Caminando hacia el Capitolio con el congresista republicano Sean Duffy (R-WI)

La Promesa Republicana

Los republicanos y el Tesoro tenían su plan definido desde el principio, mientras los políticos del patio estaban cegados por su propio protagonismo.

El 30 de junio, a horas de la tarde, el Presidente de los Estados Unidos firmó la “Ley PROMESA”. Según sus palabras, esto era un “primer paso”, sazonando su firma con un mensaje por twitter que decía “proud to sign laws to improve transparency and avert a crisis in Puerto Rico I’d hoped to use my pen more often before Congress left town”. Con esta acción el pueblo puertorriqueño comenzaba un cambio profundo en la forma de ver y sentir hacia su gobierno. Había llegado el cuco, esa figura siniestra, sin rostro pero bien mentada que sería el “castigo” del gringo a Puerto Rico por décadas de desbarajuste fiscal y decadencia en el modelo económico.

Un pequeño recorrido por los partes de prensa de las largas semanas que antecedieron su aprobación, denota el escepticismo e ignorancia de muchos políticos del patio , muchos de mi partido, que vivían en la negación de que un proyecto tan absolutista como este, sobre la toma de posesión del Congreso sobre Puerto Rico, nunca se aprobaría.

El récord es claro, meses antes de su final aprobación ya yo le decía al país que nos preparáramos, que lo que venía del “Main Land” hacia Puerto Rico era una medida fuerte y que no nos iba a gustar, pero que era un hecho. Recibí muchas críticas por mis expresiones, tanto de afuera como de adentro de mi partido, así como de algunos comentaristas de noticias. Me llegaron a tildar de carga maletas de los federales y los republicanos, me tildaban de asimilista y traidor al Estado Libre Asociado, entre otras. Pero mis expresiones no eran pasionales, a diferencia de las de ellos, eran producto de mi trabajo por largos meses en la capital federal que me fueron abriendo puertas de comunicación con la mayoría republicana, en especial en la Cámara de Representantes.

Los que me criticaban y negaban la certeza de mis expresiones al País, a la gran mayoría de ellos nunca los vi en el Congreso y eran figuras desconocidas para sus miembros. A otros los vi en una que otra foto en Facebook, tomadas en las famosas escaleras del “Capitol Hill” o haciendo fila para una entrevista con algún periodista local asignado a la cobertura del tema. Todo esto para cumplir la cuota de sus 5 minutos de fama en la Capital Federal, pero dentro del capitolio, dándole al difícil ni cerca. Protestaban y protestaban por todo, pero nunca los vi realizar nada para cambiar o modificar lo que era algo que evidentemente se estaba cocinando, una Junta de Control Fiscal.

En esta jornada me acompañaron en representación de mi delegación y en diferentes momentos, los representantes, Charlie Hernández, Tatito Hernández, César Hernández, Conny Varela y por la delegación progresista, Tony Soto, Urayoán Hernández y Ricardo Llerandi. No puedo dejar fuera a un comprometido servidor público que trabajó juntos a nosotros desde el primer día con el liderato demócrata y republicano en el Congreso, al Lcdo. Pedro Pierluisi. Y aunque cada uno de nosotros no queríamos la imposición de una Junta de Control Fiscal, sabíamos que no dar la batalla, desde adentro, era mucho peor.


Grupo de legisladores boricuas reunido con la congresista Lois Capps (D-California)

¿Qué pasó en todos esos meses en la Capital Federal?, ¿cuál es la verdadera historia del nacimiento de PROMESA?; bueno…, ahora te cuento mi lado de la historia.

