El arte de calcularse

Ayer mi jefe me puteó. Si, del verbo putear. Para los amigos que me conocen en persona, saben que trato de cuidar mi vocabulario pero hoy hago una excepción.

No quiero hacer este post aburridamente largo así que vamos al grano. Ayer tenía 4 proyectos que realizar. Regresemos el tiempo 24 horas. Cuando me hablaron de estos 4 proyectos, supe inmediatamente que tenía que pedir ayuda.

Pero, pasadas unas horas, Juan Caballo calculó que se las podía llevar de valiente y se comprometió a encargarse de los 4 proyectos.

Unas horas más tarde, cuando no había terminado el primer proyecto, el cliente me sugiere que pida ayuda. Aceptando la sugerencia, pedí auxilio pasado ya el medio día. El proyecto 2 debía entregarse en cuestión de minutos.

Mi jefe es una persona que se mantiene super ocupado, atendiendo no sólo varios proyectos creativos sino también la administración de la agencia, que ya de por sí es una gran pacaya.

Al encontrarse con la no grata sorpresa de que debía poner pausa a su ajetreado día porque yo necesitaba ayuda con algo que yo mismo me había comprometido, entendiblemente se molestó y me cayó la respectiva alegada.

La moraleja que me queda es dejar de decir “Sí” a todo lo que venga. Nunca podremos complacer a todos. Cada vez que decimos “sí”, le estamos diciendo “no” a otra cosa, y en muchas ocasiones, ese “no” se lo asignamos a nuestra paz mental, dándole sigilosamente la bienvenida al estrés.

Aprendamos a decir “no” de vez en cuando. Nadie ha muerto por ser honesto. Y menos con nosotros mismos.

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