Trinidad Begines Gómez: Viaje a una biblioteca itinerante

La creadora palaciega frente a una de sus estanterías (Foto: Trinidad Begines)

Aunque cree en la inspiración como motor de creación poética, trabaja tenazmente en busca de la palabra adecuada, de la palabra que evoque y sugiera. De la palabra que impacte. Entiende que la poesía es concebida para ser recitada. Así, ese impacto, evocación y sugerencia aparecen en su voz cuando se mira en un poema y recita unos versos.

Trinidad Begines Gómez, filóloga y profesora de Lengua y Literatura, es una creadora incansable. Su primera obra fue el poemario Las hojas caídas de los árboles, publicado en 1997, pero escrito cuando contaba con tan solo 19 años. Luego llegó el libro autobiográfico Habla conmigo (Ediciones Andante, 2012), en el que relata el afán de alguien por cumplir un sueño. Su última publicación es, hasta el momento, pues ya trabaja en una nueva, Donde habita la esperanza (Ediciones Andante, 2014).

Involucrada siempre en infinidad de actividades culturales con el objetivo esencial de fomentar la lectura y la escritura, Trinidad ha colaborado en variadas revistas y ha participado como jurado en el certamen de poesía del Ateneo de la ciudad de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), donde vive e imparte clases actualmente. Es en el IES Picacho donde esta palaciega vuelca cada día su pasión por enseñar y dar a conocer las grandes obras de la literatura.

Ruta por una biblioteca en movimiento

La vida de esta creadora palaciega es una vida llena de viajes. Desde que comenzara a viajar de pequeña con su familia, no ha parado nunca y ha conocido ya multitud de lugares. En ocasiones, por ocio; en otras, por trabajo, que no es más que ocio visto desde una perspectiva diferente. Sus libros siempre han formado parte de su maleta, y han acompañado a Trinidad en cada una de sus aventuras. Además, vive a caballo entre Los Palacios y Sanlúcar. Esto ha hecho que su biblioteca sea itinerante. Así, mientras me cuenta sus periplos, yo imagino que estos libros podrían escribir un diario de viaje.

Por ello, creo que la mejor forma de conocer su biblioteca es hacer una ruta literaria por los rincones culturales y artísticos de esta palaciega.

Podemos comenzar nuestra aventura en Los Palacios. En la primera parada, situada en un salón de su casa, encontraremos distintas enciclopedias, compradas por su padre cuando ella estudiaba primaria, y con las que se inició en el mundo de los conocimientos. Descubriremos también aquí otros ejemplares editados hace varias décadas. Trinidad mima sus libros, y considera que el pasar de los años no resta valor a estos. Aún guarda muchas de las obras que leía cuando era pequeña.

En el segundo destino de nuestro viaje, continuamos en Los Palacios. En una estantería ubicada en una habitación, hallaremos obras publicadas por diversos autores locales. Junto a ellas conviven libros que leía de adolescente, los temarios de las oposiciones y libros de Historia, otra de sus pasiones. También contemplaremos títulos clásicos de la literatura española. Aquí comienza, además, una colección que tiene su continuación en la siguiente parada de esta ruta.

El tercer espacio contiene la mayor diversidad de monumentos literarios. Podremos disfrutar de enciclopedias de Literatura Universal, del resto de la colección de las grandes obras clásicas españolas, de textos de especialización usados en sus clases, de libros de amigos y compañeros o de una enciclopedia de Crítica Literaria, de Francisco Rico. Veremos también títulos clásicos de autores andaluces. Muchas de estas obras fueron adquiridas durante su etapa como estudiante y han marcado su formación literaria.

Tercer destino de la ruta literaria (Foto: José P. Fierro)

Todavía queda una última parada antes de marcharnos de Los Palacios. Junto al horno en el que su padre hacía el pan, se halla un mueble repleto de libros. Después del trayecto recorrido, ya habremos observado que Trinidad ordena los libros, sobre todo, por colecciones. En este destino, encontraremos una nueva colección de autores pertenecientes a la Literatura Universal. Está ubicado en un lugar con un aura especial, en el que dan ganas de quedarse mucho tiempo. Pero tenemos que continuar nuestro viaje. Debemos partir hacia Sanlúcar.

La biblioteca de esta localidad gaditana es un lugar aún desconocido para mí, pero Trinidad me cuenta qué secretos se esconden en este espacio literario. En este destino podríamos ver, sobre todo, literatura contemporánea, tanto poesía como novela, o una colección de libros cuidadosamente encuadernada de Don Quijote de la Mancha. Este rincón literario también cuenta con títulos didácticos, filosóficos, de religión o históricos. Me envía varias fotos a modo de postal para que pueda ver los ejemplares que allí encontraríamos.

Libros que se ven

En nuestra ruta por estos espacios literarios también veremos diversas pinturas. Estas forman el mural paisajístico de los destinos por los que pasaremos al visitar la biblioteca de Trinidad. Pregunto por los cuadros y me cuenta que estas obras han sido realizadas por su pareja, el pintor Enrique Malvar Almenara. Este sevillano también ha sido el ilustrador del poemario Donde habita la esperanza. Palabra e imagen se funden para hacer de la obra y de la biblioteca de esta palaciega una bella composición artística.

Cuando escribí sobre la biblioteca de Álvaro Romero Bernal, comenté que los libros, en ocasiones, nos hablan de la relación entre el escritor y el lector. En el caso de Trinidad, nos hablan de una relación de amistad con el escritor José Anguita Cervera. Nuestra palaciega tiene varios de sus libros dedicados por este autor sevillano.

Los libros también pueden enmudecer. Si trasladamos esto al lenguaje visual, diremos que los libros también pueden ser transparentes. Sucede cuando en ellos no hay rastro del lector. No es el caso de Trinidad, quien, aunque cuida con esmero cada uno de sus ejemplares, subraya a lápiz aquellas partes de los libros que le parecen más interesantes, o anota en ellos sus reflexiones, ideas y actitudes. Nos muestran a una lectora crítica, a una lectora despierta, que analiza las obras y que va más allá del simple hojeado de sus páginas.

Trinidad Begines recita un poema (Foto: José P. Fierro)

Aúna el respeto y la afición por los clásicos y por los contemporáneos. De autores del Siglo de Oro, pasamos a grandes escritores de nuestros días. Surgen en nuestra conversación algunos de sus autores de referencia, como Rafael Alberti, Vicente Aleixandre o Salinas. Hablamos también de 100 sonetos de amor, del poeta chileno Pablo Neruda, ejemplo de la itinerancia actual de la biblioteca. Esta obra acompaña últimamente allá donde va a Trinidad, quien, además, recita uno de sus poemas siempre que puede. Está convencida de que a la gente le gusta la poesía, pero solo se da cuenta cuando la oye recitada.

Todo viaje, y todo poema, tiene su final. Llega el momento del retorno. Para muchos, el camino de vuelta es amargo porque dejamos atrás grandes momentos y emociones. Retorno a la realidad. Pero siempre cabe la posibilidad de volver a visitar ese lugar. Cada vez que leamos unos versos, disfrutemos de un recital poético o escuchemos a alguien hablar con pasión y ternura de libros, estaremos regresando a la biblioteca de Trinidad.