Un viejo en el mar de la web

Hace poco termine de leer un libro considerado clásico de la literatura: El viejo y el mar, de Ernest Hemingway.

El relato es breve pero muy rico. No pretendo hacer un análisis completo de la obra ni una crítica a la misma. Sí quiero resaltar uno de los puntos que toca el autor, que es la relación del hombre con el mar.

La persona encargada del prologo del libro (un asesino serial armado con spoilers hasta los dientes) ya hace referencia a las diferentes interpretaciones del mensaje del vínculo del viejo con el mar: como un sitio para pensar, como un lugar donde solo se ganaba la vida enfrentándose a los peces, como un enemigo a vencer, etc., etc… Ya en la novela, Santiago (el viejo) reflexiona sobre sus sentimientos hacia lo que él denomina la mar, nombre cariñoso para hablar de algo parecido al concepto que tenía Mufasa de su reino en el Rey León (el gran círculo de la vida y esa onda)

El viejo pescaba porque nació para pescar. No debía mucha explicación a su forma de ser ni al porque de sus acciones. Amaba a los peces, los consideraba sus hermanos, pero los mataba porque él era pescador y ellos peces, estaban en medio de, por decir así, una dialéctica irreconciliable, que va mas allá de toda consideración moral o ética, algo más bien sistémico, como podríamos analizar desde un punto de vista marxista.

Santiago cumple una función y el pez también. La mar, más que el lugar donde estos seres se encuentran, es como un ser en si mismo que a la vez cumple su rol.

Siempre vi a internet y a las redes sociales como eso: un mar de gente, de relaciones, de contenido e información. Con un amigo siempre hablamos de su naturaleza: de si es capitalista, comunista o anarquista. De si es una herramienta o deus ex machina. Si que carajos es.

Por ahora, reflexionando como lo hizo Santiago, la veo a la web como un enorme mar, pero capaz no de la misma forma espiritual… Creo que pertenezco al grupo de los que lo ven como un lugar donde las relaciones y el reconocimiento navegan o se hunden y ahogan en tan feroz cantidad de agua.

Tenes gente organizando rebeliones y gente controlando a las personas para dominarlas; noticias de todo tipo e idioma; chistes y pornografía. Te lleva la gran catarata de sicóticos selfies y opiniones sin fundamento, búsqueda de fama tan breve como explosiva y memes que de tanto que reis duelen de gastados.

Todos los que nos conectamos hacemos estas cosas políticamente incorrectas. Inundamos de boludeces los muros y tweet decks de nuestros amigos y seguidores. Nos cuesta entrar en conciencia de algo que distinguía al personaje de la novela de Hemingway que el escritor también resaltaba de sí mismo: su técnica para la pesca. Todo lo que definía su relación con el mar eran sus profundos conocimientos del mismo y de los seres que lo habitaban.

¿Qué importancia tiene la técnica o el conocimiento en semejante océano de relaciones? ¿Cuántas personas se detienen a leer sesudos análisis en muros de feis (o seudo sesudos, como los míos), en contrapartida con darles likes a memes, culos y tetas? ¿Cómo encaramos estas cuestiones aquellos que llevados por las más diferentes motivaciones y objetivos, vemos a la web como un espacio de conocimiento, debate y articulación de personas?

¿Se puede hacer la revolución por chat? Pregúntenle a los de plaza Tahir de Egipto. Les dirán que no, categóricamente.

Todo esto va dirigido a cuestionar mi actividad y la de muchos que escriben en este medio y parecidos, o no tanto: como es el oficio de escritor, de blogger, loquesea, en medio de tanta oferta informativa. ¿Qué haría que vos, persona de buen corazón, te pases estas líneas y llegues al final de este post?

Suscribo aquí lo que comparten Ernesto y Santiago, Padre literario e hijo de ficción: la técnica de pesca, los conocimientos de los tiempos… La paciencia y el reconocimiento de la posibilidad de sufrir golpes, insultos, humillación, burlas. Dispuesto a ligar. Ninguno de nosotros estamos a salvo.

No pretendo formar un grupito para-web de acólitos del blog que tengan la última palabra de cómo decir las cosas en estos medios. Si que la preparación y la preocupación por la coherencia del contenido y la técnica de las formas facilitan la comprensión de nuestro mensaje. Para eso, hay que tener paciencia, leer y leer, tantear opiniones, opinar, responder, leer y leer…

Tanto el contenido como la forma son discutibles, sobrepasan mi conocimiento. No niego la variedad de contenido ni la búsqueda de nuevas y diferentes formas. Sí niego a la desidia que, si bien es dificilísima de combatir (me gana 9 de 10 partidas) no me puedo pegar el lujo de tener, que lo tengo todo, aquí y a mano, mientras veo que hay muchas cosas que están mal.

Nosotros, escritores sensibles o no con lo que miramos, con todas las virtudes del mundo digital con el que nos hacemos una feroz paja mental diciendo que todo lo tenemos, y nada, nada al final… Necesitamos pensar un poco en esto.

No sé si ya me hundo o voy navegando en la mar de internet, y francamente, no es la mayor de mis preocupaciones. En todo caso, si navego, quiero que sea escribiendo lo que siento, teniendo la técnica y conocimientos necesarios para dejar algo a alguien en ese mar.

Pienso en que ese sería mi aporte, mi función, y por eso esta tarea vale la pena. El viejo Santiago, el pez gigante y el mar me lo terminaron de decir. Saludos. ☺

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