Eventos ágiles en América Latina: tres historias

Un evento detrás de otro; un encuentro que se suma al otro. Y, sin embargo, hay algo especial, siempre. Ojalá nunca llegue el momento, uno acompañando de la triste sensación de que los eventos se repitan. Mi mejor estado optimista me dice que eso está lejos de suceder.

¿Por qué he de creer que es no va a pasar? Porque hacemos acto de presencia. Literalmente hacemos presencia. Según Amy Cuddy la presencia es confiar en uno mismo completamente; en la cara real de cada uno con sentimientos reales, valores y habilidades. De modo que en esos eventos se puede contar con la suerte de tener nuestros sentidos atentos a ser afectados y sumarnos al grupo que también acumula presencia. Lo he visto pasar en los eventos de los ágiles.

El propósito de este texto no es otro que contar algunas impresiones de tres eventos (muy distintos entre sí) a los que he asistido y que convocan a los practicantes de las herramientas, metodologías y marcos de trabajo ágiles.

Ágiles Latinoamérica <nombredelpaís> En algún lugar mágico de América </nombredelpaís>

Un país se hace anfitrión y a punta de voluntarios, de apoyos en logística, canjes, inversión y apuestas, se pone en marcha un aparato inmenso para encontrar un lugar que pueda albergar los cientos de participantes que siempre llegan. Somos muchos y queremos encontrarnos. Se planea una agenda de posibles ponentes, de conferencistas que aportan con presentaciones claves, keynotes que movilizan el pensamiento y desatan ideas y emociones de cambio y mejora.

En este evento — y esta es una descripción y no una sentencia que no le permita cambiar o evolucionar — nos encontramos con el propósito de aprender y vamos por ahí atentos de charlas paralelas que obligan al sacrificio que trae el priorizar, el no poder estar en dos lugares al a vez. Las ponencias y presentaciones permiten la oportuna llegada de nuevos nombres para estudiar, referencias para ser cazadas, y que la libreta de apuntes se llene de citas para retomar, de frases precedidas de un “importante”, “no olvidar” o un “ojo” que nos haga ver que por ahí hay algo para leer luego.

En este formato (una palabra ciertamente antipática para describir un encuentro de kindred spirits o espíritus alineados con la agilidad) además de las ponencias se separa una buena parte del tiempo para que suceda un tipo de aprendizaje poderoso que habita y alimenta la agilidad: tiempo para un espacio abierto donde aprendemos entre nosotros.

Un Open Space es la evolución o un cara distinta de una des-conferencia o unconference que surgió, según este artículo de Wikipedia, buscando recuperar la mejor parte de los eventos y las conferencias: las conversaciones de los pasillos y los intermedios que eran los momentos donde ocurría otro tipo de conocimiento.

Las charlas que van a pasar, las conversaciones por cometer, se van organizando a partir de un mercado de ideas donde los temas van ganando atracción o van desapareciendo sino tienen audiencia. Una vez está poblado el gran tablero de temas, cada uno con un lugar para el encuentro, avanza la palabra. El que exista un Open Space en un evento como el Ágiles Latinoamérica no quiere decir que ese sea el motivo central. Es otro de los porqués. Para algunos el aprendizaje apunta hacia este tipo de experiencias donde lo más importante es compartir conocimiento.

Los lazos nuevos se van creando y el propósito de encontrarnos se transforma en la necesidad de extendernos. Descubrir que hay otros que gravitan cerca del planeta que nos hala: nos hacemos constelaciones de conocimiento que toman forma por ratos cortos mientras otra estrella nos llama.

Son tres (3) días para que resuenen frases poderosas que necesita todo agente de cambio: “yo sabía que eso era posible” o mejor aún “no tenía idea de que eso era posible”. La sorpresa libre buscando un nuevo hogar y que este caso brinca de país en país cada año. En el 2016 nos vemos en Ecuador y que desde el centro del mundo, el resto nos oiga.

Agile Open Camp

En otro tipo de evento el cuerpo se ve involucrado. El cuerpo que construye primero la emoción para luego contársela a la mente. Porque no es mente-cuerpo, es cuerpo-mente o por lo menos eso parece cuando nos abrimos a sentir.

En uno de los videos del Agile Open Camp 2016 los organizadores confirman qué tan importante se hizo el término Open para ellos: Open Space como la herramienta principal de aprendizaje y el estar en un lugar abierto donde primara la naturaleza.

El Agile Open Camp (AOC) se lleva a cabo en un lugar para convidar la necesaria tentación de hacer charlas afuera, al aire libre, que el caminar traiga el hablar. Que el viento ayude a las respuestas y que se convierta en nuevas preguntas. De todos los lugares el AOC tenía que nacer en Bariloche. Para estar al aire libre, lejos de pantallas, para contarnos qué hacemos, qué creemos que está pasando: cercanos, humildes, pequeños, conscientes de que la agilidad es apenas una idea y no una montaña; porque una montaña es otra cosa, es cosa seria.

El Agile Open Camp es “como una piyamada” para agilistas donde el reloj no para. Corrijo, el reloj no da abasto. El tiempo toma licencia y el cuerpo va dictando un ritmo. Charlas plenarias, Open Space de casi un día entero y noches de cenas que van tejiendo las cuerdas invisibles que, desde lejos parecen actividades, pero que de cerca, para los asistentes se llama tribu.

