Twitter, el ego y la teoría del judo

A grandes rasgos, el judo se basa en vencer al contrario aprovechando su propio peso en beneficio propio, mediante estrategias para optimizar los esfuerzos en momentos clave.

Si a esa definición, muy personal y probablemente muy incompleta (no soy practicante de ese deporte), le cambias ‘peso’ por ‘ego’ y retiras el concepto de ‘vencer’ para dejar solo ‘aprovechar’, tienes delante la estrategia en Twitter con la que algunos han ido haciendo fortuna (entendida como seguidores o repercusión).

Un ejemplo práctico de esta economía del reconocimiento social lo podemos ver en cualquier momento: usuario A, con pocos seguidores y ganas de hacerse ver, tuitea mencionando las excelencias del usuario B, que tiene muchos y un ego que alimentar. B, arrastrado por esa necesidad de hacer ver el reconocimiento que se le prodiga, retuitea a A, que cuenta en ese momento con un escaparate de posibles nuevos seguidores.

Si esas prácticas se repiten, a veces B recompensa a A con el detalle de seguirle, y entonces A cuenta con la posibilidad de hacerse con retuits episódicos de B, en la medida en que es visto por él continuamente. Hay unas cuantas variaciones sobre este patrón, como responder continuamente a tuits de B con la esperanza de que este entable conversación y haga visible a A ante otros, o incluso retuitee alguna de sus respuestas, por ejemplo. Todas ellas son estrategias basadas en utilizar el ego de un tercero a tu favor.

Lo interesante de estos casos es que las personalidades egocéntricas en Twitter son carne de cañón para caer en estas prácticas. Si Maslow hubiera planteado en estos días su famosa pirámide, es posible que hubiera ubicado en lo más alto a un tuitero, preferentemente periodista, que reparte respuestas y retuits interesados, a golpe de caricias de reconocimiento.

Vivimos en la era de la recompensa social, basada en que otros nos digan de forma pública que somos buenos, que lo hacemos bien o cualquier otra cosa que nos eleve la autoestima personal o profesional. Las redes sociales funcionan en torno al egotismo y el protagonismo en un relato personal en el que los demás son actores secundarios que sostienen nuestra trama.

Y en ese contexto, el judo es una metáfora estupenda para explicar cómo se puede prosperar en estas plataformas no en base a lo que aportas, sino gracias a las personas a las que adulas. Solo tienes que observarlo bien.

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