Hay que cambiarle el nombre a la electrificación rural

Renato Oña Pólit
Aug 25, 2017 · 3 min read

Luego de una semana intensa en el InterSolar South America realizado en São Paulo Brasil, al que fui muy gentilmente invitado por la Alianza para la Electrificación Rural gracias a TTA, creo que puedo decir que la tecnología en energía solar y almacenamiento sigue mejorando mucho sobre todo en este último rubro, que sin temor a equivocarme, es donde se dirige nuestro futuro tecnológico, la disponibilidad de energía almacenada para servicios energéticos y usos finales cada vez más complejos de electricidad.

Sin embargo también siento que el mercado se está poblando de actores que están de cierta manera desvirtuando lo que representa la energía solar, al seguir enfocándose en una lucha de venta de megas instaladas no importa como, no importa donde, y ya no esa necesidad de usar sistemas tecnológicos de fuentes renovables para tener un medio ambiente más limpio sino por un mero negocio. Con todo y ello, la tecnología va entrando y es interesante ver como Brasil ha dejado una apertura a este tipo de negocios energéticos, todavía comenzando y que si bien es cierto se haya desvirtuado la razón de la utilización de la energía renovable, este modelo de negocio va descarbonizando cada vez más las matrices de generación eléctrica de los países que las comienzan a usar.

El caso de la electrificación rural aislada sigue igual que siempre, cada actor con sus ideas y recetas, cada uno piensa que ha llegado a la solución de la sostenibilidad, incluidos bancos de desarrollo, ONGs, empresas privadas y gobiernos, o que uno está más avanzado que el otro y al final se sigue dejando al último que es lo que el beneficiario quiere. Más importante es la ejecución de recursos el cumplimiento de planificaciones estratégicas que en si llegar a crear impacto pero sobre todo valor en la provisión de electricidad en zonas aisladas, o al menos que los proyectos instalados continúen funcionando después de un par de años.

Una de las conclusiones que personalmente sobre este tema pude sacar, es que los modelos de negocio con propósito social sobre acceso a energía eléctrica para zonas desconectadas de la red, deben orientarse a los usos de la energía, es decir a la creación de valor que la energía provee. Esto no es nuevo ya se ha hecho, pero lo que no se ha hecho es antes de proponer un financiamiento para paneles solares fotovoltaicos off-grid, observar preguntar y efectivamente cuantificar este tipo de negocios en la base de la pirámide en función de la economía de cada comunidad y cual seria la creación de valor que deja a la comunidad, más allá de los siempre difíciles de cuantificar beneficios sobre los impactos en la calidad de vida de los beneficiarios. En nuestro afán de cumplir con indicadores de avance de proyectos y el de brindar electricidad para habitantes en zonas aisladas nos hemos olvidado el propósito, que al final nace de la necesidad de la gente de energía eléctrica, como por ejemplo comunicación o mejor dicho telecomunicaciones, que es una tecnología que ha tenido una penetración muy alta a todo nivel, por la simple necesidad de que los humanos somos seres sociales y requerimos comunicarnos entre otros.

Al menos la propuesta de este artículo y el pensamiento que quiero dejar es que hay que cambiarle de nombre a la electrificación rural, para al menos de esa manera dejar de pensar en la electricidad como un fin, sino como un medio para conseguir el desarrollo en zonas rurales más ajustado a la necesidad propia de cada comunidad y que ese sea su primer paso en búsqueda de un mejor futuro y de sus futuras generaciones.

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    Renato Oña Pólit

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