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Yo hacía todo lo necesario para cuidar mi cuerpo, o eso creía

Desde muy pequeña sufría constantemente de amigdalitis, laringitis, infecciones de garganta, gripe, alergias, en fin, no pasaba más de dos meses sin tener síntomas a causa de uno de estos motivos. Recuerdo que las visitas al consultorio médico eran tan frecuentes que puedo asegurar haber tenido más amistad con el otorrino que con el conserje del edificio.

Siempre era lo mismo, el médico hacía preguntas sobre los síntomas, escribía lo que yo le decía, hacia un chequeo físico y luego se sentaba a recetar un combo especial de antibióticos, anti-inflamatorios y a veces (dependiendo del caso) jarabe para la tos. Con el tiempo los antibióticos dejaron de funcionar ya que las bacterias se hacían resistentes. Podía pasar una semana en tratamiento sin resultado alguno por lo que regresaba al consultorio para que me indicaran unos antibióticos más fuertes junto a unos protectores estomacales. Sip, era la cliente favorita de la farmacia cercana con la etiqueta en la frente de “compradora frecuente”.

De niña me enseñaron que si algo pasaba con mi cuerpo era debido a una falla en algunas de sus partes y que la solución era tomar una pastilla, punto. Yo hacía todo lo necesario para cuidar mi cuerpo, o eso creía, acorde a las instrucciones familiares, si me sentía mal tomaba una pastilla (automedicada por supuesto), si el malestar empeoraba ya era hora de ir al médico para que me diera otras pastillas y si la cosa era grave entonces, toca cirugía. Esas eran las instrucciones.

¡Una completa locura!

No solo quedaba fuera de lugar la pregunta ¿por qué se enferma tanto una niña? Si no que, aparentemente, la única acción disponible era hacer desaparecer los síntomas. Generalmente eso de borrar los síntomas es lo que más queremos y por lo que pedimos a gritos una pastilla, somos fanáticos de la ilusión de los medicamentos y tenemos una fuerte convicción (porque así nos lo han hecho creer) de que el antibiótico es el mejor aliado para todos.

Creo que por lo menos una vez en tu vida te debes haber preguntado ¿Por qué me enfermo? ¿Por qué no se me quita cierta alergia? ¿Por qué me da gripe tan a menudo? ¿Por qué tanto dolor de cabeza? ¿Por qué a mi?

Si tenemos la oportunidad de hacerles éstas preguntas a los médicos la mayoría de las veces obtenemos las mismas respuestas: es genético, es contagioso, eres alérgico, te resfriaste, son cosas de azar y pare de contar. Lo triste de esto es que no se detienen a explicarte bien todo el fenómeno ya sea porque a estas alturas de su vida no les importa elaborar tanto en una consulta, porque no tienen el tiempo o porque no tienen ni la más mínima información.

¡Si, Lo dije! Un médico podría estar totalmente desinformado y desactualizado

“La verdadera ignorancia no es la ausencia de conocimientos, sino el hecho de negarse a adquirirlos.” — Karl Popper

Es común encontrar médicos con egos inflados que creen saberlo todo y se sienten super héroes porque salvan vidas (OJO, si creo que salvan vidas, es una profesión sumamente importante y necesaria en la sociedad) pero lo que busco recalcar es que muchos doctores no investigan más a fondo o se conforman con lo que saben porque creen que ya lo saben todo. Creen con tal convicción lo que les dicen en la universidad que lo convierten en religión y si alguien se atreve a promover una novedad científica la critican y desechan sin antes evaluarla o cuestionarla. Un buen ejemplo de ésto es mi esposo Ángel, médico que a través de los años fue descubriendo que había mucho más allá afuera que lo aprendido en sus años de carrera en medicina, y a quién le costó inmensamente dar el paso para creer en todo lo que antes había satanizado.

