Memorias de un sociopata 1
Contando una y otra vez, volvía a perder la cuenta y empezaba de nuevo a tararear una canción que no recuerdo, pero recuerdo el momento donde lentamente el ritmo se fusionaba con la magia y hacía que cosas interesantes sucedieran. Aunque mi carisma os sorprendía a todos, me hayaba rezagado por el tiempo que no paraba de taladrar mis pensamientos , no entendía porque todos sonreían como enfermos con cada palabra que salía de mi boca, auque sentía placer con hacerlos creer que sus verdades eran las mías también, pero nada estaba más lejos de la realidad. Ricachones creen que controlan el mundo, lujosos vestidos, prendas, la comida exótica y las bebidas únicas en su clase que sólo parecen producirse para esta clase especímenes; el momento que más me incomodaba era cuando llegaban en sus automóviles de un valor inigualable, esos carros cubiertos con piedras preciosas, cuando se disponían a salir parecía que una lluvia de colores se desprendía en el ambiente, los camarógrafos competían entre sí por la mejor fotografía, y los gritos de las groupies que morían por acostarse con cualquier millonario que les hicieran sentir ricas aunque sólo por un momento.
Y ahí estaba yo, parado entre toda la multitud, viendo como llegaba uno de cada uno de los invitados y brindándoles una hipócrita sonrisa. Me gustaba conversar con ellos sólo para sentir sus miedos, y hacerlos creer que de verdad eran los redentores del mundo, los salvadores, los mesías. No sentía resentimiento, pues mi fortuna también era enorme, pero me diferenciaba de todos porque mi modestia junto con mi gran personalidad los envolvía en un ardor invisible exitante que sólo yo podría notar. Es obvio que no estaba sólo para platicar, no, estaba ahí por placer; pero mi placer no era lo material, estaba allí para llevarme algo más, sus tristes sonrisas.
Llegada la hora, a la medianoche sentía el cansancio corriendome por todo el cuerpo y sin más, marche de inmediato a mi auto, subí, pero cuando sentí la soledad de nuevo arropandome alma, es cuando realmente anochecía para mi. Espere sentado afuera a que alguna desgraciada cayera en mis brazos. Un revolver en mi tobillo y un puñal en mi chaqueta era lo que tenía, pero sólo bastaba encontrarme a la dama perfecta y encantarla como una serpiente, no haría falta ponerse agresivo o al menos por el momento.
Funciono todo a la perfección, ya en camino con mi querida invitada, ella hablaba pero mi mente estaba en otro lugar, su voz penetrante me despertó cuando soñaba despierto y sin más, mi puñal fue a parar a sus garganta mientras un -¡Cállate!- salía de mi boca. Su voz se quebró y sentí su alma salir del cuerpo. No era la primera vez que me pasaba, sólo quería tener sexo y luego dejarla en su casa, pero ella no, ella hablaba, me decía lo mucho que me quería y ni quisiera recordaba su nombre, pues acaba de conocerla. Estaba arto de esperar y que arruinara todo. Ella tenía de la culpa. Ahora estoy aquí solo otra vez. Lleno de sus asquerosos fluidos, y con el sabor de ese maldito licor fino como un ácido en mi garganta, recordando el refinado lenguaje de aquellos millonarios.
-Adelante maestro.
Y quedaban en el aire las ricas melodías de Frédéric Chopin perfumando el silencio.