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Cosas que deberías tener en cuenta si quieres ser periodista freelance

Conozco algunos compañeros que quisieran salir de redacciones en las que no se encuentran a gusto por motivos variados. Normalmente es porque no les gusta lo que hacen o porque no ven posibilidades reales de mejorar sus condiciones. Varios de ellos me han preguntado alguna vez por mi experiencia como autónomo (en la que escribir es solo una parte de mi actividad), así que creo que puede ser interesante contar aquí lo que les digo a ellos, por si a alguien le resulta útil.

Aquí van algunas reflexiones al respecto:

Evalúa lo profesional y lo personal

En primer lugar, hay que recordar que ninguna situación es similar a otra. Cada uno tiene sus propias circunstancias personales (hipotecas, hijos, etc), ambiciones profesionales, necesidades, etc. La vida que tenemos es más o menos una respuesta organizativa a todo eso, en el mejor de los casos. Así que uno no debería plantearse a la ligera ser autónomo sin pensar en cómo está y en cómo quisiera estar.

Si trabajar por tu cuenta te puede acercar más al modelo de vida en el que crees, puede merecer la pena intentarlo. Si no es así y prefieres estabilidad, seguridad y posibilidades de ascenso o reconocimiento, quizás no es la vía adecuada. En mi caso, mis ambiciones personales son para mí más importantes que las profesionales, por lo que quisiera seguir trabajando por mi cuenta el resto de mi vida activa, ya que me permite tener más tiempo para lo(s) que quiero. Veremos si las circunstancias lo permiten.

¿Eres realmente bueno?

Pero una cosa es lo que tú planees y otra cosa es el encaje que tenga tu propuesta ante los demás. Antes de dar el paso deberías auditar bien tus capacidades, el producto o servicio que puedes ofrecer y si existe una demanda para tu oferta. Aquí conviene ser autocrítico y mirarte con una cierta dureza, porque así es como te va a tratar el mercado.

Ten en cuenta que un medio debe manejar cierta garantía de que va a rentabilizar las piezas que compra, que además tendrán que ser contenidos que no puedan ser realizados en esas condiciones de calidad, eficiencia o rapidez por ninguno de sus recursos internos. No creo que haga falta recordarte que son tiempos complejos para esta industria, con redacciones menguantes en las que con toda lógica se busca el valor diferencial que atraiga más usuarios.

Por tanto, debes preguntarte si eres capaz de ofrecer eso, y repasar tu lista de especialidades. Aquí es relevante ver el portfolio que hayas creado con el tiempo, que te haya permitido crecer como periodista, crear fuentes y diseñar un perfil público atractivo para cualquier empresa. No te recomiendo ser autónomo desde el principio de tu carrera porque probablemente eso te impedirá beneficiarte de dinámicas de aprendizaje en una redacción, que a su vez te permitan encauzarte en temas que te interesen y sepas tratar bien.

Además, en medios harás los primeros contactos que puedan serte útiles en el futuro, con lo que entenderás el funcionamiento interno de esta clase de empresas y sus “peculiaridades”. Eso será clave para tocar los resortes adecuados a la hora de venderte.

Aplica los principios que te puedas permitir

La vida te va a hacer pragmático por convencimiento o por necesidad, lo que llegue antes. No todo lo que vas a hacer en esta profesión te va a gustar, y menos en los tiempos de internet. Es posible que te veas abocado a escribir cosas que preferirías no haber hecho y a publicar en sitios en los que quisieras no aparecer. Si se da el caso, protege tu firma y evita que eso te condicione en el futuro. Utiliza un alias o simplemente asegúrate de que tu nombre no va a aparecer.

De esa manera podrás aceptar trabajos alimenticios pero a menudo poco gratificantes como escribir virales o cosas “para posicionar”. Si puedes vivir sin hacerlo, estupendo, pero quizás en algún momento del camino te veas obligado a aceptar encargos que en otro momento rechazarías. Lo importante es que te distancies suficientemente de eso para verlo como una mera labor que no tienes por qué compartir ni disfrutar, que te ayuda a financiar el tiempo que dedicas a lo que realmente te pueda gustar hacer. Creo que es la mejor manera de verlo y de no resultar cínico contigo mismo.

Aprende a gestionarte bien

A estas alturas no debería ser necesario recalcar que para ser autónomo hay que tener una capacidad de gestión personal importante, más aún si lo eres en esta profesión. La mayor parte de los periodistas somos malos en eso porque nadie nos ha enseñado, y tenemos que aprender con el tiempo y la necesidad. Eso es lo que explica que a menudo tendrás que tratar con jefes de sección a los que no comprarías una bicicleta usada en Wallapop por sus carencias en ese aspecto, que te dejarán facturas pendientes por pagar (a veces no es culpa suya), lo harán más tarde, las traspapelarán, etc.

Cuenta con ese escenario siempre, porque es frecuente. Exige siempre pago a 30 días, pero parte de la base de que de vez en cuando te irás a 60 o a 90 porque alguien no habrá hecho bien su trabajo. Distingue los profesionales serios de los que no lo son y procura evitar a estos últimos todo lo posible para evitar perder el tiempo y el dinero. Hazlo todo por escrito, de forma que figuren las condiciones, plazos y enfoques y puedas recurrir a ello si hay desacuerdos o disonancias. Sé educado pero firme en la reclamación de lo que te corresponde y no te dejes chulear más allá de lo que tu situación pueda requerir en un momento dado.

Deberías tener fondos suficientes para aguantar en previsión de estas circunstancias, lo que nos lleva a un rigor en el gasto que no es malo cuando trabajas por cuenta ajena y es imprescindible cuando lo haces para ti. Cada euro es importante, igual que cada hora de trabajo. Haz previsiones de ingresos y gastos a dos meses vista y crea un modelo en hoja de cálculo que te permita ver la proyección anual (yo tengo uno bastante refinado y lo puedo compartir con quien lo quiera, escríbeme a hola(@)josemanuelrodos.es y te lo puedo facilitar).

No tengas miedo a decir que no

En este mismo blog he hablado de los proyectos gamba, que son aquellos que deberías esquivar siempre que sea posible y puedas reconocer con tiempo. Por el mero hecho de trabajar para ti mismo no deberías aceptar todo lo que te ofrezcan si evaluarlo antes. Ponte tus propias reglas sobre ello y respétalas, porque eso significará respetarte a ti mismo como profesional.

Aquí van las mías:

  • No acepto aquello para lo que crea que no estoy cualificado
  • No acepto aquello que tenga un coste en tiempo desproporcionado respecto a lo que se me ofrece en dinero
  • No acepto aquello que, sin gustarme, no necesite porque económicamente pueda irme bien el mes o me haga tratar con gente que no considere seria

Son unas normas bastante sencillas que están encaminadas a no autoprecarizarme, y sobre todo a no acabar odiando lo que hago. Evalúa tu situación y establece las tuyas en función de tus necesidades. Pero hazlo tú, no dejes que sean los demás los que las fijen.

Y básicamente eso es todo. Trabajar por tu cuenta requiere mucho esfuerzo de autoventa, de mejora constante de lo que puedes hacer, un capital relacional importante y capacidad de adaptación. No es para todos, pero recomiendo la experiencia eventual a cualquiera para ver la vida de una forma algo más completa y desarrollarte en aspectos diferentes.

A mí me va unas veces mejor que otras y aguanto el tirón con un grado razonable de satisfacción en lo que hago y de margen para vivir. Que es a fin de cuentas lo que estaba buscando después del peor año laboral y personal de mi vida.

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