El cuento de las comadrejas y el tema del prestigio

No puede haber una debacle sin una majestuosidad construida previamente, y El cuento de las comadrejas llegó a las salas para corresponder a cada ítem de su prestigio: acá está el gran alumno para homenajear a su maestro, con cuatro actores de primera línea, en una película como las de antes y con guiños a esa gloria que nuestro cine supo alcanzar. Él es el Messi del cine. Muchos éxitos.

No es como si la película tuviera alguna culpa por la expectativa que causa, la campaña de promoción que le hayan adosado ni (mucho menos) por el bando de la grieta que parezca difundirla con mayor entusiasmo. Campanella mismo señaló que pretende que su cine trascienda cualquier dicotomía política, o influencia que su postura pudiera provocar, con el ánimo de que la obra perdure limpia de ese tipo de discusiones: weird flex but ok (1). El cuento de las comadrejas habla tanto sobre sí misma y su director como lo hacía Los muchachos de antes no usaban arsénico, y en ese sentido la remake viene a revelar que Campanella se encuentra en el lugar exactamente opuesto a aquel en el que estaba Martínez Suárez. La tentación llama a chicanear con que ningún presidente en ejercicio recomendaría una película como la original si se estrenara durante su mandato, pero el problema verdadero es cómo Campanella se encierra solo con las herramientas que elige, de tal manera que su versión nunca llega a alcanzar la contundencia de la película del 76. Quizá eso es lo que haga que una obra dure 43 años en la memoria popular, pero la discusión quedará para otro momento.

La autoconsciencia de las dos películas, como dice el colega Juan Pablo Martínez, es lo que hace lícito analizar a la remake comparándola con la original, pero también es la manera más sencilla de identificar lo que provoca el maximalismo con el que Campanella convierte cada pieza que toma de la obra anterior. Si Martínez Suárez administraba los climas con la misma perversidad con la que sus personajes aplicaban sus tormentos, Campanella declama, explica de más y subestima la capacidad de seguir una mínima progresión dramática (ni hablar de un detalle en el cuadro, como en la escena de la tarántula o el cambio de manos de una escopeta). Si la original quemaba calorías con cada herramienta cinematográfica de la que disponía, la remake verbaliza todo lo que se encuentra a su paso. Aquello que en Los muchachos ayudaba a incrementar la tensión es, en El cuento, un vehículo para remates impostados y visibles a dos cuadras. El final original se evitó por si llegaba a resultar inconveniente para la época actual, y sin embargo los diálogos entre los personajes de Borges y sus compañeros de hogar están llenos de devoluciones propias de Casados con hijos. Con la misma intención se desdobló al personaje de Bárbara Mujica -la MVP por escándalo entre un elenco colosal- para ubicar a una pareja estafadora salida de un film noir escrito por Cris Morena. Donde Martínez Suárez y Gius quitaron cualquier rasgo de posible empatía, para desorientar al espectador en la ensalada de miserias, Campanella introduce subtramas insólitas con picos agotadores. Todo se siente peor que una lavada de cara: es como rebajar con agua la misteriosa jarra que servía Martínez Suárez.

El cambio de óptica sobre el cuarteto principal requiere de otros giros incomprensibles: el elenco de la original montaba algo parecido a un (buen) partido homenaje, reciclando los mejores trucos de su carrera y resignificando la villanía de paradigmas anteriores, mientras que las “viejas figuras actuales” se quedan a mitad de camino entre un mal ejercicio à la Tropic Thunder (o una UPA! en versión industrial) y una autoparodia con disforia de época: los personajes brillaban en los sesentas y setentas pero sus películas apócrifas remiten a la época de los estudios, y un flashback retrotrae a un rodaje que pareciera de un período incluso anterior. La visión de Campanella es igual de borrosa en los reproches que planta a sus personajes (no se entiende si está tirando una chicana cuando su Mara Ordaz se queja del ímpetu que tuvo el personaje de Oscar Martínez para realizar un documental social en los setentas, terminando en el exilio y volviendo al país para realizar una película mediocre) y hasta en sus testimonios promocionando la película, sugiriendo que los cineastas argentinos jóvenes se dediquen a construir un nuevo star system en detrimento del cine con no actores o figuras poco reconocidas, un movimiento que aduce que “el cine independiente” impulsó desde la década de 1980 en todo el mundo (2). Esa fórmula es mucho más sencilla que el desafío de llenar las salas, y El cuento de las comadrejas convocó en su primera semana al 28% de los espectadores que Metegol llevó al cine en cuatro días (3).

Sin el tiempo suficiente para celebrar o lamentar la convocatoria, pero con un apoyo prácticamente completo de la prensa, una reseña vino a interrumpir el desfile triunfal de la película: la crítica Paula Vázquez Prieto la calificó como “Buena” en La Nación, señalando las fallas de algunos momentos pretendidamente cómicos y de la apuesta de Campanella por abrir la película a nuevas locaciones. El crítico Leonardo D’Espósito declaró esa reseña como “mala en serio” y “escandalosa”, el mismo día en que su propio artículo para la revista Noticias afirmaba (presumiblemente con mucho mayor vuelo que el de Vázquez Prieto) que la película “genera sonrisas y lágrimas desde una manipulación compartida con los espectadores de modo noble, sin golpes bajos”. Axel Kuschevatzky, productor de la película, se sumó a la queja de D’Espósito declarando que Vázquez Prieto es una persona “con un claro desprecio por el cine local con aspiraciones masivas”, que no entiende “por qué la mandan a cubrir films que detesta antes de ver” y sugiriendo que existe un “problema de casting” por parte del diario al haberle asignado la película, entre varios tweets aclarando que no cree que la crítica tenga peso sobre el destino de una película, que no espera laureles y que no responde a reseñas positivas o negativas. La queja sobreactuada frente un texto tan medido en sus argumentos dejó en evidencia la neurosis que despierta correrse levemente de la admiración general hacia un estreno tan prestigioso. También dejó en claro que algunas cosas no salieron tal como se esperaban. Quizá la misma película haya sido una de ellas.

(1) https://open.spotify.com/episode/3d37Pz2tKMdawsK7waKhwT?si=ilT4QR04R_OCAhbjC0owEg, desde los 05:50.

(2) Misma entrevista que en el ítem anterior, desde los 33:15.

(3) https://www.otroscines.com/nota-14611-buen-debut-de-el-cuento-de-las-comadrejas-pero-no-pudo y https://www.clarin.com/cine/metegol_0_SkzPilIoPQl.html