La Realidad Virtual en el periodismo ya está al alcance de nuestras manos y otros apuntes

Apuntes sobre The Displaced, la historia de la New York Times Magazine sobre niños desplazados que se puede experimentar en una app.

Al fin, la Virtual Reality (VR) está entre nosotros. Es decir: está ya en la forma de historias periodísticas de un medio disponibles — casi — para cualquiera, no sólo como parte de una producción experimental o como una fantasía a partir del uso extendido que ya se hace en otros campos, principalmente en el de los videojuegos.

El último evento de este desembarco es The Displaced, la historia de la New York Times Magazine sobre niños desplazados de tres países: Hana, de Siria; Chuol, de Sudán del Sur; y Oleg, de Ucrania. Es una historia que explota el poder inmersivo de la narrativa propia de la virtualidad real, exaltando la posibilidad de “estar ahí”, en esos contextos tan lejanos.

Lo fundamental, al menos a esta altura del desarrollo de esta plataforma, es que no se requiere un dispositivo como los Oculus Rift, un set de anteojos o el Samsung VR que se acopla a los teléfonos móviles de Samsung.

Sólo basta con tener un buen teléfono móvil para experimentar la propuesta de la New York Times Magazine. Hay que bajar una app de Google Play o de Apple Store, según el sistema operativo de los usuarios. Y si se quiere una mejor experiencia, hay que comprar el Google Cardboard, la alternativa económica de Google para esta nueva dimensión de la narrativa virtual (y que el diario neoyorquino repartirá entre sus subscriptores).

Los directores Ben C. Solomon (a la ziquierda) y Imraan Ismail. Foto de Garry Courtis.

Apuntes sobre una nueva experiencia

Entre los antecedentes pueden nombrarse los trabajos de Nonny de la Pena, como Project Syria; Harvest of Change, de Desmoine Register, pero en todos estos casos el sustento es una recreación en 3D de los entornos donde transcurren las historias. También está The Polar Sea. O la reciente recreación del 11S, [08.46]para Oculus Rift. Y en YouTube también se pueden experimentar algunas innovaciones, como The Battle of Northern Syria (se puede ver sólo en móviles y, como todos los avances de YouTube en términos de VR o de videos 360°, es mejor tener Google Cardboard).

La diferencia con The Displaced es que se necesita la app y luego descargar los videos. Es un trámite un poco lento, pero por la novedad de la propuesta tal vez no sea un escollo por ahora. La experiencia vale la espera.

En términos inmersivos, esta plataforma narrativa es, al día de hoy, insuperable. Si Prision Valley fue un hito en términos de inmersión y de posibilidades de construir una historia a partir de decisiones sobre la estructura hipertextual del relato, estas nuevas variantes como The Battle of… y The Displaced lo serán para este lenguaje que se desplegará ahora.

La visión exige un comportamiento físico activo. Al mover el móvil, cambia el campo visual y el enfoque de la historia. Con el celular en mano, uno es el camarógrafo de esta historia. Con el Cardboard, imagino — porque aún no tuve la suerte de probarlo — que uno se convierte directamente en testigo.

Ismail y Solomon se esconden mientras las cámaras graban a Oleg y sus amigos en Ucrania. Foto de Garry Curtis.

Estas posibilidades impactan, desde luego, en las condiciones de producción de esta narrativa. En los tiempos del relato. En la imaginación de qué harán los usuarios con esos nuevos recursos narrativos y retóricos. Por ejemplo: si la escena comienza con un encuadre hacia una puerta, la sorpresa puede llegar con una voz desde atrás. El fuera de campo se convierte más que nunca en significante.

Esto, a su vez, presenta desafíos. Por ejemplo, con los subtítulos. En The Displaced, aparecen flotando bajo los personajes de la historia o bien suspendidos en el aire de una habitación. Empieza entonces la búsqueda de quién habla, hasta que se encuentra el plano ideal. Hay una pérdida de atención, tal vez inevitable.

Como en cualquier historia, existe un hilo narrativo. La hipertextualidad no es aprovechada en esta historia de niños desplazados, pero bien podría serlo. ¿Cómo llamaremos a la posibilidad no ya de elegir caminos para construir la historia pero a la elección de cómo mostrar cada escena?

No tengo idea. Pero es aquello que está en juego como motor narrativo. En este lenguaje es fundamental la profundidad de cada escena. El tiempo del relato, porque debe albergar la posibilidad vouyerista de quien mueve la cámara.

Lynsey Addario para The New York Times

Para leer más sobre la apuesta del NyTimes, recomiendo el artículo de lanzamiento: Virtual Reality, a New Way to Tell Stories. También, explorar el sitio de los socios del NyTimes para esta plataforma, VRSE, donde además pueden navegarse ejemplos anteriores, incluso para desktop.

Actualización: también recomiendo Diez proyectos de Realidad Virtual en medios, de ANPargentina.

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