Eros Poli.

Eros Poli: cuando el gigante de una Vuelta rozó la victoria en una llegada a Murcia afrontada por la escapada cual cita de pista

La etapa de la Vuelta en la que Eros Poli finalizó tercero: Olula del Río-Murcia.

La Vuelta 2017 llega este martes 29 de agosto a tierras murcianas y entre los ciclistas que aún integran su pelotón se encuentra el esbeltísimo irlandés Connor Dunne. El corredor del Acqua Blue, con sus más de dos metros de estatura (2,04 metros), supone todo un récord no ya para la ronda española o las grandes vueltas, sino para el ciclismo en sí. Siempre hubo ciclistas altos como también existieron los bajos, más velocistas los primeros frente a las mejores dotes escaladoras de los segundos si atendemos a los estereotipos; curiosamente desde el mundo de los medios siempre se buscó esa foto que confrontara los extremos, fuera en el deporte que fuera. Dunne tomará la salida en Carava de la Cruz en la penúltima plaza de la general, lo que no es óbice para garantizar que dada su estatura, y como mínimo, se dejará ver mientras siga en la competición.

De otro ciclista de generosa estatura, y en otra etapa con protagonismo para el territorio murciano, vamos a tratar aquí. El corredor en cuestión, 1,96 metros de estatura, siempre tendrá un rincón en nuestra memoria personal por aquella etapa del Tour de Francia que ganó en la edición de 1994. Fue en Carpentras, fue sin duda la gran victoria de su carrera, una carrera de trabajo abnegado y preparativos de llegadas masivas, y lo fue más aún por el hecho de haber tenido que gestionar en solitario las rampas del Mont Ventoux para poder lograrla. Sin olvidar que lo hizo con esa visera de la que era habitual, estética muy personal, pillada entre el manillar y la potencia; y en una jornada en la que un abismo y Miguel Indurain asustaron un instante al respetable. Recordamos al italiano Eros Poli. Un clásico de la década de los años noventa.

Eros Poli en el Mont Ventoux (Tour de Francia 1994).

Que esa ascensión al Ventoux programada para 1994 tuviera lugar 22 años después de la última subida en una etapa en línea (en 1987 fue mediante una cronoescalada) le aportó más notoriedad a los hechos. Es por eso que de aquella etapa se ha escrito mucho, y bien, recordando como Poli se plantó en Bedoin con unos veinte minutos de margen sobre el pelotón. Y cómo se retorció ascendiendo el gigante provenzal. Poli, enrolado en el Mercatone Uno, pedaleaba con las piernas, con las caderas, con los codos; y con los hombros. “Casi casi estamos empujando todos a Eros Poli”, decía Juan Carlos Rivero durante la retransmisión. Hasta su cabeceo buscaba darle potencia a sus pedaladas. “Era la primera vez en mi carrera profesional que en mi cuentakilómetros la velocidad era de tan solo un dígito”, palabras recogidas por Felipe Fernández en un artículo sobre esa jornada para la web de RTVE. Al paso de la icónica cima, Poli retenía algo más de cuatro que fueron suficientes para concretar esa fuga de más de 170 kilómetros en solitario.

Eros Poli, siendo fundamental en la escapada.

Pero Eros Poli también fue protagonista, un año después, y en su primera edición en el mes de septiembre, de una etapa de aquella Vuelta a España de 1995. Un ciclista que ha contribuido a decenas de éxitos ajenos. Un gregario de enorme nivel y mayor compromiso. Sucedió en una jornada frenética entre Olula del Río y Murcía donde los ciclistas volaron, en la que el accidente de una moto de Radio Nacional tripulada por el piloto Carlos de San Antonio y el redactor Iñaki Cano se quedó en un susto y en la que, volviendo a lo deportivo, el ganador concretó una media de 45 km/h. 181 kilómetros marcados por una fuga de cinco ciclistas compuesta por los españoles José Rodríguez (Kelme, dorsal 96; el actualmente abogado que ha tratado muchos temas de dopaje) y Manuel Rodriguez Gil (Santa Clara, 164), el francés Pascal Hervé (Lotus, dorsal 102), el italiano Poli (Saeco-Mercatone Uno, 155) y el alemán Christian Henn (Telekom, 184). Los cinco, colaborando y entendiéndose, cortaron los hilos con un pelotón permisivo y lograron plantarse en las postrimerías de la etapa con nueve minutos de ventaja.

Poli, alimentando el marcaje en las calles de Murcia.

Varios conatos de ataque sin éxito depararon que en los instantes finales por la Gran Vía Salzillo los cinco fugados comenzaran un ejercicio de sangre fría, marcajes, quiebros, miradas y desconfianzas en el que, tal era el símil que se empleó con razón, parecían afrontar una competición de velódromo. La recta final, hilvanada con multitud de “eses”, seguramente una segunda ocasión para que el ‘cuenta’ de Poli marcase un sólo dígito, acabó deparando un sprint. Se lanzó Rodríguez Gil, contraatacó Poli y se rehizo Henn. Al final el alemán fue el más rápido para jolgorio de un Telekom que ya el día de antes, en Sierra Nevada, y no sin cierta polémica, se había llevado la etapa gracias a Bert Dietz. Lo de la polémica, más artificial que real, más cuestión de radios y columnas de opinión que otra cosa, venía por el modo en el que ganó Dietz: avalado por un Laurent Jalabert, líder rocoso (y a la postre definitivo) de esa Vuelta 1995, que no quiso rebasarle cuando podía haberlo hecho.

Pero en Murcia, en aquel 1995, el hombre más alto de aquel pelotón, el héroe del Ventoux, estuvo a punto de concretar un nuevo éxito parcial para su palmarés tras un final digno de velódromo. “Me preocupé de ponerme tras Poli porque sabía que arranca fuerte. Así lo hice y por eso gané. Sabía que Poli era la rueda buena”, señaló Henn.

Eros Poli, a 20 kilómetros de la meta en Murcia en 1995 (patrocinados por la competencia de la meta en 2017).
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