Paramá

A mí, lo único que se me ocurre para describir la realidad es la ficción. Panamá, Palmira, un páramo, una familia, una huida, una desidia. Me sorprende que la realidad, para representar tanta desgracia, se sirva de la mala literatura. Todo es evidente, forzado. En fin, que no sé:

Coja el primer desvío a la derecha. Desconfíe, sí, tal y como le dijo mi compañero Jorge. Allí hay lobos que pasan por ovejas. Al torcer la valla, tras el salto, recoja a sus hijos para evitar que se lastimen. Imagino que una valla no es problema para alguien que ha escuchado silbos de metralleta a diario. Lo digo por los niños. Ya sabe: un niño siempre es un niño. Tengo la impresión de que no me entiende. Le digo que corra, hacia allí, que olvide a su hermana. Se ahogó. Lo siento mucho. Sí, lo intentaron todo. Hubo que elegir. Cálmese, cálmese. La sacamos del agua pero estaba gorda. Perdimos 10 segundos y fuimos a por otro. Señora, desde que trabajo en esto no como pescado. Su hermana no pudo subir y en ese tiempo salvamos a dos. Este trabajo no está pagado. Cómo se lo explico. Jorge. JORGE. Es que no hablo sirio. A ver, no me grite. Usted salte la valla, ocúltese durante el día y camine por la noche entre los setos. Puede llevar a los niños a cuestas. A esa edad duermen en cualquier situación. Jorge, creo que dice que sus hijos no duermen. Ayúdame. No, señora, la policía no: vaya a casa de un vecino. ¿Cómo que Panamá? Jorge, ¿dice “Panamá” o “paradise”?. No la entiendo: es un país para ricos. ESE PARAÍSO ES PARA RICOS. Jorge, me voy. Sigue tú. Se me acabaron las indicaciones para esta gente.

Dile que beba agua, que se va a desgarrar.

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