Recuerdo claramente hace algunos años estar conversando con un proctólogo amigo de la familia. Yo quería conocer su opinión sobre unos estudios que demostraban la supremacía de la conciencia y el efecto de nuestros pensamientos, creencias y emociones en el cuerpo, éste hombre no me dejó hablar, me desacreditó, criticó y cambió el tema inmediatamente. No era cualquier tontería que le decía, el doctor Herbert Benson, presidente del Mind-Body Medical Institute of Harvard Medical School, concluyó luego de varios estudios que “Los pensamientos estresantes que conducen a la secreción de norepinefrina relacionada con el estrés impiden nuestras capacidades naturales curativas, estos pensamientos están a menudo sólo en nuestras mentes, y no en la realidad.” Esto quiere decir que el cuerpo no puede diferenciar si una experiencia amenazante es físicamente real o si es producto de nuestra imaginación, no hace juicio ante los pensamientos y sentimientos, sencillamente responde en correspondencia con una lluvia de bioquímicos que alteran el equilibrio perfecto en nuestro cuerpo.

Estamos hablando de un estudio de Harvard, que explicaba como era el proceso psicosomático y el tipo se rehusó a discutirlo por considerarlo tonterías de la nueva era. Lo que hacía el tema aún más interesante es que unos años atrás me habían hecho estudios de neurotransmisores y descubrieron que mis valores de Norepinefrina eran 400 veces más altos de lo normal y éste estudio de Harvard comprobaba como mi actitud ante la vida, especialmente la calidad de mis pensamientos, afectaba la química de mi cuerpo (confieso que en ese entonces mi actividad mental se basaba en crear películas negativas de mi vida y recordar constantemente, con resentimiento, experiencias del pasado dolorosos que me convertían en víctima de las circunstancias).

Por otro lado, jamás olvidaré el día cuando descubrí que la enfermedad en la tiroides que había desarrollado en la adolescencia reincidió. Recuerdo estar sentada en el consultorio con la mejor endocrino de la ciudad y catedrática de una de las mejores universidades del país preguntándole ¿Qué hice mal? ¿Fue el pan, las gaseosas negras, el sedentarismo, el queso, o el exceso de trabajo? y su respuesta fue “nada de eso tiene relación, son cosas del azar, sencillamente te tocó y ya, ahora tenemos que actuar inmediatamente, operarte de nuevo y te debes ir preparando porque tienes grandes posibilidades de quedar infértil, aumentar de peso y sufrir de numerosas deficiencias, para vivir varios años debes cuidarte, tomar las hormonas diarias, venir a chequeo periódico y esperar lo mejor.” Así de fácil, en menos de dos minutos me había condenado a los 23 años de edad a la posibilidad de desarrollar metástasis, la infertilidad y una muerte prematura, todo a merced del azar, sin absoluta responsabilidad sobre mi salud y sin indagar sobre las posibles causas de lo que sucedía. La solución era pastillas y cirugía. Más adelante descubrí como todos esos factores que le mencioné a aquella doctora en su consultorio SI influyeron en el desarrollo y la reaparición de la enfermedad.

En búsqueda de la verdad

Lucy, una terapeuta que trabajaba para mi en un spa podía jurar que de niña yo era muy preguntona, y siempre le aseguré que estaba en lo cierto, yo era la típica niña que le buscaba la raíz a todo y preguntaba ¿por qué? las veces que fuera necesario hasta llegar al origen, raíz o causa de algo. Escuchar la respuesta de la doctora fue una ofensa a mi intelecto, cómo es posible que un personaje ilustre de la medicina me dijera que la salud depende del azar, una completa bazofia. Ese día en el consultorio fue el punto de inflexión más importante de mi vida que me llevó a una nueva dirección en búsqueda de verdades, un poco difíciles de creer, pero sin duda alguna de gran significado para mi evolución.

