El periodismo en la era Cannon

Quienes hoy tenemos en torno a los 40 años recordamos con cierto cariño y humor las películas de Cannon. Durante unos 15 años, dos primos israelíes llenaron los videoclubs de obras cuestionables desde un punto de vista formal, pero a menudo muy entretenidas. Aunque la productora acabó en bancarrota, sus técnicas durante esos años son asimilables a lo que hoy vemos en el periodismo online.

  • Volumen de bajo coste. Para Cannon la prioridad era hacer muchas películas y muy baratas, y esperar que alguna de ellas funcionara de forma inesperadamente buena para cubrir la inversión en el resto. En los medios online sucede lo mismo con los contenidos, el famoso volumen. Se publican muchas cosas con una calidad muy ajustada (virales, cosas que pasan en redes sociales, memes, etc) con idea de que hagan bulto para ayudar al SEO y de que alguna de ellas funcione en redes sociales. Son contenidos que prácticamente cualquiera puede escribir, con lo que el coste de producción es muy escaso, además de muy bajo el tiempo dedicado a cada una de ellas.
  • La edición importa poco. El montaje de esas películas a menudo era poco menos que chapucero, había poco tiempo y probablemente poco talento para cuidarlo. Con los contenido online pasa algo semejante, con el volumen mencionado antes marcado por una edición bastante pobre. No se invierte tiempo en revisión o en mejora, se produce deprisa y corriendo para poder afrontar rápido la siguiente pieza.
  • Malas en taquilla, buenas en videoclub. Las películas de Cannon a menudo recababan cifras flojas en los cines, pero después tenían una larga y próspera vida en los videoclubes. Los contenidos online que algunos medios hacen tienen una vida pobre en sus portadas, pero eso no preocupa a sus autores, ya que están elaborados para que pervivan a través del SEO y las redes sociales. Cannon ya había descubierto la larga cola.
  • Hacer cosas mediocres para intentar hacer cosas buenas. Los primos Globus tenían inquietudes artísticas más allá de su loca carrera por hacer películas medio rentables en gran cantidad, pero casi nunca pudieron sustanciar eso en una obra de cierta trascendencia. Eso ocurre también con los periodistas que se ven atrapados en medios que apuestan por lo viral o contenidos de baja calidad. Cuando tratan de convencerse de que tienen algo bueno entre manos, acaban topándose con las limitaciones inherentes a su propio talento y el músculo generado creando contenidos mediocres. La calidad se entrena con la actividad, además de que necesita una inversión en tiempo y dinero de la que no disponen.
  • Detectar las tendencias y subirse a ellas. A Cannon le debemos el cine de ninjas, por ejemplo. O una película como ‘Breakin’, que glosaba el mundo del breakdance, a sugerencia de la hija de uno de los propietarios de la productora. Esa capacidad para irrumpir en tendencias o crearlas es muy estimada en los medios digitales, siempre pendientes de los trending topics en Twitter o de cualquier signo que muestre interés por determinado tema y justifique producir contenido sobre él. En términos económicos, los medios digitales trabajan a menudo sobre la demanda o lo que consideran como tal, en lugar de crear una oferta que pueda desencadenar una tendencia. Precisamente porque es más barato subirse a algo que crearlo.
  • Yo antes hacía cosas mejores. Todos tenemos que comer, e incluso tres veces diarias si es posible, y en esa productora se pueden ver nombres de distintos profesionales que habían vivido tiempos mejores y que simplemente tomaron lo que se les ofrecía para seguir adelante. Ese aspecto alimenticio también se traslada al mundo de los medios digitales, donde personas que han mostrado talento para hacer mejores contenidos muchas veces se han ido viendo obligadas a caer en la producción banal de contenidos que en el fondo desprecian. El pragmatismo les lleva a verlo como una manera de seguir adelante con un cierto desapego o distancia irónica sobre su trabajo.
  • Aplomo ante todo. El convencimiento sobre la calidad de lo que uno hace y su capacidad para defenderlo sobre esos parámetros es importante en la vida. En Cannon siempre estuvieron convencidos de que hacían buenas películas, al margen de que objetivamente muchas de ellas fueran mejorables o simplemente malas. Con los periodistas en medios online ocurre algo semejante, en la medida en que hay quienes son conscientes de lo que hacen y no le dan muchas más vueltas, pero hay otros que funcionan con un aplomo admirable y no escatiman palabras como “exclusiva” o “tema interesante” para describir trabajos poco afortunados.
  • Hagamos otra parte. ‘Yo soy la justicia’, ‘El guerrero americano’… Cannon creó sagas bajo la premisa de que si algo funciona hay que darle continuidad con otra historia, habitualmente con menos presupuesto que la primera, porque ya tienes al público convencido. Es una tendencia igualmente apreciable en medios digitales, donde los temas que funcionan se convierten en microtendencias que hay que explotar, al margen de que los datos puedan explicar el origen del éxito de una forma más o menos adecuada. Hay que darle al público lo que pide, habitualmente en escala de calidad descendente.
  • Un buen póster para engañarlos a todos. Una de las habilidades insólitas de los primos Globus era vender películas que aún no habían hecho a través de pósters que paseaban por Cannes. Ese arte estaba elaborado con actores que posaban para sesiones fotográficas con fines desconocidos para ellos. Aquellas piezas se asemejaban mucho al clickbait de los medios de hoy en día, ya que buscaban por encima de todo atraer la atención de los posibles espectadores, a menudo anunciando un producto que no estaba a la altura del concepto creado para crear expectación.
  • La ley del embudo de la propiedad intelectual. Cannon copió sin reparo ideas para crear películas que habitualmente eran bastante peores que aquellas que las habían inspirado. Hoy en día probablemente hubiera tenido más de un problema legal. Los medios tienden a hacer algo similar, sobre todo en lo que tiene que ver con el pillaje de contenido a través de redes sociales. Las piezas sobre memes son muy socorridas y fáciles de hacer, y sobre todo el esfuerzo intelectual ha corrido a cargo de los usuarios en todo caso.

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