Estructura y Agencia: volviendo a lo básico

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¿Cuál es el debate fundamental en ciencias sociales? Bueno, eso depende. ¿Se trata de una pregunta empírica o teórica? Alguien podría sugerir, por ejemplo, el gran interrogante de los determinantes del crecimiento económico o, quizás, cuestiones más temáticas, como la pobreza en poblaciones específicas o la violencia en diferentes ámbitos sociales y culturales. Algunas fuerzas nos empujan, por ejemplo, a cuestionar paradigmas como el capitalismo y buscar alternativas. La respuesta también podría encontrarse en planos más del campo de la filosofía del conocimiento: ¿objetivo vs subjetivo? ¿abstracto vs concreto? ¿idealista vs realista?

No voy a pecar de ingenuo, ni de petulante, sugiriendo que yo si se cual es ese gran debate. Pero si voy a decir que, a mi parecer, hay pocos dilemas que engloben más elementos básicos en las ciencias sociales que el de la relación entre estructura y agencia. Por estructura me refiero al contexto donde habitan las personas y por agencia a la forma en que esas personas toman decisiones. Y es que se me ocurren pocas cosas más básicas y universales que preguntarme quién soy, de dónde vengo, para dónde voy y cómo llego allá. Claro, una cosa es hacerme peguntas y otra es responderlas, o incluso sugerir haber identificado respuestas concretas. Pero la motivación esta ahí. Y ese es el corazón de todo.

Sin irnos muy atrás en el tiempo, unos de los primeros que pusieron las cartas explícitamente (hago hincapié en el explícito) sobre la mesa fueron los marxistas al declarar algo así como que hombres y mujeres nacimos libres, pero en un contexto que escapa de nuestra creación. En el mundo de Marx y Engels, si me permiten súper-simplificarlo, los seres humanos nacemos para ejercer un papel predeterminado (que no es igual que obligatorio) en el sistema de producción dominante. El determinismo histórico caracteriza también avances teóricos de otros pensadores influyentes como Max Weber (de una vertiente más liberal), quién en algún momento argumentó que los protestantes venían al mundo mejor condicionados -que por ejemplo, los católicos- para asumir conductas coherentes con el capitalismo. Los estructuralistas clásicos, cómo llamaremos a esta corriente, nos pusieron a pensar que existen fuerzas que no siempre observamos, pero que, en cualquier caso, condicionan nuestras acciones pasadas, presentes y futuras.

Llegarían pensadores como Michel Foucault, Jacks Derrida o Julia Kristeva – respetando sus matices- para proponernos una nueva reflexión: ¿será que esa tal estructura existe o será más bien una estrategia, o un discurso, que utilizan ciertas clases sociales para gobernar sociedades y mercados? Todos ellos quisieron ir más allá de la estructura para sugerir que dichas fuerzas no son más que interpretaciones que socializamos cuando hablamos y escribimos y que, por tanto, y vía relaciones de poder (i.e. entre un empleador y su trabajador) tienden a imperar aquellas de los más poderosos e influyentes. En el mundo post-estructuralista pesa mucho más, por tanto, el análisis de la agencia. A ellos les debemos enseñanzas importantes, como por ejemplo lo engañoso que puede ser un análisis social que omita el hecho que no todos los individuos tengan el mismo poder de expresarse y de ejercer su libre albedrío –práctica común en muchas ramas humanistas de hoy.

En adelante la historia se vuelve más dialéctica; la búsqueda de puntos más intermedios. Y tiene sentido. Puede ser cierto, por ejemplo, que si me va bien en mis exámenes en el futuro pueda conseguir un mejor trabajo. Pero es también posible observar que dicha correlación no aplica igual para un individuo en Boston que para otro en Gaborone (Botsuana). Estructura y agencia están en constante diálogo. Y así lo asumirán Constructivistas como Anthony Giddens o Realistas (Críticos) como Margaret Archer, y su sinnúmero de matices. Los primeros derivan su nombre del hecho que consideran que las estructuras son construcciones sociales, pero que tienen efectos reales sobre el comportamiento individual. Los segundos consideran que las estructurales sociales tienen características propias que existen antes que los individuos (ej. para que yo pueda ser futbolista profesional, ya tenía que existir el fútbol), pero pueden ser modificadas por los mismos. Tenemos también casos extraños como el de los defensores del Actor Racional, un ser que puede elegir libremente, pero cuyas preferencias están predeterminadas por una serie de reglas (o axiomas) de maximización.

Bueno, ¿y en lugar de tanta charlatanería no es más práctico, útil y diciente hacer una regresión? Muchos de los que se hacen llamar pragmáticos dirían que sin evidencia objetiva y verificable no hay ciencia. A ellos los invitaría a dejar tanto escepticismo, sobre todo porque este puede implicar el fracaso de su proyecto académico. Preguntarse sobre la interacción entre estructura y agencia implica abrir un debate sobre lo que es válido en ciencias sociales. Lo no válido puede ser algo sencillamente incongruente, como por ejemplo utilizar información “subjetiva” (una interpretación) para verificar información “objetiva” (una cuestión completamente estructural). Frente a ello prefiero dejar preguntas (algunas incómodas) abiertas en lugar de cerrar plagando el texto con mis propios prejuicios. Entre ellas: ¿podemos entender relacionas causa-efecto usando estadística? ¿Podemos mezclar métodos cuantitativos y cualitativos para amplificar el poder de explicación de nuestras teorías? ¿Es válido sostener que una investigación con encuestas es más diciente que una basada en estudios de caso solamente porque es más representativa? (¿y representativa de qué?). El debate está abierto!!!

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