Visite cualquier cantidad de médicos, incluso fui a consulta con un médico muy reconocido en mi país que estuvo nominado al Premio Nobel de Medicina y sencillamente no obtenía resultados, al contrario, salí con el hígado y otros órganos comprometidos por el exceso de medicamentos. Un buen día, gracias a mi sobrina de dos años, descubrí un Centro de Sanación Holística que cambió mi vida. En contra de todos mis familiares y amigos me interné en éste centro, pasé por 40 días de ayuno terapéutico solo tomando ciertos vegetales y frutas líquidas, haciendo ejercicio dos veces al día, hice psicoterapia, terapias alternativas para sanar memorias insanas, hidroterapias de colon, sueros revitalizantes y un sin fin de terapias no convencionales para alcanzar la sanación. Tres meses después había alcanzado un estado óptimo de Salud y casi ningún rastro de la enfermedad. Seguro dirás que fue un golpe de suerte, pero no, en éste mismo centro conocí una chica que hizo remisión de una artritis reumatoidea, una señora que logró desvanecer un tumor cerebral, una que sano de fibromialgia y otra mucho mayor que logró sanar lupus, todas consideradas incurables. Lo viví,conocí sus historias y pude presenciar la magia que ellos mismos hicieron con sus cuerpos. Comprobé en un período de 90 días que un cambio en el estilo de vida y la aplicación de técnicas apropiadas para el ser humano pueden, de manera ecológica y sin efectos secundarios, recuperar el equilibrio entre salud-enfermedad.

Un enfoque Integral

“Es mucho más importante saber qué tipo de paciente tiene una enfermedad que qué clase de enfermedad tiene un paciente.” — William Osler.

Fue tal el impacto de mi sanación a través de un cambio en el estilo de vida que estudié para ser Promotor de Salud Integral y Calidad de Vida, Health Coach y Trofólogo. Vivir esa experiencia de sanación en el centro me llevó a comprender como la enfermedad tenía muy poco que ver y que la clave estaba en conocer la historia de la persona que la padece. Es en esa historia que encuentras los disparadores de la enfermedad y en consecuencia puedes diseñar las estrategias para revertirla, todo en base a la ciencia. La Epigenética y la física cuántica nos abre a un mundo de posibilidades que se encuentran al alcance de nuestros pensamientos y acciones.

Creo sinceramente que para llevar una vida saludable y recuperar el equilibrio ante una enfermedad es necesario abordar el Todo, desde un enfoque Integral. Es necesario promover un equilibrio en todos los ámbitos de vida, alimentación, ejercicio, relaciones con otros, relación contigo mismo, inteligencia emocional, manejo del estrés, la espiritualidad y el amor para prevenir enfermedades en vez de continuar con el estilo de vida occidental que nos está matando y que nos lleva a la intoxicación por medicamentos, toxemia por alimentos, desequilibrios bioquímicos por pensamientos conflictivos, cirugías que en algunos casos son innecesarias, así como tratamientos dolorosos para contrarrestar el efecto sin considerar las causas.

¿Qué debemos aprender?

“De qué sirve que un niño sepa colocar a Neptuno en el Universo, si no sabe dónde poner su tristeza o su rabia.” José María Toro

Seguro han escuchado la frase cuerpo, mente y espíritu. Se utiliza para referirse a los diferentes ámbitos que el ser humano debe abordar en pro de su bienestar, salud y calidad de vida. Se dice que el Universo está hecho de energía e información, pues el ser humano al igual que éste se compone de lo mismo, somos un espíritu que envía información (conciencia) a la mente para la creación de la realidad junto a las emociones que son reflejadas en el cuerpo.

