El sueño más extraño de su vida

Se levantó agitado, con algo de esfuerzo se fijó en su celular que descansaba sobre su mesa de luz. Allí vio detrás del brillo de la pantalla: las 06.30 am. Cuatro horas antes que de lo que se acostumbraba a despertar un domingo. Quiso volver a dormir pero no había forma de cerrar los ojos. Así que se fue del cuarto. Dio de comer a los gatos que se levantaron cuando escucharon los pasos de Nicolás y fue al balcón con un café recién hecho. Estaba en calzoncillos. Con un poco más de calma observó como el sol del domingo comenzaba a darle una cálida bienvenida.

Sentado en su balcón, Nicolas tenía dos pensamientos que peleaban dentro de su cabeza. Por un lado no sabía qué carajo hacer con su trabajo. Tenía que elegir si iba a dejarlo antes de conseguir uno nuevo y ese asunto lo tenía intranquilo. Por otro lado (y mucho más interesante), el sueño que acaba de tener también lo dejó intranquilo. Así que intentó repasarlo. Ver si podía entender algo de todo eso que su subconsciente le dijo.

En su sueño (o pesadilla), Nicolás hacía la cola para entrar en un banco. Y si en la vida real, los bancos ofrecen simples cajas fuertes con códigos de seguridad en el sueño de Nicolás lo que existía eran unas innovadoras cajas fuertes que se abrían con música. ¡Si! Leyeron bien. Cada persona en el mundo onírico de Nicolás abría su caja fuerte con un playlist de 8 canciones. Y como las variantes de armados de playlist pueden ser muchísimas, el mecanismo funcionaba perfecto. Así María por ejemplo, abría su caja fuerte con un listado que empezaba con “Quisiera ser un Pez de Juan Luis Guerra (canción que le recordaba a un novio suyo que no le menciona a su marido) y terminaba con “Prometo Olvidarte” de Tony Drize (canción que escucha con su hija adolescente). Martín por su lado, podía buscar sus ahorros con un playlist que incluía canciones como “Every Counts” de Depeche Mode y Time fo Us de Nicolas Jarr. Lo que sin saber descubrió Nicolas a modo sueño, es que los sonidos abren lo que personas más atesoran. Idea que un domingo a las 6.30 am le pareció enorme.

Continuando con el sueño: Nicolás esperaba en la cola de un banco. Miraba cómo las personas armaban playlist y escuchaba una canción tras otra. Hasta que de repente y en una velocidad inexplicable sucedió un robo. Como se trataba de un sueño no vamos a explicar detalles de cómo pasó. Simplemente sucedió. Y Nicolás que estaba allí se vio en un feo problema. Porque la policía sospechó de él y lo detuvo injustamente. Fue así que en una fría y oscura oficina Nicolás estaba sentado en una sala de interrogatorio, lugar desde donde se abrió una puerta y desde donde una gran sombra negra comenzó a acercarse. La sombra terminaba en la silueta uno de los dueños del banco (o mejor dicho, uno de los dueños de la ciudad) que había ido en persona a resolver la situación. Vestía todo de negro, era extremadamente alto y pelado. Algo de Nosferatus había en él. Solo que el dueño del banco era todavía más aterrador: tenía siete puntos de agujas que le rodeaban la boca. Lo que dejaba al descubierto una historia de su niñez: de chico le habían cocido la boca y le quedó cicatrices de por vida. Al igual que el resto de sus seis hermanos. Quienes en el sueño de Nicolás eran los otros dueños de la ciudad.

Mientras seguía repasando los hechos, Nicolas se dió cuenta que estaba ante toda una historia de ciencia ficción. Una película que se proyectó solo en su cabeza y que ahora despierto intentaba recordar de a fragmentos. Siete puntos tenía el pelado. Esa idea le dió mucho miedo. Pero lo quería seguir avanzado. Descubrir la trama del sueño. O mejor dicho, de su inconsciente. Porque todo lo que el sueño le decía no era nada más que el mismo hablándose con extrañas metáforas e imágenes digna olvido.

Pero no nos quedemos en reflexiones, mejor volvamos al sueño: Nicolás seguía en el interrogatorio. El pelado le habló. No sabemos qué le dijo pero era obvio que era el principal sospechoso. Para evitar ir preso a Nicolas no le quedó otra que involucrarse en la historia. Resolverla. Si quería estar libre tenía que comprobar el mismo su inocencia. Y para hacerlo solo había un manera. Ponerse el traje de detective. Salir a las calles y recorrer los barrios de una ciudad en donde la gente abre sus cuentas de ahorro con música y las personas más poderosas llevan siete puntos alrededor de su boca.

Toda una aventura, sin dudas.

Continuará…

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