Preguntas de Ricardo Ramírez sobre estudiar filosofía

· ¿Qué cualidades o actitudes es necesario tener para ser un buen filósofo?

· ¿De qué manera considera que un filósofo contribuye a la sociedad?

· ¿Ser filósofo es una cualidad adquirida o un talento a cosechar?

· ¿Qué compromiso tiene un filósofo con la sociedad?

· ¿Cuál considera que es el objetivo final de la filosofía en todos los aspectos?

Filosofar es un oficio, por un lado, y una manera de vivir por el otro. Estudiar filosofía formalmente en una universidad puede ayudar a tener una aproximación más sistemática al pensamiento filosófico y puede también favorecer el desarrollo de alguna pasión por alguno de los saberes específicos y especializados de las distintas disciplinas que conviven al interior de la filosofía. En mi opinión es necesario distinguir el filosofar del filósofo profesional o especializado. El segundo es quien profundiza en el estudio de algún problema o disciplina filosófica y hace de ello una forma de ganarse el sustento. Yo como no soy lo segundo, solo puedo hablar del filosofar.

No sé qué sea un buen filósofo. Por un lado, podría pensarse que se trata de una persona que ha desarrollado el arte de filosofar, de dialogar, de irse haciendo sabio por la vía de preguntarse cosas. Pero por otra parte podría decirse que un buen filósofo es una persona que sabe cuestionar los mundos con los que se va encontrando, la complejidad de las realidades sociales, la pluralidad de ideas, la diversidad cultural y los problemas relacionados con el mejor entendimiento sobre la convivencia con esa multiplicidad de mundos, sociedades, y culturas. Me imagino que un buen filósofo suele ser incómodo y comprensivo, cuestionador y empático; es una persona que no puede permanecer indiferente a los problemas de su entorno, y a la vez no entiende los distintos planteamientos o supuestas soluciones que se dan a esas contrariedades. Así, desde la estupefacción se hace preguntas genuinas y las lleva al terreno en donde se desenvuelve, no sólo en el terreno laboral, sino también a los ámbitos sociales en donde vive.

Me parece que en general, (independientemente de lo que hayamos estudiado o lo que digan nuestras certificaciones), quienes filosofamos sentimos frecuentemente que no aportamos mucho a la sociedad, y recíprocamente, las sociedades en las que vivimos pueden no sólo no valorar la contribución de los filósofos, sino incluso percibirlos como una amenaza. Hay que ver estas dos dinámicas por separado:

Primero, solemos cuestionarnos sobre nuestras aportaciones a la sociedad porque de por sí nos cuestionamos muchas cosas, y esa es sólo una de ellas ¿por qué una persona cree que lo que hace aporta algo a la sociedad, y más aún algo bueno? Es muy raro. ¿Cómo y en qué contribuye a su sociedad un vendedor, un contador, un abogado, un policía un político, un empresario o un maestro? Realmente es muy difícil saberlo, así que es común que encontremos motivaciones tentativas para decirnos que nuestras actividades cotidianas tienen un sentido, una dirección o un propósito. En algunos casos las personas pueden identificarse con estas actividades y con sus roles sociales, en otros no tanto. Cuando no tenemos esa identificación, la vida se hace muy frágil pero muy poderosa a la vez. De alguna manera, hemos sido lanzados a este mundo, azarosamente hemos nacido en un lugar y en una familia y en un momento dado, tarde o temprano, moriremos. Mientras, ya que estamos aquí se nos da la oportunidad de contribuir con un verso a la obra magnífica que se despliega ante nosotros, diría Walt Whitman.

Y así hacemos las cosas que hacemos, le damos importancia regalando nuestro tiempo de vida a ciertas ideas, a ciertas personas, a ciertas actividades. Cada quien encuentra su motivación, y como al parecer la motivación no está libre de la ley de entropía, cada cierto tiempo nos vemos obligados a renovar nuestras motivaciones; así seguimos vivos, haciendo cosas, conviviendo con las personas que nos ponemos cerca por las decisiones que hemos tomado.

Segundo, es común que las sociedades nos perciban como una amenaza y no como contribuyentes. Su percepción es fundada, pues quienes se preguntan todo, suelen ver la vacuidad, la transitoriedad, e incluso la falsedad de muchas cosas que son importantes para que funcionen las sociedades. Al cuestionar, las injusticias se multiplican, los engaños y las estrategias de ilusionismo de políticos y mercaderes despliegan toda su inmundicia. La violencia se hace proporcional a la estupidez humana. Una persona que piensa, va descubriendo que ser violento muestra más su debilidad que su fortaleza, y que el poder de los débiles es el de la violencia; sólo los imbéciles pueden ser despiadados.

Tengo la impresión por ahora de que un filósofo no tiene por qué tener compromiso alguno con la sociedad en la que vive. Tenemos un compromiso con los valores y las elecciones que hacemos sobre nuestra propia manera de vivir y de lo que razonablemente pensamos que puede ayudarnos a vivir. De allí, a veces podemos hacer inferencias para buscar ir mejorando nuestras formas de vida. No tenemos certezas, pero más o menos sabemos que hay cosas de la sociedad en la que vivimos que queremos reproducir, cultivar, ampliar, proteger, enriquecer, o algo así. También sabemos que hay cosas de nuestra sociedad que no queremos tolerar y que hay que erradicarlas, sea por inanición o por acción directa; la omisión no es opción. Así, los filósofos solemos comprometernos con ideas raras como libertad, justicia o verdad. No siempre es claro cómo estas nociones se expresan en nuestras circunstancias, así que no pocas veces nuestras acciones y decisiones no son fáciles de comprender; comúnmente nosotros mismos no podemos comprendernos a cabalidad.

