De niña secuestró a otro niño


Preta vive en Buenos Aires. Más precisamente en un lindo departamento que comparte junto a su marido. Yo la conozco porque ellos son amigos de mi roommate. Tanto él como ellos se dedican a diferentes tareas del tímido cine argentino. Pero no siempre fue así. Cuando Preta era pequeña vivía en una localidad del sur de la provincia de Córdoba. Allí pasaba sus tardes enteras jugando con sus amigos. Fue ahí donde, a falta de ingenio o de pocas alternativas de diversión en una ciudad que apenas sobrepasa los diez mil habitantes, le dio por una entrar a una etapa de vandalismo infantil.

Así que de niña a Preta le gustaba entrar en casas abandonadas y en romper lo que encontraba en su camino (¿y a quién no?). Le divertía también incendiar los depósitos de viejos neumáticos de tractores olvidados (para luego sentarse en un árbol a contemplar cómo los bomberos iban a controlar el fuego). Y vaya a saber uno por qué, le entretenía abusar físicamente de niñas más pequeñas que ella (una vez se encerró con una beba en un ropero y le dio para que tenga mientras los padres de ambas comían tranquilos y relajados en el comedor).

Pero un día su delincuencia infantil fue más lejos. Eso pasó cuando ella tenía alrededor de nueve años. Estaba con dos amigos que para aquel entonces eran algo así como sus secuaces de aventuras. Caminaban los tres por las calles del pueblo de Huinca Renancó en plena siesta de verano, sin mucho por hacer cuando se encontraron con un garaje vacío, totalmente abandonado, que invitaba a hacer algo, era imposible no hacer nada en ese lugar. Y como si fuera el diablo quien disponía de los hechos se les cruzó un chico jugando solo al otro lado de la calle. Era el hijo del kiosquero. “El hijo del Zoquete” como se lo conocía en el barrio. Y al verlo solito, a Preta se le ocurrió secuestrarlo.

Según ella recuerda: “Lo encerramos en un garaje a la vuelta de mi casa, yo y dos pibes amigos míos bastante pesutis. Lo atamos a una especie de chimenea con sogas en los pies, lo dejamos encerrado y nos fuimos. Onda que queríamos dejarlo toda la noche pero la policía empezó a buscar, y mi mamá preocupada me comentó que estaban buscando a un chico que había desaparecido. Así que con uno de los pibes fuimos a desatarlo y obviamente lo amenazamos para que no dijera nada, que sino la próxima iba a ser mucho peor”.

Pero eso no fue todo, ya que horas antes de que la policía comenzara a buscar, las cosas se le pusieron gordas para el hijo del Zoquete: “Cuando lo teníamos en el garaje teníamos que hacerle algo, ¿no? Entonces lo hicimos correr de una punta a la otra con los pies atados. La idea era que si él no llegaba en menos de cinco segundos, lo azotábamos. En su intento se nos cayó en el piso y se nos largó a llorar. Así que le dimos los tres juntos con una soga, onda tipo latigazos. El flaco estaba asustadísimo, era más chico que nosotros… no sé que habrá pensado en ese momento”.

Ahora ya no sabe qué ha sido de sus cómplices. Perdió el contacto con los dos, aunque de uno (el que era más pesado) me confiesa haber escuchado que siguió por el mal camino, que estuvo preso un tiempo a raíz de verse involucrado en una red de prostitución aunque no está del todo segura, así que por las dudas lo dejamos como un rumor, uno de los tantos del barrio que siempre abundan.

En cuanto al hijo del Zoquete tampoco tiene la menor idea. Me dice que después del secuestro se lo cruzó varias veces más por la calle y que nunca le dijo nada ni la miró siquiera raro. No sé si alguna vez el hijo del Zoquete se preguntó de dónde fue que les salió la idea a éstos tres chicos para retenerlo en contra de su voluntad y azotarlo a golpes por simple aburrimiento. Yo sí me lo pregunto, y cuando lo hago Preta, muy relajadamente me dice: “Fue totalmente azaroso, Juampi. Era la siesta. Estábamos aburridos. Vimos el garaje. No me acuerdo de dónde salieron las sogas. Y se cruzó el chico… Bue: ¡secuestrémoslo!… Si las cosas se daban había que hacerlo”.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.