
El hechizo entre Chris Froome y la Vuelta

La lista tiene su pedigrí y no podía ser de otra forma. Ahí es nada la nómina: el francés Jacques Anquetil, el holandés Jan Janssen, el italiano Felice Gimondi, el francés Roger Pingeon, el español Luis Ocaña, el belga Eddy Merkcx, el francés Bernard Hinault, el holandés Joop Zoetemelk, el español Pedro Delgado, el alemán Jan Ullrich, el español Alberto Contador o el italiano Vincenzo Nibali. Todos grandes nombres del ciclismo universal, sin duda. Todos ellos unidos por la Vuelta y el Tour. Todos ellos han ganado la Vuelta a España y el Tour de Francia al menos en alguna ocasión. Y en esas anda Chris Froome. El británico del Sky, reciente y flamante tetraganador de la ronda gala, se ha empeñado en conquistar al menos una Vuelta a España. En cinco ocasiones ha afrontado el reto para ser segundo en tres de ellas y cuarto en otra; en 2015 tuvo que retirarse; una caída y un golpe contra un muro de piedra que le provocó una fractura en el pie. Acabaría aquella undécima etapa, la famosa jornada de altísima exigencia en Andorra, aunque perdería ocho minutos. Pero ya no salió al día siguiente. Hasta entonces iba octavo en la general, a 1:18. “Realmente estoy hecho polvo por dejar la carrera”, se llegó a disculpar. El británico nacido en Kenia esboza un sexto asalto, impelido por un fuerte sentimiento recurrentemente manifestado a los medios de comunicación: “La Vuelta es la carrera en la que se vio por primera vez mi potencial en una ronda de gran fondo y significaría mucho para mí el poder ganarla alguna vez”. Los hechos, su entrega, su constancia, el caer y volverse a levantar avalan la creencia de que aquí, no, no hay imposturas. La Vuelta nunca se ha visto en una de éstas. “Para nosotros hace el discurso perfecto, que es el vestirse de amarillo en París y venir a disputar la carrera. Desde luego nadie lo ha hecho de una manera tan contundente”, admite Javier Guillén durante la narración de la última etapa del Tour 2017.

Recién apuntalado el jersey amarillo del Tour 2017 en la crono de Marsella, tanto su equipo como el propio corredor han venido a confirmar su próxima participación en la ronda española. Y se destila que buena parte de la evolución de la temporada, esa mayor “tranquilidad”, esa mejor “ambición”, esa falta de victorias hasta el cuarto Tour de Francia, está enfocada a un mayor nivel competitivo en la Península Ibérica. La esquiva Vuelta que Froome volverá a asaltar a sus 32 años. Tal reincidencia, esos cambios en la planificación, cambios que llegan aún cuando no son pocos los compromisos derivados de ganar un Tour de Francia, son todo un piropo para la tercera grande. Muy pocas veces la Vuelta ha tenido semejante promoción emanada del gran dominador del Tour del momento. Y oriundo de una potencia ciclista de relativo nuevo cuño pero con un mercado amplísimo y pasional. En terminología de Internet, eso es posicionamiento. Una victoria de Froome no sería un simple sueño cumplido para el nacido en Kenia. Si mantiene sus mayores afanes hacia el Tour, todos los asaltos que vengan a la ronda española auparán a Froome a un nivel estadístico interesante. Solo dos ciclistas han sido capaces de ganar el Tour y la Vuelta en una misma temporada: los franceses Jacques Anquetil (1963) y Bernard Hinault (1978). Pero los suyos eran los tiempos de la carrera ibérica en los meses de abril y mayo. El reto en septiembre, por tanto, permanece inédito. Con el cambio de fechas afrontado por la Vuelta, en 1995, no son muchos los ganadores de Tour de Francia que optaban por competir en España después de la resaca del éxito en París. Carlos Sastre fue el primero; Óscar Pereiro y el luxemburgués Andy Schleck lo serían con retroactividad (ante las anulaciones de los triunfos de Landis y Contador en 2006 y 2010, respectivamente). Con ese pedaleo cabeceante y agónico de codos abiertos y brazos angulosos que exprime la potencia y también la tija, con esas pedaladas frenéticas y algo antiestéticas en una bici que se cimbrea, Froome se exprime en la Vuelta. Y alimenta cierto misticismo. Chris Froome es el gran abanderado de esta insistencia del doblete, tanto que ya ha firmado circunstancias pioneras: es el primero que encadena dos victorias en el Tour con presencias en la Vuelta y, si nada sucede, serán tres. “Significaría mucho para mí ganar la Vuelta, es una carrera que me encantaría ganar”, confesaba durante la pasada edición.

