos tienen que brindar seguridad y legalidad no lo hacen? ¿La dejamos de tener?

Los grupos de linchamientos, la suerte de ejércitos ciudadanos organizado contra los narcos, los presos que corrigen a violadores y asesinos… Diferentes colectivos que consideran que los letrados y takeros son fuerzas mezquinas, interesadas y burocráticas. La gente pierde la paciencia y toma decisiones radicales… Como los vecinos de Cantinflas.

El deseo de justicia se enfrenta, por decir así, no solo con la no respuesta de las autoridades; también está la cuestión de la percepción del origen de la injusticia. ¿Quién es el chivo expiatorio?

Los pibes vagos y drogadictos como el muchacho que describe Sebastián Ocampos son algunos de los enemigos predilectos de los autocalificados decentes. “A esos hay que matarlos a todos luego” es una de las frases que, expresa o tácita, uno encuentra mucho en esa mezcla de indignación y oportunismo.

Otros de los demonios muy presentes en nuestro mundo colonizado/globalizado es el de los bullies: típicos villanos de todas las películas yanquis que habremos visto.

Ojo N° 2: no niego el problema que representa el acoso escolar en todas sus formas. Yo mismo, por gordito y llorón fui víctima de uno que otro maltrato de los perros.

Considero el bombardeo mediático sobre esta cuestión naif y exagerada y, sobre todo, condenable por buscar tan fácilmente al malo en un chica/chico que algún problema tiene en la cabeza u otro lado y por eso se pasa molestando/acosando/golpeando a quienes le rodean.

El mismo deseo de justicia por mano propia, por la falta de respuesta de autoridades educativas ante esta realidad, se refleja en un programita de emtivi bastante popular, llamado Bully Beat Down, que consiste en traer a tipos que son acosados por un bully (uno más gil que otro). Después de algunos trámites de rigor, el bully es metido en una jaula con un peleador profesional para que le cargue a patadas, hasta que el malo aprenda la lección… Como un cuento de hadas.

¿Qué pasa con las instituciones de seguridad y justicia para que la gente se organice para buscarla por sí misma? O peor aún: que las busquen en manos privadas que, en este caso, muestran las palmas para hacer show y llenarse los bolsillos con la ilusión de las personas.

Que me digan na por favor que Laura en América y la Dra. Polo están fuera de esto… Anímense.

Discúlpenme que sea tan desafiante. Es que tengo que desafiar y provocar el desafío en cada uno.

Cantinflas y los bullies de la tevé son los malos de la película a quienes odiamos en vez de pensar en el origen de las injusticias. Después de ver mejor el film, necesitamos identificar a los directores y productores que escriben la historia de nuestro país (y nuestro mundo): esas mismas autoridades, y quienes en verdad las mantienen, que saben que la justicia es una mercancía más y que dicen de boca para afuera que no lo es, que no se vende… Que es de todos.

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