Así es sobrevivir con la peor conexión del mundo (literalmente)

Crónicas de un geek navegando a menos de 1MBps

Mi conexión a internet es tan lenta que te da tiempo de pensar, analizar, reflexionar, tomar café y hasta maquinar en tu mente tu próxima jugada de ajedrez, tus planes para las vacaciones o simplemente reflexionar sobre la trascendencia de la vida más allá de la muerte, todo mientras esperas que cargue Gmail. Podría incluir un pantalla con la captura de Speedtest, pero es que ni siquiera carga su sitio web.

Vivir con la peor conexión del mundo, título oficial que ya posee flamantemente Venezuela, no es nada sencillo, aún cuando sobrevives en un país que si no es líder, está en el top en casi cada aspecto negativo de una sociedad (los iré desgranando mas adelante).

En esa eterna espera que abra un correo, abra una página web o que cargue una imagen de Instagram, se me ocurrió grabar un video de lo lento y tedioso que es soportar esta conexión de ABA, pero luego pensé que nadie lo vería, precisamente por aburrido. Quizás solo sería interesante para venezolanos en el exterior y solo serviría para que se disipen sus dudas cuando les entra la nostalgia y les pasa cerca de su cabeza, así sea a kilómetros (o millas, dependiendo de donde hayan emigrado) la idea de regresar. Un video así bastaría para hacer desistir al mas nostálgico y sentimental.

Y no, no es banal quejarse de la conexión a internet en el país más violento del mundo, con la inflación más alta del mundo, que lucha contra un cáncer llamado socialismo y cuya sociedad, cual sistema inmune, lucha por expulsar de su organismo a un mal que convirtió al país con mayores reservas petroleras del mundo en uno que tiene peor ingreso per cápita que Haití, el país mas pobre de America. En Haití, el sueldo mínimo es de 5 dólares al día, en Venezuela, 5 centavos de dólar. Si eres más pobre que el más pobre, ¿qué eres tú entonces?

Y digo que no es banal porque educación y acceso a la tecnología son las autopistas del progreso, especialmente para aquellos países que desean salir de la pobreza. Una sociedad con una pobre educación (revise el ranking de calidad educativa de la WEF de abajo hacia arriba y encontrará a Venezuela detrás de varios países africanos, entre los últimos del mundo) y sin acceso a tecnología de punta, tendrá cerca del milagro el poder romper con los ciclos de pobreza e ignorancia (o ignorancia y pobreza, no se sabe qué va primero) que caracterizan a los países del 3er y 4to mundo, porque si Venezuela no está ya en el 4to mundo, esto que vivimos se parece igualito. En el 3er mundo estábamos hace 20 años, cuando leíamos en los libros que Venezuela era un país del 3er mundo pero en vías de desarrollo, hoy ni siquiera estamos en vías de destrucción, porque ya recorrimos esa vía. Y aunque siempre se puede estar peor, estamos más cerca del final del túnel, el inicio de la nada.

Dificultar el acceso a una tecnología decente, en un país donde un ciudadano clase media tiene imposible comprar un computador por su altísimo precio, donde también es imposible importar un equipo desde el exterior por un férreo control de cambio, con velocidades de conexión de apenas 1MB (con suerte, cuando hay, el resto del tiempo son sólo unos cuantos Kbps) es condenar a las nuevas sociedades a permanecer en un círculo de ignorancia, pérdida de competitividad, pobreza y dependencia de las ayudas del Estado, ese mismo Estado que se roba 7 de cada 10 dólares que ingresan al país (números de transparencia internacional) y que automatiza, carnetiza, moviliza y chantajea abiertamente a quienes reciben ayudas estatales a votar por ellos, bajo la amenaza de perder esos escasos beneficios si no los apoyan, de esto hay cientos de videos en Youtube, si desea encontrar ejemplos específicos. Ese tipo de Estado difícilmente querrá gente culta e informada, gente educada y con sólidos valores morales, gente que no dependa económicamente de ayudas estatales y que tenga pensamiento crítico, en resumen, gente que no puede ser “convencida” con una bolsa de comida de mala calidad o con la promesa de un apartamento en un bloque -de apartamentos- pobremente construídos en zonas de alta peligrosidad.

No se trata de que los geeks no podemos ver películas de Netflix en HD, se trata de que no podemos abrir un correo rápidamente, ni cargar un sitio a una velocidad aceptable, no podemos hacer una llamada por Skype, ni siquiera usando solamente voz, sin que se caiga. No podemos participar en webinars, ni hacer una videoconferencia, ni una videollamada, ni transmitir eventos en vivo, incluso ni siquiera subir un video de 1 min a Twitter de algo que hayamos grabado. Tampoco puedo, como profesor universitario que soy, dar una clase en vivo, porque las velocidades lo hacen imposible, no hay servicio que pueda funcionar a velocidades tan reducidas. Inclusive seguramente al tratar de publicar este post, me lleve media hora o más tratar de publicarlo, con varios mensajes de timeout incluidos.

Esto redunda en una pérdida de competitividad a nivel global de nuestros profesionales, quienes aparte de no poder desarrollar nuevas competencias técnicas, están incapacitados para competir en un mundo que sigue avanzando, mientras nosotros estamos, en el mejor de los casos, estancados en el tiempo, hace 20 años atrás para ser más específicos. No puedes ser competitivo cuando algo que otros hacen en segundos, a tí te tome varias horas. Multiplica eso por cientos de tareas en un día y el retraso no es de horas, es de años de pérdida de tiempo.

Lo más triste de esta historia, es que esta lentitud no sólo se debe a falta de inversión (que la hay), a incapacidad técnica (que la hay) o a ineptitud (que la hay) sino que atiende a una política macro de aislamiento digital de la sociedad (más info acá). Un approach que resulta una mezcla del bloqueo chino, el control norcoreano y la obsoletas telecomunicaciones cubanas y que para nada es la conclusión de un geek paranoico obstinado por una conexión mediocre, sino resultado de una política estatal que se esgrime abiertamente en los planes de la nación, como puede ver en la siguiente imagen:

«Plan de la Patria 2013–2019»

Al fin y al cabo, ¿qué tipo de gobierno desea una sociedad hiperconectada e hipercomunicada con el resto del mundo? La respuesta es obvia.

Los dejo, ya cargó Gmail.