Solsticio de verano 2017

Nuestro calendario me resulta bastante sospechoso, esta lleno de subjetividades, como el inicio y el fin de año, la división de los meses y sus días repartidos de forma tan particular.

Por contraparte, sucesos astronómicos como los solsticios y los equinoccios se me hacen más claros, fáciles de combrobar por la pura observación.

Casualmente el solsticio de este año marca también mis primeras dos semanas viviendo fuera de la ciudad, tratando de reconciliar mi forma de ganarme la vida, con la forma en la que quiero vivir mi vida.

En estas dos semanas he atrapado dos alacranes (que he devuelto a su hábitat), un ratón de campo (también deportado adecuadamente a su entorno natural), he aprendido a entender los aullidos de husky, y acondicionado un lugar de trabajo.

No pienso vender la idea de dejarlo todo y empezar de cero, yo no lo estoy haciendo, en el fondo no estoy arriesgando nada, solo pienso que no tiene mucho sentido dejar pasar el tiempo sin hacer las cosas que a uno realmente le hacen feliz.

Este solsticio implica un importante cierre de ciclo para mí, y un principio de nuevos retos, en lo personal, lo académico y lo profesional, pero no tengo miedo, las dos últimas semanas he sentido un importante acompañamiento de mi familia, mi pareja (principal razón para estar aquí) y mis amigos, por eso he querido escribir hoy: gracias.

El solsticio marca el comienzo de un nuevo periodo, es un momento para celebrar que estamos vivos, que no estamos solos, que formamos parte de una compleja trama de relaciones que son las que dan a la vida sus matices y alegrías.