Entonces cómo podemos abordar una enfermedad en particular tratando solo una parte del cuerpo sin evaluar los demás elementos, sin profundizar en las causas. Gran parte de la sociedad actual sigue viendo al cuerpo como un carro (coche) que necesita cambiarles algunas de sus partes para mejorar su funcionamiento. Si tomamos el ejemplo del coche (cuerpo), sería como desconocer la calidad de los aceites y gasolina que le ponemos (agua y alimento), la calidad de la batería aunado a un gasto excesivo de la misma por cosas innecesarias como pantallas y equipo de sonido extravagantes(energía), que el chofer esté casi dormido por lo que usa su capacidad a medias (mente) y que por tener el volumen del reproductor muy alto (ruido, pensamientos conflictivos) no pueda escuchar las instrucciones del gps (conciencia/espíritu).

Yo viví esto, tenía una enfermedad en la tiroides, fui al médico, me hizo los exámenes, me dio un medicamento y me envió al nutricionista. Un mes después, al no funcionar ese esquema, me operaron en menos de dos semanas. Quisieron cambiarme el aceite del carro, sin verificar cuales eran los mejores para mi, sin profundizar en las causas que originaron la enfermedad y al no funcionar ese abordaje sencillamente eliminan la pieza del carro, que en este caso fue parte de la tiroides. En ese entonces yo lo veía normal, pensé que hacía lo necesario para tener salud, sin embargo hoy en día he aprendido muchísimas cosas que pudieron haber prevenido la operación en aquel entonces. Lo repetiré, pude haber prevenido la operación.

Por ejemplo, la nutricionista solo se enfocó en contar las calorías, que bajara de peso, que cambiara el azúcar por edulcorantes y las harinas blancas por integrales, pero jamás evaluó cuales alimentos eran los que estimulaban un mejor funcionamiento de la glándula y cuales los alteraban, no hubo pruebas de intolerancia alimenticia y me indicaba alimentos dietéticos (light) así como otros tipos de alimentos procesados que están cargados de químicos tóxicos para el cuerpo y que inciden en la aparición/desarrollo del cáncer. Un completo engaño querer curar el cáncer dándole alimentos que lo nutren y lo hacen crecer.

Los médicos que me veían en ese entonces además de remitirme a nutriólogos que no aportaban sino que restaban, tampoco evaluaron otros factores que estaban afectando como el agua potable excesivamente contaminada, el aire cargado de toxinas que se acumulaban en el cuerpo (vivía en una ciudad petrolera), el abuso de antibióticos durante la infancia que desequilibró la microbiota intestinal y que junto a la mala alimentación estaba obstruido por mucosa y toxinas pegadas a las paredes, estaba obesa pero desnutrida, tenía una pobre inteligencia emocional, una carga enorme de memorias insanas a flor de piel, una serie de pensamientos que alteraban el equilibrio bioquímico del cuerpo, ni hablar de las relaciones tóxicas con otros y muy especialmente conmigo misma.

A pesar de tener todo esto en mi historia jamás se interesaron en conocerla porque para ellos lo mío era cosa del azar y algo muy común que solo debía ser tratado con medicamento o cirugía. Según ellos, mi historia y estilo de vida no tenía nada que ver con lo que sucedía en mi cuerpo, cuando la ciencia dice claramente que tú historia se convierte en tu biología. La Neurocientífica y farmacóloga Candace Pert decía “Tu mente está en cada célula de tu cuerpo” pero al parecer según los médicos que me atendieron eso era una falacia promovida por las más grandes mentes de la historia. Increíble, vivimos en una sociedad para la cual es más importante que un niño aprenda donde va un planeta que donde debe ir una tristeza, no existe en el sistema educativo latinoamericano programas para aprender a sembrar, conocer los nutrientes especiales para distintos tipos de enfermedades, adquirir herramientas que te ayuden a controlar las emociones y muy especialmente aprender técnicas para que los pensamientos no te controlen.

Tomar las riendas de la salud y la vida

Tendemos a ser víctimas de las circunstancias y nos conformamos con lo que digan. En aquel entonces me operaron pero ignoraron una situación, resulta ser que tenía una enfermedad autoinmune que era la que estaba afectando la glándula ¡y no lo notaron! No busque segundas opiniones, no indagué, sencillamente me conformé con lo que decían creyendo que ellos lo sabían todo. Desconocía como funcionaba mi cuerpo e ignoraba todo sobre como sanar, no busque información, no me documenté, tan solo sentí miedo y me deje llevar.