Todo comenzó con la enmienda Pierluisi para incluir a Puerto Rico en el capítulo 9 de quiebra federal, como lo tuvimos en la década de los ochenta. Solicitud que de salida era justa, no había razón para negarle a la isla una herramienta que el resto de los estados tienen y que incluso gozábamos de ella. La razón por la cual Puerto Rico fue sacado del capítulo de quiebra federal es una gran interrogante, no hay un solo récord legislativo de esa época que explique las razones. Al parecer fue una de esas misteriosas movidas legislativas que se esconden dentro de muchas otras pero que siempre tienen un gran interés detrás. Al parecer, alguien se quería asegurar que prestarle dinero a Puerto Rico nunca fuera un problema para el prestamista, aunque supieran que la liquidez de la isla en varias décadas se iba a acabar. Al parecer un bonista mentalista preparó el camino para que un futuro la isla se quedara sin ningún mecanismo para afrontar ordenadamente el pago de su deuda.

La intención de Pierluisi, fue buena, el respaldo fue significativo y se convirtió en una medida con apoyo bipartidista local con la aprobación de sendas resoluciones en Cámara y Senado en Puerto Rico, respaldando su esfuerzo. Esto fue la punta de lanza de mis primeras visitas a Washington D.C. en invierno del 2015. Pero la primera visita fue suficiente para saber que ese no iba a ser el camino de los republicanos y que el gobierno de Obama no iba a empujar mucho esa opción. El gobierno de Puerto Rico perdió mucho tiempo en eso, y los cabilderos de los bonistas usando sus conexiones y donantes republicanos adelantaron mucho camino para asegurar descarrilarla.

Sin embargo, si bien era cierto que Pierluisi impulso su enmienda también sabía que era un camino difícil, aún más cuando el liderato republicano dentro del PNP estaba cabildeando en contra. No es que eso tuviera demasiado impacto en el proceso, pero moralmente le quitaba fuerza. Aquí en Puerto Rico y en la diáspora en los estados se unieron en varias coaliciones para detener la junta de control fiscal y buscar un trato digno a la Isla. Incluso, a través de la Cámara organizamos un encuentro de distintos sectores de Puerto Rico con representación de la diáspora. Estos esfuerzos tuvieron resonancia mediática, pero no influenciaba mucho a los congresistas republicanos.

Ciertamente habían dos escenarios, uno que se debatía en Puerto Rico sobre lo que decía el ejecutivo local sobre su estrategia con el Tesoro de los Estados Unidos para conseguir una solución “políticamente digna” para la Isla. Y otro escenario, el que estaba ocurriendo y discutiéndose en el Congreso. La primera señal republicana la envió un joven congresista por Wisconsin de apellido Duffy, nombre muy parecido al de la cerveza de la serie animada Los Simpsons “Duff”, cuando radicó la primera versión de una junta de control fiscal para Puerto Rico. Cabe señalar que todos en Puerto Rico lo ignoraron, no le dieron seriedad por ser un congresista novato, famoso por ser estrella de un “reality show” en la época de los 90’s en los EEUU.

Cuando pregunté al Ejecutivo en Puerto Rico sobre esta primera iniciativa republicana, no le dieron importancia, estaban concentrados en su estrategia con el Tesoro , ignorando esta y muchas otras señales del liderato republicano. Esto marco a mi entender una estrategia fallida de Fortaleza al concentrar sus esfuerzos en congresistas que le parecían afines a su visión pero no con el poder suficiente de lograr empujar legislación.

Mientras el Ejecutivo en Puerto Rico mantenía en secreto su estrategia en Washington D.C., yo me monté en un avión y viaje hacia allá, quería saber qué realmente se estaba cocinando en el Congreso y qué estaba detrás de la medida del congresista Duffy. Llegué con pocas reuniones confirmadas pero gracias a Dios no hubo puerta que tocara que no se abriera, realmente había hambre de los republicanos de escuchar a un líder en Puerto Rico sobre lo que estaba pasando en la Isla y conocer lo que realmente esperábamos que ellos hicieran.

En esa primera visita, el pie forzado era el tema de la deuda y abogar por el proyecto de quiebra federal para la Isla de Pierluisi. Destaco dos reuniones fundamentales que permitieron iniciar una relación de trabajo antes de PROMESA. En primer lugar la reunión con el congresista puertorriqueño y carolinense del distrito de Idaho, Raúl Labrador y quien al día de hoy tiene todo mi respeto por su sinceridad y ayuda para enmiendas importantes que logré introducir en PROMESA, que más adelante les hablaré.

