Member preview

La mentira de la relevancia en redes sociales

Un día, estando al cargo de las redes sociales de la primera etapa de lainformacion.com (creo que en 2009), empecé a recibir una sobrecarga inusual de notificaciones de nuevos seguidores de su perfil en Twitter. Al principio pensé que era un problema. Después, creí que era spam. Me costó un buen rato averiguar que la plataforma nos había colocado en una lista de medios recomendados en España, que justo aparecía a los nuevos usuarios a la hora de darse de alta. Eso se prolongó durante semanas.

Durante algunos días lainformacion.com fue el segundo medio con más seguidores en Twitter en España, solo por detrás de El País. Algo totalmente descabellado para mí. Me parecía absurdo pensar que un proyecto de reciente creación y con un nivel de reconocimiento y marca ínfimo en comparación con marcas tradicionales pudiera estar por encima de ellas. En semanas posteriores me dediqué a revisar los nuevos seguidores y me di cuenta de que muchos de ellos no llegaron a cambiar el avatar que el servicio les proporcionaba por defecto, y además no habían tuiteado nunca. Entraron, husmearon y se fueron para no volver, pero dejaron su +1 en el casillero. En esa época solo uno de cada cuatro registros en Twitter aproximadamente generaba un usuario activo.

Yo diría que ese fue el momento en el que empecé a entender que el área de las redes sociales en el que acababa de aterrizar tenía los pies de barro. De repente, el medio en el que estaba tenía una presunta relevancia desproporcionada en una plataforma minoritaria, mientras colgaba carteles en marquesinas de autobús para que la gente real pudiera saber de su existencia y agregaba de terceros una gran parte del tráfico que el medidor oficial le reconocía. Fue también un momento de claridad en torno a cómo funciona la industria de los medios digitales.

Klout intentó medir sin demasiado éxito la relevancia en plataformas sociales con un sistema que nunca pasó de la anécdota. En mi primera reencarnación en Twitter lo visitaba con frecuencia porque me resultaba muy curioso figurar como experto en cualquier tema del que no tenía ni idea, solo por el hecho de que un tuit mío que incluyera alguna palabra clave hubiera tenido una mínima repercusión. Estos días hemos vuelto a ser conscientes de que existe porque la empresa que se gastó un dineral en comprarla ha anunciado su cierre.

Algo parecido pasa con Favstar, que mostraba las publicaciones más exitosas de cualquier usuario en Twitter. Se convirtió pronto en una especie de estándar de popularidad para los usuarios ingeniosos, que en muchos casos colocaban su enlace de búsqueda en la bio para mostrar sus trofeos en forma de favoritos y retuits masivos. El hecho de que hoy sepamos que hay granjas de usuarios y montones de cuentas falsas que operan e interactúan bajo criterios automáticos pone en cuestión la utilidad de un servicio así, cuya caída en todo caso se debe a los cambios en la API de Twitter.

Estos y otros servicios han intentado a lo largo de años convertirse en medidores más o menos fiables de lo que somos ante los demás en redes sociales. Nuestra naturaleza nos empuja a categorizar, clasificar, colocar a unos por encima de otros en función de criterios objetivos, pero en redes sociales es complicado establecer baremos razonables y creíbles.

Tener muchos seguidores no significa nada, porque puedes haberlos comprado al peso, tener una tasa alta de spam o inactividad o incluso personas reales a las que has atraído por una publicación exitosa que en realidad no representa tu actividad ahí. La interacción tampoco es un criterio fiable, en la medida en que es igualmente trucable con perfiles falsos, procesos automáticos o incentivos ajenos al interés de lo que haces.

La influencia como concepto es difícil de evaluar, porque se basa en que lo que dicen determinadas personas tenga un impacto real en lo que piensas o haces. Por ejemplo, no hay forma sencilla de saber si el hecho de seguir a alguien en Twitter hace que tu comportamiento sea distinto, al margen de lo que hagas o digas en la propia plataforma. Y eso muchas veces no tiene tanto que ver con la influencia como con la necesidad de llamar la atención sumándose a corrientes visibles o haciendo discursos públicos controvertidos.

La mayor parte de nosotros somos muy relevantes para muy pocas personas y ampliamente ignorables para el resto. En las redes sociales y en la vida. Y le veo muchas más ventajas que inconvenientes, la verdad.

Quizás también te interese:

— — — — — — — — — — — — — — — — — — — — — — — — — — — — —

Si te ha gustado este artículo, no te cortes y dale al icono de aplaudir, me ayuda a que se lea más. Y si quieres apoyar este proyecto sin coste alguno, puedes hacer tus compras en Amazon con este enlace.

Like what you read? Give José Manuel Rodríguez a round of applause.

From a quick cheer to a standing ovation, clap to show how much you enjoyed this story.