Gracias por todo

Un pequeño escrito en el avión partiendo de Chile ☺


Voy en el avión a varios miles de pies de altura, rumbo a México. Desde la pequeña y poco generosa ventana del avión, veo a Santiago de Chile. Es de noche. Desde esta altura, Santiago parece que estuviera hecha de luciérnagas: luciérnagas anaranjadas, amarillas, rojas. Algunas se mueven, otras se quedan quietas, tímidamente quietas.

Santiago siempre me pareció ordenado y pulcro, de una simetría casi perfecta (al menos si uno la compara con el desorden casi generalizado del resto de América Latina) y desde esta altura continúa pareciendo perfecto, geométricamente perfecto, con sus líneas bien definidas y sus curvas bien pronunciadas.

Es cierto, nunca antes había puesto tanta atención al paisaje aéreo de una ciudad. En mis vuelos previos me concentraba en el cielo, en su azul limpio y sus nubes, o cuando la suerte estaba de mi lado, en los crepúsculos. Los crepúsculos siempre han sido mis favoritos, debe ser porque nací en un puerto pequeño, al sur de México que tenía poco que ofrecer a quienes vivíamos ahí, más que hermosos atardeceres y amaneceres, y una generosa luna llena y amarilla cuando las había.

Pero hoy no quise mirar el cielo, hoy quise mirar a Santiago desde arriba, quizás esa fue mi forma de rendirle tributo a una ciudad que me acogió por cuatro años, que puso en mi camino a maravillosas personas, que me colocó en situaciones perfectas para que aprendiera las cosas que tenía que aprender. La vida es tan sabia, tan perfecta, que uno sólo tiene que confiar, entregarse.

Yo no dejo de sorprenderme de la vida, de su orden: Me sacó de mi país a los 23 años y me vino a colocar en un país austral de buen vino, buena carne, hermosos atardeceres, gran poesía y una cordillera, que cuando se le ocurre asomarse, adorna el cielo de una forma maravillosa.

Me sacó de allá y me instaló de pronto acá, sin dejarme pensar mucho, pero no lo hizo sólo, junto conmigo, la vida también comenzó a enviar a un montón de extranjeros, para que nos reuniéramos acá, por el simple hecho de que así tenía que ser, así sin más, porque la compleja red que la vida teje discretamente, anunciaba que nos teníamos que encontrar, y estoy agradecido, infinitamente agradecido de que así haya sido.

¿O a ustedes les parece una agradable (y a veces no tanto) casualidad que acá nos hayamos encontrado? Chris Fonseca, Bruno V., Marcela Constanza, Selene, Marifer, Christopher, Julius, Ana Karime, Sofia Oa, Bolivar V., Emily, Steven, Yanilet, Naty Matychevicz, Nery, Luicienne, Carito Arcila, Mandy, Naty Suárez, Andrea Arreguin, Coté, Nicolás, Pao Barroso, Nadia, Cone, Fran, Esme, Sol Durán, Paola Planells, Marcela mi psicóloga y Javier Figueroa un ejemplo de espiritualidad. Todos hemos aprendido algo de alguien, en diferente medida e intensidad. Gracias por eso.

Perdone aquel que no encuentre su nombre en esta lista. El escrito se haría infinito y no es la intención, además la memoria a menudo me falla, pero la memoria del corazón no y ustedes están ahí.

Queda poco que decir, las palabras siempre sobran. Nunca he sido un hombre muy expresivo (ahora lo soy un poco más que antes) pero sólo me queda por decir que las situaciones que viví, los maravillosos paisajes que aprecié, la evolución que tuve, la empresa que creé (creamos), los momentos difíciles que pasé (de los que tanto se aprenden), las crisis, los llantos, las risas, las borracheras con pisco y cerveza, nada de eso se compara con el placer y la gratitud que siento de haberlos conocido. Conocerlos me demuestra a toda hora que la vida es sabia, infinitamente sabia.

Soy un hombre al que le gusta mantener algunas opciones abiertas (y así hay que ser pues entre los vericuetos de la vida, uno no sabe a donde irá a parar), por lo tanto no digo que me ausento definitivamente, tal vez esta es sólo una pausa, tal vez mi destino está realmente en Chile y no en la tierra que me vio nacer. No lo sé, nadie lo sabe. La vida y su sabiduría me lo indicarán en su preciso instante, y a estas alturas, con casi 28 años a cuestas, la sabré escuchar. De momento sé que hay algo invisible que me mantiene conectado a Chile.

Si esta es una despedida definitiva, que así sea, los que me conocieron realmente concordarán conmigo en que viví mi experiencia en Chile intensamente, como se debe vivir. Si este es un hasta luego, tanto mejor, de vuelta tendrán a un Pepe mas humilde y maduro, con esas ganas infinitas que siempre he tenido por vivir, aprender y crear.

Que sea lo que tenga que ser, mientras tanto, l@s llevo en el corazón.