En esta tierra

Más vasto que la tierra es el lenguaje.
Cuando aquella biblioteca
que Hipatia custodiaba
quedó en cenizas reducida,
sólo el Islam brilló en la Europa toda.

East Side Public Library, Detroit

A diferencia de Occidente,
unido en una sola idea,
el pueblo que origen fue de los Baljag
en dos opuestos mundos
halló su casa de silencios
y su templo de arena y viento aleve.

Tal vez esos Baljag alguna vez
hicieron la albayalde suya,
pero entre la aljamía y el algarve
su huella es discernible
en venerables monumentos
como la Colegiata de Alcañiz y sus arcos
o el monasterio de Alcobaça y su fachada.
Y en la España toda,
los alfarjes, bufetillos y ajimeces,
aljibes y alhacenas, las algorfas y alhanías,
los dispersos minaretes y almenares,
alfareros y aljabibes, algorabes y almadraques,
alforrochos y alicantes, entre alhelíes y altramuces,
toda esa algarabía de palabras
documenta un mundo ya en desuso
igual que las clepsidras de Azarquiel.

Y en ese huir y nuevas tierras
de mil maneras conquistar
–como Ziriab con las trufas y escabeches,
la lógica de los vestidos y el color,
las telas y el grosor según el año,
el orden de la mesa y los cubiertos
y hasta el ajedrez en el noveno siglo–,
por ignorantes reyezuelos expulsados,
que no supieron del asombro milenario
de Gerardo de Cremona al descubrir
los textos de Al Haytham,
mientras la alquimia su reinado arcano
de la luz del siglo ocultaba,
y entre alambiques resonantes,
el resplandor del alcrebite
y los elíxires sonoros,
algarivos aquí y allá,
al amparo de algorabes,
y con la guía de enigmáticas almicantarats,
llegaron los Baljag a esta tierra
–donde el mal de amores
bien haría en llamarse,
como si fuera un árbol, algafacán–
con su carga de silencio y almalafas.

Y aquí también las huellas hay deste linaje,
desde los almocarabes de las sillas y sillones
de la sala colonial que en mi casa están,
hasta la ochavada fuente que en Palacio Nacional empedrece,
y que en 1666 don Isidro de Sariñana refiriera
y un siglo después Juan de Viera, sin haberla visto,
quisiera corregirlo y describirla nuevamente,
para alimentar la desmemoria de esta tierra,
en que alguna vez la Virgen
amparada estuvo por Alá, en una iglesia
que no sabía de este sincretismo.

Y de los muchos monumentos, iglesias y hospitales,
que alberga el Centro Histórico,
y en los que los mozárabes
su firma de silencios dieron,
los más notables son –por su oscura discreción–
la Capilla de la Inmaculada Concepción
y la fuente do el Salto del Agua su inicio tiene.

Allí la iglesia solitaria permanece
con sus altos muros ciegos
y sus ventanas ochavadas,
su siniestro campanil y su Cristo silencioso
–que alguna vez en sueños te eligió–,
como un emblema de De Bry,
con el sol y la luna alquímicos,
y justo enfrente, también hermética,
la fuente con el hombre a la derecha
y a la siniestra la mujer,
y en medio el vas paciente y el águila imperial
y la torre que Nerval creyó abolida,
por dos leones custodiada,
con su inscripción en español antiguo a la diestra,
relatando que con los «varios, prolixos y eƒquicitos eƒperimentos para dar mayor elevación y más fuerte impulƒo a la Agüa, ƒe conƒiguió el de vara y tres quartas mas de la que al tiempo de esta nueva Arqueria te-nía ƒiendo aƒsi que ƒe hallo que los Señores Governadores anteriores la elevaron a la tergea poco más de vara De donde se vee, que en eƒsa ul-tima construcción ƒe ha coƒeguido llegaƒe a la de dos varas y tres quar-tas de altitud mas de la que en ƒu origen tubo», pues «Se advierten de de diƒtancia desde la roma en la Alverca haƒta eƒta caja 4663 varas y desde el Puente de Chapultepec 904 arcos», un «dos de Marzo, de mil ƒetecientos ƒetenta y nueve».

Todo ello a los Baljag proclama
y a ellos pertenece, igual que a los Alcázar,
a los Ibáñez, a los Alcaine y Alboreda,
los Vendabal y tantos otros
que en el Levante su origen tienen.

Y así te digo que en verdad
hay algo en esta tierra
que siempre ha sido sólo tuyo.
Si la alquimia de la arena
y el lenguaje de los vientos heredaste,
también eso te aguarda en este templo
que tú has fundado sin saberlo.