El cerrito de San Cristóbal II

Con toda seguridad algo estamos haciendo mal como sociedad y me atrevo a hacer este comentario ya que en estos días que he estado al pendiente del desarrollo de la consulta ciudadana y la participación de la población ha resultado bastante interesante ya que la opinión es muy diversa desde quienes te cuentan sus historias de juventud hasta los que llegan ya con un “NO” tatuado en el cuerpo.

Lo que me llama la atención es la población joven, chavos que fluctúan entre los 18 y 23 años, muchos de ellos opinan, sugieren y votan. Estos jóvenes coinciden en recuerdos de familia, en alguna experiencia vivida ya sea primeramente con los abuelos y posteriormente con los padres. La pertenecía, la nostalgia que la familia comparte de esta ciudad a sus hijos se ve reflejada en su voto y participación.

El lado contrario de la moneda son aquellos que llegan directo a firmar sin darse la oportunidad de conocer las propuestas que se ofrecen para dicho proyecto, son chavos que coinciden en ¿para que cambiar lo existente?, que todo es mentira, que no le interesa, que ya se informo en internet y que “todo mundo dice lo mismo” (en el ciberespacio), o bien simplemente se esconde bajo un rostro duro sin hablar, firma y se da la vuelta.

Me ocupo en pensar en los jóvenes del hoy que no se responsabilizan del futuro inmediato de su ciudad, de lo tangible de lo vivible. Pero parece ser que a ellos les preocupa la opinión en el ciberespacio. ¿Porqué tan jóvenes y tan temerosos a un cambio? ¿Por qué se quejan de una ciudad antigua pero a la vez se niegan a pensar en una ciudad contemporánea? ¿De qué les ha servido navegar tanto en internet?

¿Qué hay de malo en las tradiciones? ¿Cuántas malas experiencias se han de haber platicado en familia en relación al mal desempeño que han tenido o tienen nuestras autoridades para que esto pese en las decisiones que pueden y deben tomar los jóvenes? ¿Por qué insistir que vivimos en la capital cultural de Chiapas, cuando vemos a todas luces que no toda la población quiere creer en ello?

Y sobre todo ¿Por qué dejar todo en manos de la autoridad? ¿hasta cuando despertaremos y entenderemos que nuestra voz vale?

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