Los independentistas del ‘procés’ buscan un tren contra el que chocar

Los partidos que auspician el procés de Cataluña andan en busca de un tren contra el que chocar. Necesitan que EL ESTADO, así, dicho con mayúsculas y con un tono entre orwelliano y apocalíptico, se les enfrente y utilice la fuerza para detener un proceso que ha llegado al último de los callejones sin que nadie advierta cómo salir bien de él. En su caso, el victimismo es esencial y actúa como un mandamiento sagrado en la religión separatista, como el combustible indispensable para avanzar y hacer posible el sueño de la ruptura unilateral con el resto de España.

Pero para hacerlo posible, los independentistas participantes en este proceso necesitan generar la percepción de que las emociones están por encima de las razones y de que la legitimidad de sus intenciones nace de las entrañas del pueblo de Cataluña y que, por tanto, no tiene que someterse a una legalidad que no es la suya.

Se trata de llevar el debate a un terreno en el que funcione un relato primario y eficaz: si no me dejas el derecho a decidir y antepones las leyes a las urnas, es que no eres demócrata y me impones en mi tierra una España a la que sólo quiero como buen vecino y poco más.

Manifestación por la independencia de Cataluña el día de la Diada.

El problema, desde la perspectiva del mensaje independentista, es que este relato termina siendo cansino hasta para los convencidos, pues no se casa con la realidad. Les prometieron una ruptura exprés y ni hay ruptura ni es exprés.

El sueño de las esteladas duerme en un letargo del que no despierta. Y hay que despertarlo. ¿Cómo? La presumible inhabilitación política de Artur Mas y dos de sus consejeras por la celebración del referéndum ilegal del 9-N ayudará a avivar los agravios, pero no es suficiente.

Y, por desgracia, como sostienen algunos analistas políticos como Ignacio Varela en un artículo imprescindible, Puigdemont tiene un recurso que aún no ha utilizado: la convocatoria de un referéndum ilegal el mismo día en el que se celebran unas elecciones anticipadas tras la disolución del Parlamento.

Pensad la escena: dos urnas en cada colegio electoral. Una de ellas legal y la otra ilegal. Y las Fuerzas de Seguridad del Estado retirando las urnas ilegales. Qué foto más tentadora para realimentar los agravios y poder seguir huyendo hacia adelante, ¿no?

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.