Todo depende de vos

Fotografía: “Bajo el mango” de Patricia López Benítez.

En los días pasados la prensa nacional ha publicado unos cuántos casos de éxito de estudiantes de escasos recursos que aprobaron la postulación para las becas de Itaipu. El logro alcanzado por estos jóvenes es de admirar -claro que aún les queda ingresar a sus respectivas universidades para poder mantener la beca e ingresar formalmente a la educación superior-. Ahora, la crítica viene en el momento en el que se intenta instalar -por parte del gobierno, la prensa y algunos compatriotas- el pensamiento “todo depende de uno mismo” como norma general, dejando a un lado la funesta realidad nacional.

Vamos a zambullirnos en algunas cifras para poder dimensionar la amplitud y complejidad de algunos problemas de nuestro sufrido país.

Paraguay tiene una población total de 6,8 millones de habitantes. De los cuales 1.530.000 (22,5%) viven en pobreza y otros 710.000 (10,4%) en pobreza extrema -casi en su totalidad indígenas-. De los pobres y pobres extremos unos 1.393.000 (20,5%) viven en áreas rurales y 846.000 (12%) en áreas urbanas.

Pobreza (moderada): vivir con menos de 2 U$D al día
Pobreza extrema: vivir con menos de 1 U$D al día

Revisemos ahora el salario promedio de algunos departamentos, teniendo en cuenta que el salario mínimo vigente es de 1.824.055 Gs.
• Concepción: 536.926 Gs
• San Pedro: 541.237 Gs
• Alto Paraguay: 118.151 Gs
• Paraguarí: 434.986 Gs
• Caazapá: 340.586 Gs
• Caaguazú: 654.716 Gs
• Central: 1.074.610 Gs

Creo que con lo expuesto ya tenemos un panorama un poco más claro del “país de maravillas”.

Abordemos ahora un tema rezagado por muchos al momento de proyectar el futuro, la desnutrición. Según estadísticas de UNICEF: el 44,1% de la niñez menor de 5 años sufre o está en riesgo de desnutrición en Paraguay. Y es este porcentaje alarmante el que nos posiciona como la nación con el mayor índice de desnutrición en Sudamérica. Pero como siempre es interesante comparar, les comento de paso que la siempre satanizada Cuba tiene un índice de desnutrición infantil del 5%.

Archivo ABC Color

Profundicemos en este tema considerado como el resultado final del subdesarrollo. Reconozcamos primero que la desnutrición infantil no es simplemente la falta de alimentos, sino que es un conflicto social más profundo, y que deber ser considerado obligatoriamente si buscamos un desarrollo a futuro. En cuanto a lo que biológicamente respecta, podemos decir que el mayor impacto lo sufre el cerebro del niño, en el mismo se producirán alteraciones metabólicas y estructurales irreversibles. Truncando así, desde el inicio, el proceso educativo. Este daño además de afectar al infante también afecta a toda la sociedad, ya que la principal riqueza de un país se encuentra en su capital humano.

Llegamos al último tramo de este texto, ahora sólo queda hablar algo de educación y concluir.

El Banco Mundial afirma que la educación es uno de los instrumentos más poderosos para reducir la pobreza y la desigualdad y sienta las bases para un crecimiento económico sostenido. Ahora recordemos que Paraguay invierte menos del 4% del PIB en educación, en comparación con nuestros vecinos Argentina y Brasil que invierten más del 6%. Recordemos también que en Paraguay más de la mitad de los estudiantes no culmina la educación básica (hasta noveno grado). Y tampoco está mal traer a la memoria el desvío de más de 6,7 millones de dólares del FONACIDE para la adquisición de equipos militares. Un fuerte aplauso para el gobierno por favor. Es resumen, la educación no es una prioridad.

Ahora bien, ¿les parece medianamente justo pregonar la idea de “todo depende de vos” en lo referente a la educación? Al menos en este país. Un país donde por regla general la calidad educativa es paupérrima, donde el 44% de los niños menores de 5 años padecen o están en riesgo de padecer desnutrición, y que cuenta con 1.530.000 personas viviendo en la pobreza y otras 710.000 en la pobreza extrema. Un país con altos niveles de violencia intrafamiliar -y cuyas cifras se acrecientan en los sectores más humildes de la sociedad- que aún sigue construyendo viviendas sociales pequeñas, que no hace otra cosa más que aumentar esta forma de violencia. Produciendo daños psicológicos en los niños, que podrían afectar su proceso educativo. Un país con una marcada desigualdad social que permite que pocas familias puedan mandar a sus hijos a colegios privados con el anhelo de que reciban una mejor educación, y que ésta le sea beneficiosa en el futuro a la hora de acceder a una universidad. ¿Les parece justo?

Es como si fuese que se nos implantó el chip del sacrificio, que tenés que sacrificarte sí o sí, que eso es bueno, que así no más luego tiene que ser. Basado en la reflexión de una amiga, pienso que debemos ser claros en un tema: para ingresar a la universidad se necesita esfuerzo, pero no debemos llegar al punto de convivir con sacrificio como si fuese algo normal. Necesitamos reducir las brechas de acceso a la educación superior, y eso no se consigue parcheando la educación media y menos negando el acceso a una beca que para muchos quizá hubiese sido su único medio de titularse con una carrera de grado.

Recordemos que el trabajo integral y transformador de la educación comienza desde antes de la concepción del individuo.

Entonces… ¿Está bien pregonar “TODO depende de vos”?