Observar las estrellas: una perspectiva no histórica.

A muchos de nosotros nos encanta observar los astros, quizás hasta sentimos atracción de hacerlo frecuentemente sin la necesidad de poseer complejos conocimientos. Aunque cuando indagamos el por qué lo hacemos siempre encontramos un sin fin de historias que nos cuentan sobre las observaciones que hacían las civilizaciones antiguas, la utilidad de los astros para predecir ciertos fenómenos o el estudios de los mismos.

Hoy te propongo analizar este punto desde un foco disruptivo aunque inseparable de ella, la luz.

Cuando tuve la posibilidad de experimentar por primera vez un telescopio, estaba con el Profesor Blas Servín y lo hice utilizando una Celestron. Ya armada y con la amabilidad que caracterizaba siempre al profesor nos invitó (al grupo de gente alrededor mío) a poder observar la constelación de Orión. Al posar mis ojos sobre el ocular pude observar una luz viajando a través de los espejos y llegaba hasta mi vista en forma de imagen, quedé impactado (si, se que existen constelaciones o fenómenos que impactan más aunque recuerden; era mi primera vez). Desde aquel momento entendí que no solo estaba mirando una luz convertida en imagen sino algo tan complejo que me hizo entender que pertenecemos a un mismo todo. Mientras los demás insistían en querer observar y molestándose conmigo por el largo uso del telescopio me pareció haber viajado hasta ese lugar. Fue en ese instante que aprendí a estar presente.

Vivir el presente mirando el pasado: un rompecabezas de la física cuántica.

Es irónico por que quizás estemos observando el pasado y eso es justamente lo que quería contarles hoy, todo lo que miramos arriba en su mayoría ya es pasado. Tomemos como ejemplo una fotografía de algún pariente que ya falleció y apreciamos mucho, sabemos que esa imagen fue tomada con una cámara, la luz reflejada en ellos pasó a través de la lente y esta de vuelta en un papel fotográfico. En realidad son esas mismas personas en forma de luz viajando hasta este momento. Serían como fantasmas en forma de luz, no están físicamente aunque siguen viajando hacia la eternidad y lo más impresionante de todo es que esa luz que sigue su viaje es la que nos produce emociones y sentimientos. Increíble que un conjunto de fotones nos produzca eso, ¿verdad?

Sin embargo, una de las estrellas más lejanas a nuestra tierra a simple vista es Deneb, en la constelación de el cisne (Cygnus), que está a casi 3.000 años luz (un año luz es la distancia que recorrería un fotón en el vacío durante un año) Eso quiere decir que, cuando observamos, la luz que estás viendo comenzó su viaje hasta la tierra cuando la antigua Roma apenas estaba arrancando y no figuraba en ningún mapa. Puede parecer mucho tiempo para nosotros (y lo es, dentro de nuestro tiempo promedio de vida), pero en relación a la edad media de una estrella, que es de miles de millones de años, no es nada. Así que a menos que haya ocurrido algún tipo de catástrofe cósmica inesperada en Deneb, seguiremos observando el “pasado” de esta estrella.

Almacenamiento cuántico.

Nuestra memoria genética está muy bien configurada y acostumbrada a memorizar eventos donde cada una de ellas determina nuestro estado del Ser actual. Cuando miramos los astros, información en forma de luz que viaja a través del espacio-tiempo y penetra nuestros sentidos de forma “atrasada” provoca cambios estupendos, por ejemplo, la plenitud y admiración. Entonces, ¿Está en nuestra memoria genética una conexión tan profunda con los astros que nos causa tan buenas emociones al observarlo? ¿Has pensado en eso alguna vez? O, ¿Escuchaste la frase “Estamos hechos de polvos de estrellas”?

La única verdad es esa, sentimos admiración porque nos estamos observando a nosotros mismos. Cada vez que observamos y producimos emociones y sentimientos sabemos que nuestra memoria genética nos dice “Tu has venido de toda esta fuente infinita y es tu ser tan mágico y especial como todo lo que existe”.

“Pasado, presente y futuro, parte de un todo unificado”

Somos luz y aún seguimos viajando, solo que, de pronto nos “detenemos” y miramos nuestro “pasado” y admiramos saber de donde vinimos para continuar nuestro viaje interestelar quedando por siempre en la eternidad.