Tiempo de prodigios

Juan Urueta
Nov 3 · 2 min read

El nuestro es un tiempo de prodigios. Una sola persona puede, si se lo propone, poner a un gobierno entero al borde de la catástrofe; una sola persona puede encarnar, hoy, una rebelión de miles. Julian Assange era legión y mientras lo fue, el mundo entero contuvo la respiración.

Wikileaks no derribó a ningún gobierno. Ningún amo y señor fue refundido en la cárcel. No. Otras fueron las consecuencias de que Julian eligiera ser libre.

Cuando su revolución de la información se manifestó en la vida pública la reacción fue equivalente. Los gobernantes ajustaron los mecanismos de control en la sociedad. Comenzó la gran crisis de lo privado. Las multitudes fueron conducidas a una alienación sin parangón en la historia de la humanidad: aplanamiento de la voluntad a nivel planetario.

Un día, los lacayos de la CIA entraron a la embajada ecuatoriana en donde Assange había encontrado refugio. El gobierno de ese país le quitó la protección diplomática, dejándolo a merced de una venganza más que bien granjeada.

Hoy día, Julian es un cuerpo torturado, roto, apocado. Ese y no otro es el destino de aquellos para quienes sentirse libres no basta.

Lo que Assange desencadenó —su legado— me ha puesto a pensar en cierto viejo al que sus contemporáneos apodaban El Perro. “Busco a un hombre libre”, clamaba Diógenes de Sinope, mientras sostenía su linterna y merodeaba por las calles llenas de tinieblas de Atenas, la gran metrópolis humana.

“Busco a un hombre libre”, clama Assange desde su cautiverio infame.

Juan Urueta

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Escribo (con indiscreción en la medida de lo posible). MX.

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