Nosotros

Un Cristo ofreciendo una última cena. Un Santa Claus promoviendo el amor. Una bota con ángeles esperando a los reyes magos. La televisión transmitiendo el especial de Año Nuevo.

La familiaridad. La infancia. La melancolía está tomando la vía rápida para tocar a la puerta a las doce en punto, el uno de enero del dos mil dieciocho.

Falta gente, pero para ser sinceros, estamos algunos de más. De más por no ser constantes; de más por ser distantes; pero es lo de menos. Estamos juntos.

“Nuevas metas”, dicen todos. “A empezar de cero”, rezan algunos. “Borrón y cuenta nueva”. Y el cliché se potencia porque no sólo será el primer día del año… también será lunes.

Lo que funcione para cada quien. Para algunos funciona llorar; para otros gritar; otros más brindan, comen uvas. Para muchos funcionó levantar un puño y mover el escombro. Para muchos funcionó alejarse para descubrirse. Muchos volvieron a casa para encontrarse. Muchas levantaron la voz, con su nombre o con el de todas, pero la levantaron. Las aguas subieron y la empatía también. Los grados bajaron y los abrazos se multiplicaron.

A miles, millones no les llegó la comida a su mesa. Miles, millones no se enteran hoy que el contador está por marcar un número más. No es relevante. Para ellos no cambiará nada. No si sólo pensamos en nosotros. Un nosotros excluyente.

Incluyamos. Seamos responsables. Cambiemos. Mejoremos. No busquemos ser la persona que se sienta en medio en esa última cena. No queramos ser a quien esperan esos ángeles en la bota. Seamos sólo un poquito mejores. Cada vez un poquito más. Seamos conscientes.

Ampliemos el nosotros, así entraremos en muchos más nosotros. Alcancemos un solo y diverso nosotros.

Lo mejor para nosotros.