La reunión con Labrador era importante pues en varias reuniones que sostuve con congresistas republicanos todos me lo mencionaban como figura trascendental para adelantar legislación republicana para Puerto Rico. Por tal razón era crucial conocerlo, no para hablarle de la crisis de Puerto Rico, de seguro eso ya lo sabía, sino para escuchar su opinión sobre la situación de Puerto Rico con miras a convertirlo en aliado para lograr acción congresional. Además era y es un uno de los líderes del área más conservadora republicana, los llamados “Tea Party” y propulsor de la presidencia de Paul Ryan en la Cámara de Representante Federal. Sin Labrador iba a ser muy difícil aprobar algo en el Congreso para la isla.

junto al congresista Raúl Labrador (R-ID) en su oficina.

Conseguir la reunión con Labrador no fue difícil, una simple llamada en la mañana fue suficiente para que me recibiera en su despacho. Esa reunión fue muy reveladora por varios aspectos, en primer lugar el conocer por donde iban los republicanos, que resultó ser “far far away” de lo que se decía en Puerto Rico. Para hacerles un poco más dramático mi relato, yo era el primer líder del gobierno popular de Puerto Rico con el que Labrador se reunía, por eso se alegraba y a la vez se sorprendió.

A Labrador lo habían criticado en Puerto Rico por sus posturas conservadoras, lo tildaban de «vende patria». El hombre que conocí fue uno que sentía y conocía los problemas de Puerto Rico, pero representa a un estado conservador, es mormón y el único puertorriqueño (por decirlo así) en su distrito, es él y por herencia, sus 5 hijos. El pre-juzgarlo no solo estaba mal, es que políticamente era una figura importante. Nuestra conversación fue muy relevadora y marco una relación de respeto y trabajo que me abrió muchas puertas.

La segunda reunión fue con el congresista Sean Duffy, ésta la conseguimos el último día de esta visita con la ayuda de Eric LeCompte, presidente de la organización Jubilee, que representan a los sectores religiosos en los Estados Unidos y que tiene grandes lazos con la Iglesia Católica en Puerto Rico.

Cuando llegamos a la oficina de Duffy nos recibió con mucho respeto y sorpresa, estaba con sus botas de vaquero y jeans . Se notaba un poco ansioso, al igual que lo estaba yo. Pero rápido se rompió el hielo y afloró el deseo genuino de ambos de buscar una solución para la crisis de Puerto Rico. Duffy no era ningún “hillbilly” y mucho menos un “loquito” como lo querían proyectar algunos en Puerto Rico. Era una persona centrada con especialidad en finanzas que se había interesado mucho en los números fiscales de Puerto Rico por las razones que fueran, lo cual me lo demostró pues estaba empapado sobre la Isla. Un hombre de profundas creencias católicas, casado con Rachel Campos de origen mexicana y personalidad de la televisión, padres ambos de 9 hijos y ambos de 45 años de edad. Y para que empiecen a atar cabos muy amigo del Speaker Ryan y ambos representantes del estado de Wisconsin.

junto al congresista Sean Duffy (R-WI) en una de nuestras reuniones en Washington DC.

Duffy esperaba un reclamo o palabras fuertes de mi parte por la radicación de su medida, y no se equivocaba pues eso era lo que sentía. Opté por reconocerle a Duffy su interés en la crisis de Puerto Rico, quizás no por las mismas razones que las mías. Por casi una hora hablamos sobre su proyecto dejando claro mis reservas con varias partes y de la imposición de una Junta de Control Fiscal, ambos estábamos en la mejor disposición para que desde ahí en adelante trabajáramos juntos un nuevo texto. Llegamos al entendido que cualquier futuro lenguaje debía incluir la responsabilidad compartida de buscar alternativas de desarrollo económico para Puerto Rico. Sorprendentemente para mí, al igual que sucedió con Labrador, yo era el primero que lo visitaba, algo inaudito, como era posible que con un proyecto como el que se había radicado, nadie del gobierno de Puerto Rico lo hubiese visitado. Desde ahí y por los próximos 7 a 6 meses la relación con el congresista Duffy fue continua e importante hasta la final aprobación de su proyecto convertido en PROMESA.