¡Pues No!

No podemos seguir viviendo ojos vendados y dejándonos guiar por otros que tampoco se documentan, no somos caballos con gríngolas, todo el poder que tenemos está dentro de nosotros para salir y jugar el juego de la vida. El mejor guía que existe en la vida está dentro de nosotros, es vital tomar responsabilidad y comenzar a investigar un poco sobre cómo funciona nuestro cuerpo, nuestra mente y como mantenernos alineados a nuestra Esencia. Es vital tener un buen acompañamiento, es decir, un buen médico que nos asesore. Con este artículo solo les recomiendo que cuestionen y que investiguen por su parte sobre las causas, estudios científicos y terapias alternativas para luego conversarlo con su médico. Elijan médicos, nutriólogos y asesores de salud que se mantengan actualizados, que investiguen constantemente, que se atrevan a debatir con ustedes sobre algún estudio científico que encontraron, busquen profesionales de la salud que apliquen el conocimiento de una Medicina Integrativa, Funcional y que involucre la Conciencia.

Imagínense comprar un electrodoméstico y no leer las instrucciones, eventualmente podemos cometer un error y dañarlo por ignorancia. Podemos contactar a un experto para que nos de soporte técnico que jugaría el papel del médico en este caso, pero no deja de ser importante leer bien las instrucciones. No pretendamos hacer lo mismo con el cuerpo, es imposible tener una vida saludable y longeva sin conocer lo fundamental para cuidarnos. Nuestro peor error ha sido la ignorancia, es decir, carecemos del conocimiento y las estrategias para llevar un buen estilo de vida, nos rehusamos a aprender y nos resistimos al cambio, una combinación fatal para la expansión, específicamente la sanación.

Muchos dicen “El problema es que hay enfermedades incurables”

“El momento en el que cambias tu percepción, es el momento en el que reescribes la química de tu cuerpo.” — Bruce Lipton

¿Qué pasaría si te dijera que todas las enfermedades (Sí, lo dije bien TODAS) tienen un origen y que existen formas científicas en las que pueden ser prevenidas y tratadas?

Considerar que las enfermedades pueden ser prevenidas implica un cambio de percepción, requiere de tu voluntad para aprender, indagar en lo desconocido, romper paradigmas, soltar viejas creencias, ser humilde, curioso, atrevido, y sobretodo abrirnos a nuevas posibilidades. Es importante abrirse a los conocimientos que nos ofrecen diversas áreas de estudio, no para ser expertos, pero sí para tomar decisiones conscientes en nuestro estilo de vida que nos ayuden a mantener un estado óptimo de salud.

Está comprobado que liberarse de las toxinas mentales, emocionales, energéticas y físicas promueve la homeostasis en el cuerpo, permite la nutrición celular y estimula la regeneración celular.

Hay un sin fin de estudios científicos que demuestran la importancia de una apropiada nutrición para la salud OJO no hablan de contar calorías sino de toxicidad, carga energética y nutrición celular.

Por otro lado, la epigenética ha revolucionado el mundo de la medicina que conocemos hoy en día, las investigaciones están iluminando una nueva biología en la que los pensamientos, las creencias y las emociones juegan un factor decisivo en la creación de nuestra realidad.

No podemos seguir creando las enfermedades para luego buscar soluciones en pastillas o cirugías. Es vital educarse para tomar decisiones conscientes que nos permitan tener una vida saludable previniendo la aparición de enfermedades. Para encontrar el equilibrio es menester descubrir la raíz de lo que llamamos problemas, que no son más que creaciones inconscientes.

Es hora de tomar responsabilidad en nuestras vidas.