El sentido común de M. Apple

Imagén tomada de: http://funama.org/imagenes/apple.png

Michael Apple hizo su maestría y su doctorado en Educación (Ed.D) en la Universidad de Columbia. Antes de obtener su grado en 1970, Apple fue docente y presidente del sindicato de maestros en una escuela secundaria en New Jersey. Durante su vida como académico y activista recorrió el mundo hablando sobre currículo, pedagogía y filosofía de la educación. Su carrera, tras la cual llegó a ser hoy John Bascom Professor en la Universidad de Wisconsin, no solo lo llevaría a obtener doctorados honoris causa de universidades en Inglaterra y en Argentina, y a doctorarse en filosofía y letras en la Universidad de McGill, sino que estuvo también permeada por eventos como ser arrestado en Corea del Sur por protestar en contra de la represión militar.

La obra de Apple es fascinante, y debería ser de consulta obligatoria para toda persona que quiera dedicar su vida a la educación. Hablamos de una figura destacada no solamente por acumular títulos académicos –que, seamos sinceros, no necesariamente se correlacionan con la capacidad de ser un buen profesional-, sino porque encarnó una lucha política, práctica y filosófica por la construcción de un currículo escolar inclusivo, democrático, libertario. De hecho, pese a su clara inclinación hacia el marxismo científico, Apple está convencido de la necesidad de dialogar para construir, y del protagonismo que deberían tener las voces de quienes tienen como profesión el asistir a diario al aula de clase (a propósito de la exclusión de dichas voces en nuestro sistema educativo):

… es esencial que los educadores críticos no dejen a un lado la cuestión de la práctica. Es decir, debemos encontrar formas de hablar con (y aprender de) las personas que trabajan todos los días en los colegios, en condiciones precarias y que se hacen cada día peores…

Cito todo lo anterior, en parte, porque me inspira bastante. Pero lo hago también porque entiendo que vivimos en una sociedad de doctores, donde las credenciales (y más si son del Norte) generan una extraña sensación de credibilidad. Aprovecho entonces toda esa antesala para citar otro pasaje de la obra de Apple, y que es sobre lo que realmente quería escribir. Esta es una frase que abre mil reflexiones, no solo en términos de una buena práctica académica e intelectual, sino sobre nuestra capacidad como personas pensantes para identificar las raíces de nuestros grandes retos sociales. Dice Apple:

para comprender las actividades de hombres y mujeres pertenecientes a un periodo histórico específico, uno debe empezar por cuestionar lo que para ellos es incuestionable

Conectó todo esto con un texto de Ronald Aronson, publicado hace pocos días en el Boston Review. Según Aronson vivimos en una época donde todo está sujeto a la privatización (por eso de la tal eficiencia económica), incluso la esperanza. Su tesis principal, sustentada en un análisis histórico (no retórico) es que dicha tendencia va en contra de la demanda por esfuerzos colectivos para superar grandes retos contemporáneos, como el cambio climático o la eliminación de la pobreza global. El autor responsabilizará al consumismo, herencia de los procesos de urbanización en Estados Unidos en las décadas del 1940 y 1950, por haberse convertido en una consigna cultural y material que estimula ‘las necesidades individuales [y que tiene un gran efecto en] disuadir la atención del individuo de necesidades y aspiraciones colectivas’.

Son muchas ideas expuestas al tiempo, lo se. Pero mi punto es el siguiente. Hoy en día el sentido común (al menos en nuestra sociedad) nos indica que privatizar, consumir en masa, poner incentivos de mercado, es lo normal. La consigna menos Estado y mas Mercado se ha convertido en eso que es incuestionable. Y las personas que, como sugiere Apple, se atreven a cuestionarlo, son inmediatamente tildadas de mamertos, anti-progresistas, idealistas, etc. Eso a pesar de las toneladas de evidencia académica que cuestiona que el mundo actual sea mas justo o mas eficiente, y que incluso sea posible equiparar consumo con felicidad.

El mensaje es concreto: aprendamos de la experiencia de Apple: ‘[m]i objetivo no es simplemente castigar a la Derecha, a pesar que sea divertido hacerlo. Por el contrario, también he intentado advertir sobre los peligros (…) que se encuentran dentro de lo que identificamos como [sentido común]’. Pensemos, cuestionemos, y atrevámonos a destruir y de-construir si es necesario. Eso si, que no se nos olvide aportar. Pero incluso para ello debemos ser reflexivos; el sentido común no es por definición malo, pero en algo falla para que estemos en donde estamos (como país, sociedad). Las preguntas son, entonces,… ¿qué debemos rescatar? ¿qué nos debemos reinventar?

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