Raíces

José Roberto
Jan 4 · 3 min read
Photo by Blake Weyland on Unsplash

Hubo un tiempo en la década de los 2000, cuando en respuesta a la hipocresía de la Iglesia evangélica, era necesario iniciar nuevas y creativas expresiones de lo que significa ser crisitiano y ser iglesia.

Muchas de estas expresiones se dieron en muchas partes del mundo; por ejemplo, en Estados Unidos, se le llamó a este movimiento: “la iglesia emergente”. En mi caso, conocí diferentes expresiones de esta nueva manera de ser iglesia; en El Salvador, estaba la New Family, la Ruta 3:16, y otros ministeiros y movimientos por ahí, y ya luego llegó León Comunión. Creo que estas, y seguramente otras expresiones, son frutos de la búsqueda de aquella época.

Ahora, yo creo que estamos a las puertas de otro gran despertar de lo que significa ser iglesia.

Dios está restaurando todas las cosas. Las instituciones, como la Iglesia evangélica, están fracturadas, heridas, rotas, como muchas personas, y necesitan ser encontradas, afirmadas, redimidas, sanadas y restauradas.

Y creo que el punto, en este nuevo tipo de iglesia que necesitamos construir, no es acerca de tirar a un lado nuestras tradiciones. Todo lo contrario, es acerca de conocerlas y estudiarlas, y encontrar en ellas todo su tesoro.

Estoy convencido que un viaje hacia atrás, hacia nuestras raíces, es necesario.

Afirmar las verdades centrales de la fe cristiana ortodoxa, mirándonos a nosotros mismos dentro de una gran línea de generaciones, que toman su rol en esta conversación sin fin que estamos sosteniendo entre Dios y las personas.

Yo creo que la Biblia son las voces de muchas personas, con contextos, antecedentes, perspectivas e intereses, que inspiradas por Dios nos han compartido, a través de poemas, historias, relatos, testimonios y cartas, sus perspectivas acerca de lo divino, de la vida, de las relaciones y prácticamente de todo lo que nos rodea.

Para saber hacia dónde vamos, hay que saber dónde hemos estado.

Así que, al mismo tiempo que criticamos lo peor de la Iglesia, podemos celebrar lo mejor que posee. Necesitamos excavar en la historia de la iglesia, y rescatar todos sus tesoros. Necesitamos celebrar y afirmar y compartir lo mejor que cada tradición nos ofrece.

Yo quiero en mi vida, el fuego de los pentecostales, las enseñanzas de los bautistas, el amor por la escritura de los luteranos, el servicio de los jesuitas, el misticismo de los franciscanos, en fin: La pasión de los evangélicos y el misterio de los católicos.

Yo tengo una gran confianza en que Dios restaurará toda la creación bajo la autoridad de Cristo. Creo que cada iglesia debería hacerse la pregunta: “¿Qué significa vivir esa futura realidad hoy?” Y es por eso que paso constantemente explorando, cuestionando, luchando con nuevas y creativas maneras de vivir y comunicar las enseñanzas de Jesús.

Veo mi fe como un viaje, así que asumo el cambio, espero la innovación, y le doy la bienvenida al renacimiento de todas las cosas.

Una de las mejores promesas que esta nueva iglesia puede hacer es reclamar lo mejor de sus tradiciones, con la mirada puesta en un Dios que está haciendo algo ancestral y nuevo, a la vez.

Esta generación merece una mejor calidad de iglesia, con la clara, relevante, simple, obvia y aún así radical idea: No es acerca de nosotros. Es acerca del Amor, como Jesús enseñó y encarnó.

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