He leído que el nervio vago une la mente con el cerebro que habita en nuestras tripas. Y si es así en el AOC ese nervio se convierte en autopista: una cascada de emociones mutando en ideas que ratos son propias y a ratos colectivas y a ratos ya no importa. Porque son muchas, son tantas que parecen nuevas. Emociones que estaban olvidadas, empacadas en alguna caja a la que llegaron luego de que ese proyecto no saliera al aire, o de que un jefe 1.0 —torpe y desconectado — tuvo miedo de apoyar el riesgo. Por un rato nos ayudamos a elevarnos.

En el AOC usted va a amplificarse: una voz que va descubriendo a medida que los tres (3) días pasan. Un eco que va rebotando entre todos. Una entrega en confianza que nos afecta. Nos afectamos para que esa charla que quiere dar salga; para que esa pregunta que no sabía que lo habitaba, se asome; un permiso auto-otorgado para guardar silencio y masticar la mañana y prepararse para que la tarde y la noche traiga nuevos mensajes.

Las voces se acumulan, van rellenando los poros y su piel se eriza: llena de antenas que emiten fuerte la señal de “es posible”, “lo voy a hacer”, “llego a hacerlo”. El impulso, un nuevo voto de confianza, una cara que se ilumina y delata el backlog que se escribe en el fondo de los ojos. Nos vemos en el otro, nos reflejamos como un grupo que quiere ser una escuela de pensamiento, una revolución que expresa sus pasiones en las cosas que crea, en el trabajo que sueña.

Scrum Coaching Retreat Latinamerica

Trabajo sí hay. O hay mucho por hacer, siempre. Y un agilista sabe que tiene el viento en contra, que le piden navegar en bajamar a diario. ¿Cómo no se va a lograr si dicen que scrum logra resultados del 400%? Pero mientras las industrias, todas, se dan cuenta que lo que más nos convoca son los principios y que como un efecto colateral se producen grandes resultados sólo por el hecho de tener primero a las personas que a los procesos… mientras eso pasa, seguimos trabajando. Tanta es la motivación que queremos trabajar mejor.

Mejorar en todo. Porque el primer sprint asegura entre otras cosas una equivocación. Eso es seguro, es la promesa. Pero se nos olvida a ratos el poder que reposa en un grupo diverso y motivado. Perdemos de vista cuán importante es vernos diariamente para compartir qué estamos haciendo, qué vamos a hacer, cuáles son los impedimentos. Cada proyecto necesita de una lectura atenta, diaria, de la brújula para recordar para dónde vamos.

Un retiro para coaches de scrum sugiere que los presentes sabemos lo que hacemos. Y sí, si usted sabe lo mínimo de scrum arranca bien pero el poder de este encuentro reposa no en aprender más del marco de trabajo, lo que se hace es lo que importa: generar un producto o servicio que le aporte a la comunidad de coaches de agilidad.

Es un retiro para crear, para entregar producto terminado. Y no es un producto digital o una aplicación porque no es una hackaton. Se trata de entregar un texto, mejorar una tecnología social, algo que pueda ser usado por los que hacen parte de la comunidad de scrum. Pero no se cuenta con 2 semanas; hay menos de un día y medio para hacerlo. Es la oportunidad de poner a prueba, a fondo, a scrum. Con sprints de 2 horas en promedio cada equipo se concentra en crear, pasamos de una reunión diaria (daily) a una mutación de revisión cada hora al interior del sprint.

El backlog necesita ser revisado y cada entrada evaluada para confirmar su pertinencia. Pasamos de un salón a un lugar de agilista lleno de radiadores visuales, de tableros que exhiben algo de Scrumban. Se nota que cada grupo está buscando reducir el “desperdicio” y ver lo magro del producto o el servicio. El tiempo no es el enemigo en scrum, es amigo del foco.

Queda poco tiempo para el ocio colectivo pero sin querer decir que no se hacen lazos con nuevos colegas: el grupo se fortalece cuando se eleva la confianza, cuando iniciamos conversaciones poderosas que llevan a confrontar lo que hacemos. Evitamos el armado de laberintos, que aunque atractivos consumen energía. Queremos entregar algo importante a nuestros pares y por eso priorizamos.

Entre los voluntarios hay otros coaches listos a apoyar y a hacer las veces de product owner para mantener la visión del evento mismo. A diferencia de los otros 2 eventos que describo en este texto, el Scrum Coaching Retreat Latinamerica es una iniciativa que cuenta con el apoyo de la Scrum Alliance. Que no implica una postura formal, técnica o normativa, para nada. De hecho, es una otra forma de apoyar las comunidades ágiles y de scrum.

Eventos

Hay excusas para vernos. Excusas para hacer de un encuentro una oportunidad. Y el libre albedrío nos permite hacer de cada momento algo que importe, que tenga sentido. Estos eventos son apenas una muestra de cómo nos procuramos poco a poco, desde la agilidad, formas de crecer, de elevar la consciencia cuando nos sumamos y de proponer un cambio: porque eso es lo que hacemos.