Al parecer, todos nacemos con ciertos talentos; algunos logramos cultivarlos, otros no tanto. Se necesita un poco de buena fortuna y exige una cierta sabiduría saber cuáles son nuestros talentos y cómo cultivarlos. También a veces tenemos que disciplinarnos y hacer cosas que no nos gustan o para los que no somos innatamente buenos. Seguramente hay algunas personas con mayor predisposición a cuestionarse. Así como parece que algunas personas en la sociedad le han encontrado un cierto placer morboso a moderar los cuestionamientos, disciplinarlos, encasillarlos para que no sean demasiado peligrosos. Algo así como un terreno de cuestionamientos permitidos, válidos o tolerados.

El arte y la práctica de filosofar puede cultivarse más allá del talento para cuestionar, claro. Por otro lado, no es indispensable estudiar de manera escolarizada para ello, realmente no. Pero en los espacios universitarios será más fácil encontrar los interlocutores, los libros, y los espacios propicios para leer, escribir y dialogar de una manera más productiva y posiblemente encaminada a una forma de vida que permita ganarse el sustento. Estudiar más, ir más adentro, o más lejos, o afuera de las jaulas, requiere de buenos conocedores del oficio que ayuden a ir entrenando la mente y el carácter, que te lleven a los límites, que te presenten autores, argumentos e interpretaciones que no puedes imaginar por ti mismo, o que difícilmente surgirán en una charla de café o de cantina.

Como intuyo que algo que subyace a estas preguntas es qué clase de trabajo hacen los filósofos para ganarse el sustento, es menester reconocer que la sociedad no está diseñada para darnos un lugar, pero que podemos hacer casi cualquier cosa. Una habilidad que quienes filosofamos aprendemos a hacer de una manera sobresaliente es leer y escribir. Claro, eso no sirve de mucho en las actividades en donde esas habilidades no son muy valoradas, pero hay muchas actividades que requieren de alguien que sepa hacer eso. Si encima sabe pensar y sabe trabajar, entonces podemos hacer casi cualquier cosa. El problema con algunas personas y con algunos estereotipos sobre los filósofos es que no les gusta trabajar, o que piensan absurdamente que alguien debe mantenerles para que ellos puedan seguir gozando de la vida. Esto no puede ser así ni para un filósofo ni para nadie. Nadie tiene la obligación de mantener a otro adulto.

¿Qué tipo de trabajo solemos hacer? Pues comúnmente trabajamos en actividades académicas; generalmente en el campo de las humanidades, pero también algunos nos desarrollamos en las ciencias sociales. A quienes estudiaron filosofía de manera escolarizada te los encuentras generalmente en escuelas, empresas y organismos culturales. Las habilidades de lectura y escritura, así como los conocimientos que uno obtiene por leer y escribir filosofía no te estorban en ninguna actividad académica. Fuera de la academia quienes filosofamos podemos aprender a hacer casi cualquier actividad con un entrenamiento básico.

Debido a los tiempos de escolarización y certificación extrema en que vivimos, casi cualquier actividad escolar requerirá de más estudios, más certificaciones y más actualizaciones. A la vez, los empleos serán más precarios y frágiles. Los empleos que sean más fáciles de sustituir por una máquina o un programa informático, son los más vulnerables. Curiosamente, las actividades creativas serán más solicitadas y también más competidas. Las humanidades pueden ser buenas para cultivar la creatividad. Cabe señalar que un filósofo puede hacerse empresario, pero muy difícilmente podría haber una ruta inversa, claro, a menos que sean ideologías baratas disfrazadas de filosofía, y que suelen estar diseñadas precisamente no para dejarte pensando, sino para ahorrarte el tener que pensar en algo.

No sé cuál pudiera ser el objetivo final de la filosofía en todos los aspectos, ni si la filosofía debería tener una razón de ser o un propósito. Creo que no lo tiene y no tendría por qué tenerlo. Pero si me presionas, te diría que coincido en este caso con Slavoj Žižek en que filosofamos para crear problemas. Contrario a la exigencia de la sociedad para crear soluciones a los problemas existentes, quienes nos dedicamos a pensar y a cuestionar, solemos estar inconformes con los planteamientos. Por lo tanto, no es de extrañar que pensemos que no necesitamos nuevas soluciones a los viejos problemas, sino plantearnos las cosas de una manera diferente. Sólo con nuevos problemas realmente exploraremos nuevas soluciones. Los mismos viejos problemas traen casi las mismas viejas soluciones, tal vez con nuevas tecnologías o con nuevos giros para dar la apariencia de novedad, y así engatusar a los más incautos.

Además, filosofar es una actividad que podemos realizar independientemente de lo que hagamos o lo que hayamos hecho o estudiado antes. Puede ser muy entretenido y puede ayudar a disfrutar de los placeres de la vida de una manera más profunda… si se resiste uno a despreciarlo todo; reto que no siempre es sencillo.