Mi segundo amor

Por José Denis Cruz

Uno de los primeros recuerdos de mi vida es un tormentoso y polvoriento viaje a la laguna de Apoyo, Granada, acompañado de mi papá. Tenía unos cinco años cuando el hombre de cabello ensortijado me llamó para que me montara en su bicicleta clásica y emprender la primera aventura a mi corta edad. Papá siempre iba a la laguna, pero nunca me llevaba porque no tenía la edad para ir, y por el temor de mi mamá a que me pudiera ahogar en esas míticas aguas.

Siempre hablo de mi mamá. Pero en este día del amor quiero contar sobre el segundo amor de mi vida: mi papa, el señor loco de 56 años con el que viajé en su bicicleta por 15 años entre el volcán Mombacho y mi pueblo, Diriomo. En ese vehículo experimenté los momentos más hermosos de los que tengo recuerdo. En esa bicicleta me tronché el pie más de dos veces cuando por imprudencia metía el tobillo en los rines. ¡Papá!

Lo he visto envejecer y hasta ahora, con 23 años encima, me atrevo a ser más expresivo con él. No se lo he dicho, pero quiero agradecerle por los más de 1,000 días que ocupó para llevarme en su bicicleta a la escuela, por las veces que me enseñó a bañarme “bien”, por las horas que destinó para llevarme a conocer los furgones, por sus caídas cuando me cargaba rumbo a la laguna, por todas las cosas buenas que me han hecho quien soy.

¿Pero quién es papá? Es un campechano que nació en una comunidad rural del volcán Mombacho, es un amante de los árboles. Es un ser capaz de comerse 100 cajetas sin que le dé dolor en el estómago y comer en cazuelas sin que le dé pena. Es un señor de baja estatura, de carácter dócil y de hablar pausado. Es el esposo que cuando se iba al trabajo, se despedía de mamá con un beso apasionado. Es amor puro.

Hace seis años papá se dio cuenta de que uno de sus hijos es gay. Mamá le confirmó algo que siempre supo. “José es gay”, dijo mi madre, y “tiene novio”, remató. Él no dijo nada. Y el tema no se tocó más. A pesar de crecer en una comarca rural y en un ambiente conservador, papá asumió que mi sexualidad era un asunto solo mío. Siempre he contado que nunca esperé una reacción como esa de papá. La explicación: es amor puro.

Y ahora recuerdo que él siempre me defendió cuando mis tíos y primos insinuaban que yo “era mariquita”. Era un niño. Dejó de llevarme a casa de mis tíos y cada vez que me preguntaban si tenía novia él respondía que no. “No, no tiene, José se enfoca en los estudios y es un buen alumno”, decía. Era ya un adolescente. Y ante la misma inquietud, un mañana reciente aclaró: “José tiene novio, es de Managua y llevan cuatro años juntos”. ¡Qué ejemplo de amor!