EL TREN DE LA VIDA


Cuando me pongo a pensar en la vida, me doy cuenta en como la estamos viviendo. Viviendo, gastando, da lo mismo, son sinónimos.

Gastando porque la sociedad se acostumbró a hacer determinadas cosas que te vacían el alma, que te dejan seco por dentro y te borran esa sonrisa.

Nos acostumbramos a la rutina centrada en nosotros mismos y nos olvidamos del que tenemos al lado, tan cerca que ni tenemos el tiempo de mirarlo a los ojos y preguntarle cómo está.

Una simple pregunta puede mover montañas, el corazón, la vida, el universo entero. Pero lamentablemente, es solo nosotros. Al fin y al cabo somos como una caja repleta de fósforos que utilizamos a medida que vamos “viviendo”, pero al final solo nos quedamos con una caja llena de carbón. Ese carbón amenazador que demuestra lo vacía que fue tu vida, que deja en evidencia todos los años desperdiciados. Pero no siempre queda puro carbón, porque siempre queda algún último fósforo, que si lo sabemos utilizar a tiempo, puede transformar la caja llena de carbón, en una nueva llena de fósforos relucientes, llena de nuevas oportunidades.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.