El camino de Santiago

A dos mil kilómetros del escenario de la represión que enmarca esta muerte, y con los ojos del país encima, el 20 de octubre se hizo una autopsia (probablemente, de las más esperadas y legitimadas que recuerde el país). Allí la víctima fue reconocida por sus hermanos e identificada también por sus huellas dactiloscópicas. Esto marcó la segunda bisagra de este caso. La primera había sido la aparición de un cuerpo en el río Chubut -donde ninguna otra persona era buscada- con los abrigos, el calzado, pulseritas y algunas pertenencias de Santiago Andrés Maldonado, el 17 de octubre, después de casi 80 días de tensión, incertidumbre y demasiadas miserias.

Antes de la autopsia, en el vértice caso-elecciones legislativas, ese cuerpo fue predado de formas varias. Algunos ejemplos sueltos.

  • La filtración de una foto (verdadera) desde la intimidad de la morgue de Esquel. Antes de que el cuerpo de quien en vida fue Santiago llegara a Buenos Aires, su foto ya estaba en teléfonos, redes sociales y algunos portales. Filtración audaz, a sangre fría, que hoy es objeto de una denuncia penal en la justicia provincial de Chubut y apunta a un médico legista, por incumplimiento de deberes y un delito contra la dignidad de las personas.
  • La amplificación como fuente de la voz de un par de peritos o criminalistas -fundamentalmente, en medios o cuentas opositoras-, que, a partir de la foto cruel, opinaron que el cuerpo estuvo pocos días en el agua. Es decir, que fue “plantado”. Como si la autopsia que se hizo estuviera cuestionada. Y como si la muerte de un joven en el marco de una cacería represiva no fuera de por sí suficientemente grave, al igual que su hallazgo tanto tiempo después.
  • La selección, jerarquización y banalización, fundamentalmente en medios del Grupo Clarín, de algunos de los cientos de llamados que llovieron al expediente con supuestas pistas sobre Santiago con vida, cuando estaba en juego la expectativa de una familia.
  • La capitalización del caso en la campaña. Palo y a la bolsa. Un ejemplo es San Luis. “#AdolfoSenador” fue la etiqueta que eligieron los Rodríguez Saá para meter la cuchara en el caso con la difusión tribunera de un supuesto aporte de esa provincia al caso:
  • Los exabruptos indolentes de la candidata Elisa Carrió, que primero ubicaban a la víctima viva en Chile y después comparaban su cuerpo sin vida con el de “Walt Disney”, por televisión.
  • Las encuestas telefónicas que, durante la conferencia de prensa posterior al hallazgo del cuerpo, cruzaban ese cuerpo con los candidatos para las elecciones del domingo siguiente. Y el tratamiento periodístico de éstas, en la grieta. El audio de una de esas encuestas se viralizó y Página/12 publicó el 19 de octubre:

Vale la pena señalar que al día siguiente, en el mismo diario y sección, salió una nota sobre otra encuesta, aunque la noticia ya no era su ética sino sus resultados:

Esta encuesta se realizó al mismo tiempo que la inescrupulosa; indagaba intención de voto a candidatos bonaerenses y continuaba: “Supongamos que el cuerpo hallado ES el de Santiago Maldonado, ¿quién creés que es el responsable? El gobierno nacional. Los mapuches…”, era una de las preguntas. “¿Creés que Patricia Bullrich tiene que renunciar?” era otra. “¿El caso Maldonado afecta mucho, podo, nada al gobierno nacional?”).
  • En la ansiedad colectiva al borde de las elecciones, se llegó a sugerir desde sectores que señalaban la crueldad del gobierno, que su operativo de traslado del cuerpo desde el Sur era sobreactuado y lento, con demasiados pasos burocráticos, al igual que la larga autopsia. Como si no sobraran ejemplos de procedimientos exprés, sombríos, con cuerpos rodeados de agua y de fuerzas de seguridad. Sin ir muy lejos, en la inundación de La Plata de 2013, contexto en el que murieron cerca de 100 personas (sin que se vaya a saber nunca cuántas), la forma que encontró el gobierno bonaerense para ocultar la cantidad de fallecidos no fue esconderlos en morgues misteriosas sino obviar una parte de los procedimientos legales, para inscribir a esas muertes como naturales y adelgazar la nómina de víctimas.
  • Y un ejemplo más, que me resulta particularmente cruel. Ya de noche, en plena autopsia, mientras Sergio Maldonado pedía nuevamente a los medios y al gobierno algo de piedad para iniciar el duelo familiar, llegó a haber un zócalo televisivo (en C5N), que ensayaba, sin ningún dato -ni piedad-: “Las últimas horas de Santiago: ¿lo torturaron?”.

A la salida de esta pócima, la autopsia. Más de 12 horas y más de 50 expertos. Quizá el primer momento de seriedad del Estado hacia este cuerpo y su familia. Y una primera ventana de la fe a la verdad.

Adentro de la morgue de Junín y Viamonte, dirigió el procedimiento el Cuerpo Médico Forense (CMF) de la Corte Suprema, el órgano de máxima jerarquía pericial en materia médico, psicológico, odontológico químico-legal dentro de la Justicia nacional federal. Si bien su ámbito geográfico de actuación es porteño, el reglamento general del CMF contempla excepciones cuando “medien notorias razones de urgencia, pobreza o interés público debidamente acreditadas, o cuando las circunstancias particulares del caso hicieran necesario su asesoramiento”.

Afuera esperaron móviles de televisión, santuarios con velas, lágrimas y carteles. El gobierno la siguió muy de cerca también e intentó controlar sus tiempos, a través de llamados de sus operadores en la Corte a autoridades de la morgue durante el procedimiento, que todos buscaban agilizar, en la cuenta regresiva para los comicios.

Este primer estudio sobre el cuerpo, que distintos participantes consideran intachable, siguió a pies juntillas el Protocolo de Minnessota para investigar casos de posibles ejecuciones sumarias extrajudiciales y se registró en una filmación que incluye la narración paso a paso del procedimiento.

Santiago Maldonado habría muerto en el frío del río Chubut, ahogado, huyendo, durante la represión de Gendarmería en el territorio mapuche Pu Lof en Resistencia de Cushamen. En principio no habría sido golpeado, torturado, esposado, ahorcado ni maltratado en los momentos previos a su muerte ni después de ésta. La hipótesis de una asfixia por sumersión -siempre sujeta a estudios complementarios- es la que se postula como principal causa de muerte.

El informe de autopsia se firmó sin disidencias el lunes 23 a media mañana, y marcó el ingreso del caso a una nueva etapa. Al menos hasta que en un par de semanas empiecen a recogerse los resultados de los diversos estudios complementarios, que quizá colaboren en ir afinando la puntería sobre las múltiples preguntas que quedan abiertas sobre las dos patas de la historia: el momento de la muerte (si ocurrió ese mismo día y cómo) y el momento de la aparición sin vida (qué factores podrían explicar el tardío hallazgo del cuerpo en la zona de la desaparición de la víctima que movilizaba al país).

Según dos fuentes de la investigación, hay que considerar que la ropa de Santiago era, como se ha publicado en varios medios, mucha -gorro de lana, unas cuatro o cinco capas de ropa en el pecho, dos en las piernas, borceguíes y medias-, pero también era de muy buena calidad, algo que puede haber favorecido la conservación del cuerpo.

Para cerrar, una frase que oí al azar en estos días y me congeló, sin que pueda procesarla:

-“Mamá, entonces ¿los desaparecidos pueden volver?”.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.