Mimo en tiempos de indiferencia

Christopher Guillermo Barahona Leyton tiene 25 años, vive en la comuna de Macul, Santiago y hace 4 años que se dedica a ser mimo, un arte relacionado directamente a la calle, pero que tiene muchas más áreas desconocidas por la gran mayoría de la población.

El joven mimo, durante gran parte de su vida se ha involucrado con el ámbito artístico, como por ejemplo: música, malabares y pintura hiperrealista. A los 12 años ingresó al Instituto Nacional José Miguel Carrera y en este lugar, a pesar de tener muy buenas notas, pero colapsado por tanta competitividad, sufrió grandes contradicciones sobre lo que quería para su futuro. Buscando alternativas que lo guiaran hacia el arte y complementaran su proyecto de vida estudió Salud y Terapias Naturales en el Instituto del Medio Ambiente (IDMA). Actualmente, muy involucrado en su oficio, es presidente de la Organización de Mimos de Chile.

“Foto carnet” (Javiera Sepúlveda)

Con ganas de perfeccionarse, tomó clases de escena física, porque el mimo no es tan sólo un personaje de cara blanca, con polera rayas; ese es un mal estereotipo y la copia de Marcel Marceau, quien fue un mimo y actor francés. Es mucho más que eso, ya que, ejerce un teatro físico y puede utilizar máscaras, títeres, etc., mediante un lenguaje no verbal que involucra al cuerpo en escena y trabaja con la mimesis (herramienta de aprendizaje de los mimos), con el fin de capturar la esencia del entorno para representar obras y entregar un mensaje.

“Liberación” (Javiera Sepúlveda)

“Ser artista en Chile es súper sacrificado”, dice Christopher quien “se las ha buscado” y hace dos años, junto a un amigo, formaron un colectivo que mezcla arte, terapia y educación. Realizan proyectos sociales, pero deben recurrir a concursos para recaudar los fondos necesarios. En nuestro país, ser mimo es un arte desconocido y se relaciona mucho más con el aspecto callejero. Los últimos dichos de Evelyn Matthei le causaron mucha gracia, pero le parece que en vez de ayudar al arte de los mimos, fomenta el desconocimiento de este oficio. La solución que busca al problema, que tiene relación con la educación y cultura, no ha funcionado en países, como por ejemplo: Londres.

“Intervención urbana” (Javiera Sepúlveda)

Él ha realizado varias intervenciones urbanas, pero ha explorado mucho más, incluso, ha tenido la oportunidad de viajar al extranjero. En Buenos Aires, participó de una obra llamada Kloketen, inspirada en los Selknam, pueblo indígena de Tierra del Fuego. El argumento central era el conflicto del encuentro indígena/europeo, para lo cual tuvo que investigar e involucrarse con el teatro psicomágico y desde la mimesis, capturar su esencia. Fue una experiencia maravillosa y compartió con muchos artistas que enriquecieron aún más el viaje.

“Kloketen” (Gentileza de Christopher Barahona)
“Estatua” (Javiera Sepúlveda)

Mimo es igual a acción y Christopher se define como un actor activo. Más allá de lo escénico, le gusta interactuar con gente y conocer distintos lugares. Ama todo de su trabajo, como: dedicarse al arte y trabajar con la sutileza del cuerpo. Es esforzado, pero no tiene precio. Dice que si su esfuerzo se graficara en dinero, tendría que ganar muchas “lucas”. Concluye que: “conectarse con el resto no se compara a nada. El arte que realiza el mimo debería fomentarse mucho más. Puedes mimetizarte con todo, aprender a conocerte y a conocer tu entorno. Un mimo no tiene vergüenza, ser mimo es volver al origen, volver a ser niño”.

“Recupera, pedalea, viaja, siembra vida…” (Javiera Sepúlveda)