Regresé a la Isla con una gran responsabilidad, hablarle a mi gente con claridad y sin ambages de la realidad de los lineamientos de los que estaban dispuesto a dar los republicanos y dejar claro que entre más empujáramos y reclamáramos rescate a la crisis, más duro y amarga sería la respuesta republicana. No se puede engañar al pueblo, y la verdad era la verdad. Algunos se fueron acomodando en el camino y otros esperaron a darse duro contra el muro de la realidad colonial.

Hay que recordar que el asunto de Puerto Rico se había convertido en una prueba de liderato del nuevo Speaker Ryan y que no aprobar algo era una estocada para él. Paul Ryan era en ese momento el “Golden Boy” del Partido Republicano (Grand Old Party) y potencial candidato a la presidencia. Además había sido candidato a la vice presidencia de los EEUU. Pensar que al final no iba tener el respaldo de su gente para aprobar la legislación que fuera para Puerto Rico, era total ignorancia política.

Reunido con el Chief Policy Advisor del Speaker Ryan, Austin Smythe y la Puerto Rico Policy Expert del Speaker Ryan.

En medio del proceso llamé a Duffy a su celular y le dije que quería introducir una enmienda a su proyecto y que entendía no debía afectar el consenso dentro de las facciones republicanas que estaba consiguiendo el Speaker Ryan y que a su vez era importante para Puerto Rico. Además el conocía de las críticas que yo estaba recibiendo en la isla por supuestamente estar “apoyando” a los republicanos. Ahí le presenté mi idea y lenguaje para introducir en el proyecto la creación de un “task force” congresional para buscar alternativas para el desarrollo económico para Puerto Rico y otra enmienda para designar a todo Puerto Rico como un “HUB Zones” y así darle más beneficios a las pymes. Él también estaba claro que nada hacemos con controlar gastos si no hay desarrollo económico y creación de empleos y esta enmienda ponía al Congreso a aceptar esa responsabilidad.

De esto se habló muy poco cuando se aprobó PROMESA, incluso muchos la vieron sin mayor importancia dentro del complicado proyecto, pero yo estaba muy claro en su espíritu. Esa enmienda buscaba no solo un catálogo de ideas, era más que eso, sus recomendaciones debían servir de guía a las decisiones que tome la Junta de Control Fiscal.

Los Hub Zones era una lucha que di desde el día uno en mi presidencia cameral y era muy importante para mí. Duffy fue receptivo, pero cada enmienda que se le proponía al proyecto se tenía que discutir con el Speaker Ryan y desataba una cadena de análisis y explicaciones, en especial a los grupos más conservadores de su delegación, en los cuales el congresista Labrador era pieza clave. Ya yo le había presentado a Labrador mis enmiendas, al igual que una segunda ronda de reuniones que hicimos con varios congresistas republicanos y demócratas claves para explicarlas.

La de los Hub Zones, era más técnica por tanto nos tomó más tiempo convencerlos, en esta parte el representante Tony Soto del PNP y yo trabajamos como un solo equipo. Al final él se enamoró, creo que hasta más que yo, de la enmienda y lo importante para los pequeños empresarios en la Isla, sectores en el cual ambos creemos y defendemos. Para los congresistas era importante estar claro que no era un trato preferencial y que no se afectarían sus estados, eso al final del camino eran las interrogantes republicanas a todo lo que se presentaba de Puerto Rico. Pero yo puse mis condiciones claras, si querían que me mantuviera en el proceso tenían que estar esas enmiendas. Las próximas semanas esa fue nuestra principal lucha.

