¿Por qué no queremos a los argentinos?

Si tenés una respuesta concreta a esta pregunta, ni sigás leyendo.


El viernes pasado iba en el carro de un compañero del trabajo escuchando la radio. El tema principal: el mundial. Hablan de Colombia, de su buena participación, de la goleada que se comió Brasil y de la final que se avecina. Sale el nombre de Argentina, a lo que mi compañero dice :“Ojalá pierdan esos argentinos” . Le pregunto por qué quiere que pierda Argentina y me responde: “Es que hay un par de ahí que me caen muy mal, ese Mascherano”.

Desde pequeño, desde que tengo uso de razón sé que los argentinos no son muy queridos por nosotros los colombianos. Las razones: agrandados, tienen un ego muy grande, se creen mejores (lo mismo). No conozco muchos argentinos, pero igual nunca los odié. Al contrario, siempre me pareció un país y una cultura maravillosa, tanto que mi primera novia era argentina (de hecho era colombiana, pero vivió muchos años en argentina).

Ya en el trabajo le pregunto a un grupo que se había reunido a hablar de la final del mundial y de sus predicciones, por qué odian a Argentina, por qué esas ganas vengativas de que pierdan. Ninguno me da una respuesta concreta. Pareciera que es un odio que se ha traspasado de una generación a otra y no nos han dicho el porqué. Algo muy parecido al paradigma de los micos y los bananos.

Celebramos con furor el aniversario del día que Colombia le ganó a Argentina 5-0 en su casa. A otros equipos les hemos ganado también por esta diferencia, ¿por qué no sentimos lo mismo? Y es aquí donde he sacado una primera conclusión: el odio hacía Argentina nace en el fútbol y muere en el fútbol.

Decimos que los argentinos son agrandados, pero ¿qué referencias tenemos de “argentinos agrandados”? Maradona, Batistuta, Bilardo, Simeone. Todos futbolistas. Y si de eso se trata, nosotros tenemos al Tino, y si lo vemos a hoy, todos los futbolistas colombianos que juegan en Europa son agrandados.

Acá viene mi segunda conclusión: somos más agrandados los colombianos que los argentinos.

Le decimos agrandados a los argentinos, nosotros que vivimos en un país donde todo el sueldo que ahorramos es para comprarnos el último carro que salió, así no lo necesitemos. Les decimos agrandados, nosotros que siempre queremos estar en la zona vip de la discoteca, nosotros que le tiramos unas monedas a alguien para que nos empaque el mercado (esta es increíble), nosotros que preferimos comprar otro carro para evitar el pico y placa y no tener que usar el transporte público porque “el transmilenio es para pobres”. Los argentinos usan el bus para llegar a la discoteca y se vuelven en bus otra vez a sus casas. Proponele irse en bus a la 85 a la vieja con la que estás saliendo, se muere y revive para volverse a morir.

Nosotros somos mejores que ellos en muchas cosas y ellos mejores que nosotros en muchas otras. Claramente no voy a entrar en detalle, pero sí me gustaría subrayar el hecho de que en el tema “Relaciones personales” nos llevan un año luz de ventaja.

Mi invitación: conozcan un argentino, son re buenos para charlar.

Aprovechemos que ellos no nos odian como odian a Bolivia y Paraguay.

Tercera y última conclusión: odiar a los argentinos te hace ignorante y retrógrado.

La próxima vez que vayas a odiar a los argentinos, preguntate lo siguiente:

  • ¿Por qué los odio?
  • ¿Cuántos argentinos conozco?
  • ¿Cuantas veces he ido a Argentina?

Al ver que mis compañeros no me daban una respuesta concreta a la pregunta de por qué odian a los argentinos, les digo: “los argentinos ya no son mala clase, eso era antes” a lo que me responden: “no, no, no pero no estamos diciendo que sean mala clase es que no sé esos manes son como…” Una vez más, no hay un argumento sólido.

Entonces querido lector, esto no solo pasa con el tema Argentina, esto pasa con muchos temas en los cuales tomamos una posición radical sin saber realmente porqué lo hacemos y más bien nos dejamos guiar por esa sensación de lo que creemos está bien.

Y de hecho sí, yo sí conozco un argentino agrandado: mi ex, se creía mejor que el resto porque me tenía de novio. Una estúpida. Por eso la dejé.

Email me when Juan Fernando publishes or recommends stories