“Una vez le pregunté sobre esas atenciones hacia la Vuelta”, recuerda Guillén. “Su respuesta fue que era un ciclista de retos, un ciclista al que le gusta muchísimo competir, que le encanta esta carrera y que quiere ganarla”. En la Vuelta Froome muestra una versión mucho más humana, más susceptible al sufrimiento e incluso más expuesta a la mala fortuna. En las ocasiones precedentes su forma no es la misma y seguramente tampoco hayan sido sus compañeros. Si esa mala caída con fractura le apartó en 2015, en 2016 fue un tremendo error táctico nacido de la relajación en la jornada de Formigal. Para Froome, y a veces parece que ha inoculado también esos bríos a Dave Brailsford, la Vuelta siempre es más que una posibilidad. Y todo se le debe a Peña Cabarga. Allí logró el nacido en Nairobi su primera gran victoria. “Es una de mis victorias favoritas, mi primera como profesional”, recuerda el propio Froome.

En España lleva afrontando desde hace años concentraciones de entrenamiento. La isla de Tenerife es un destino habitual, pero se dieron tiempos más modestos en los que Navacerrada era su centro de operaciones. Hace unos años tanto Froome como John Lee Agustyn, enrolados entonces en el Barloworld y ultimando su preparación para un Giro, acabaron residiendo en la casa del actual Orica-GreenEdge Carlos Verona, entonces un chaval de 16 años, durante una semana por culpa de un temporal de nieve. “Después de ganar el Tour es mi siguiente gran prioridad es la Vuelta. Me encantaría ganarla. Es una parte principal del calendario. Es la carrera en la que mostré por primera vez mi potencial para una clasificación general y significaría mucho para mí si pudiera ganarla un día”, señaló en la rueda de prensa organizada durante el primer día de descanso de la Vuelta 2016. Desde luego el encadenado reincidente no sólo le achanta, sino que sigue entrando en sus planes: “Potencialmente es lo que seguiré haciendo en el futuro, aunque siempre dependerá de los recorridos. Es algo que me quiero seguir planteando ya que la Vuelta, que quiero ganar, también me sirve para acabar la temporada y comenzar a pensar en estar bien a principios del año siguiente”. Desde luego es un hombre de palabra. Desde la propia Vuelta no pueden ocultar la satisfacción por esos sentimientos y esas palabras. Y aunque le hayan podido dar detalles sobre recorridos futuros en el pasado, también han negado categóricamente que los diseños de la carrera hayan sido concebidos pensando sólo él.

Froome, que fue líder por una jornada de la carrera española, los réditos de aquella crono en Salamanca del 29 de agosto que se desvanecieron al día siguiente en Cabeza de Manzaneda a favor de Bradley Wiggins, le ha regalado a la carrera momentos vibrantes. Y de ella se ha llevado de momento tres etapas. Su entrega, su estilo desarraigado que parece exprimir toda gota de fuerza, le han deparado muchos apoyos en las cunetas. Y por el de menos a más, tras dejarse ir, su ascensión a los Lagos de Covadonga de 2016. Lo que parecía un mal día acabó dando paso a una gran reacción (insuficiente para echarle el guante a Nairo Quintana, eso sí) a frecuencias de pedaleo y vatios al ritmo del Tour. Su rinconcito en la historia se agranda porque, de momento, nunca antes ningún ciclista había logrado tres segundas plazas sin victoria final. Luis Ocaña, el otro corredor que también fue segundo en tres ocasiones (1969, 1973, 1976), había ganado antes la edición de 1970. Froome ha ganado dos veces en Peña Cabarga y otra en la crono de Calpe. Y ha logrado interesantes puestos en otras etapas. Top-6 en La Farrapona 2011, Top-4 en el Angliru 2011, Top-3 en Arrate 2012, Top-4 en La Gallina 2012, Top-5 en el Mirador de Ézaro 2012, Top-5 en Ancares 2012, Top-5 en San Miguel de Aralar 2014, Top-6 en los Lagos 2014, Top-2 en La Farrapona 2014, Top-2 en Ancares 2014, Top-2 en Cumbres del Sol 2015. “La Vuelta es una carrera que en realidad disfruto y donde supongo se puede decir que tengo cuentas pendientes”, que dijo el nacido en Kenia días antes del arranque en Ourense.