Pedro Pierluisi acogió las enmiendas y ayudó mucho en el proceso legislativo, aunque teníamos diferencia sobre cómo lograr lo de los Hub Zones. Yo quería que fuera el cien por ciento de la Isla por designación y sus asesores querían que fuera mediante la aplicación de una fórmula, que nos llevaba a un 80 por ciento, ese porciento ya lo habíamos conseguido administrativamente con la administración Obama y María Contreras, de Small Business Administration, pero no tenía peso de ley.

Finalmente fue más fácil convencer a los republicanos con la versión por fórmula de Pierluisi. Esta enmienda no se incluyó en el texto original de PROMESA, se incluyó como una enmienda en sala por el propio congresista Duffy. El proceso parlamentario para la enmienda no fue fácil ya que era un tema de otra comisión, la de pequeños y medianos comerciantes. La ayuda de la congresista Nydia Velázquez en el hemiciclo fue fundamental, ella presidió esa comisión y es la “ranking member” demócrata. Logró junto a Pierluisi y Duffy que el presidente de la comisión de pequeños y medianos negocios, el republicano Steve Chabot , no se opusiera a la enmienda, solo estableció para récord que estaba en contra por un asunto procesal, ya que es un tema inherente a su comisión, un asunto más técnico legislativo. Esto despejo el camino para la aprobación de la enmienda en sala, horas antes a la aprobación final de Promesa.

El “task force” de desarrollo económico si se incluyó en el texto radicado de PROMESA en su última versión, el propio Duffy se aseguró de llamarme a mi casa para informármelo y pedirme que le explicara al país que la versión que iba a salir era la que tenía la posibilidad de ser aprobada, que no era perfecta pero que iba a ayudar a Puerto Rico. Yo estaba convencido de lo mismo y aún lo estoy. Fueron largos meses de trabajo y de haber chocado con la pared de la ignorancia de tantos congresistas sobre Puerto Rico, pero a su vez haber encontrado otros tantos que realmente querían ayudar dentro de la realidad de sus estados que también tiene muchos problemas, era ahora o nunca.

El momento final se acercaba, la votación en el hemiciclo de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos de América del tan mencionado proyecto PROMESA, aprobación que ya le habíamos adelantado a los medios de comunicación al igual que a los incrédulos lideres de mi partido. Se iba a aprobar con una gran mayoría y muchos votos demócratas y de ahí se aprobaría con igual ventaja y rapidez, sin cambiarle una coma en el Senado, como finalmente ocurrió. En el momento de la votación estaba sentado en las gradas del imponente hemiciclo de la Cámara de Representantes Federal, justo al lado mío estaban los “staffer” del Secretario del Tesoro. A lo lejos me saludaba Duffy, que dentro de todo, cumplió su palabra.

Junto al Secretario del Tesoro de los Estados Unidos Jack Lew.

Pedro Pierluisi acababa de perder su primaria a la gobernación por el Partido Nuevo Progresista y muchos dijeron que fue por su apoyo a PROMESA. Para él la aprobación de esta medida era importante por su convicción y sacrificio, así se notó su cara de satisfacción cuando se aprobó la medida y su “thumb up” para mí desde el hemiciclo a las gradas.

No me arrepiento de haber hecho lo correcto, fuera del fanatismo y la politiquería, sé que la historia así lo reconocerá. De algo estoy seguro, lo volvería a realizar, al final del camino no hay nada mejor que la satisfacción del deber cumplido. Muchos me seguirán diciendo asimilista, colonialista, carga maletas de esos republicanos. Yo por mi parte les diré, que estuve al pie del cañon, tratando de modificar para beneficio del país una medida que irremediablemente se iba a aprobar.

Entendí desde mi primer día como presidente de la cámara, que estaba allí por un propósito, legar a los que vinieran detrás de mí un mejor país. La ley federal Promesa es tal vez el despertar que todos necesitamos para dejarnos de pequeñeces y juntos crear un nuevo Puerto Rico. Es hora de madurar como líderes, echar a un lado las divisiones ideológicas y demostrarle a los Estados Unidos y al mundo que estamos listos para encaminar nuestro futuro.

Esa debe ser nuestra PROMESA a Puerto Rico.