Modernización de la justicia. Parte I.

Hace una semana celebraba una Audiencia Previa en los Juzgados de lo Mercantil de Sevilla que, casualidades de la vida, se mudaban a un edificio más bonito y moerno.

Después de evitar que me metieran en una caja con toga incluida, mi cabeza fantaseaba con un mundo judicial digital en el que no existían intermediarios entre Juzgado y Letrado y en el que todo funcionaba mejor.

(lo siento, Procuradores, otras funciones vendrán).

Pero ¿porqué esta ida de olla? Básicamente, venía patrocinada por el lamentable estado de los Juzgados en los que me tocaba actuar.

Y es una pena, pensaba, sabiendo que en enero de 2016 entra en vigor la ley del “papel cero” pero que silenciosamente hay establecido un “obedezca pero no se cumpla” por falta de medios. Por no hablar de la resistencia al movimiento en esta profesión.

Otra oportunidad pérdida.

Juzgado de lo Mercantil de Sevilla, fotografía tomada de ABC.es

Y es que no solo se trata de poner ordenadores y quitar el papel. La reforma podría mejorar mucho la justicia, con tantas posibilidades que mi cabeza hace chiribitas.

Bien pensada, nos traería cantidades inmensas de información que nos ayudaría a tomar mejores decisiones, más propias de profesionales juristas que de chamanes, que es lo que parecemos la mayor parte del tiempo.

¿Cuanto tarda un asunto de principio a fin en un Juzgado cualquiera de España?¿Porqué ese Juzgado es más rápido que el resto? Infinitas preguntas que se pueden responder con datos que existen pero que no se recogen.

En definitiva, de abordar correctamente la digitalización de la justicia, podríamos implantar una oficina electrónica que permitiera llevar la estadística judicial a un paso más, hasta llegar al Big Data — que tan de moda está en muchos otros sectores de lo público — para tomar mejores y más fundadas decisiones en Derecho.

El futuro de la abogacía pasa inevitablemente porque los abogados, además de todas las habilidades que ya deben de tener en su cartera, dominen otra capa más de información: la estadística.

Una suerte de “jurisprudencia de procedimientos” con la que llegar a mejores conclusiones y ofrecer mejores respuestas a nuestros clientes: riesgo de sanción por hacer o no hacer tal o cual, ratio de éxito de una posible estrategia, manejo de los tiempos… lo que redundaría en mayor seguridad jurídica y, por ende, en una justicia mejor.

Estoy seguro de que más pronto que tarde veremos estas ideas avanzar en nuestro sistema de Derecho. Ideas de un jurista al que de vez en cuando le tira su parte de politólogo.

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