Rabid (2019): Horror Corporal y Transhumanismo

Juan Contreras
Nov 7 · 7 min read

David Cronenberg siempre tendrá un lugar único en el cine de género. El canadiense se hizo famoso haciendo películas de terror y ciencia ficción inteligentes, viscerales y desafiantes que acuñaron la clasificación de “horror corporal” con un toque político y de fantasía. Su trabajo incluye The Fly, Videodrome y Shivers. Una de sus mejores películas es Rabid (1977).

Hay pocos proyectos más desalentadores para un cineasta que rehacer una película de David Cronenberg. Pero ese fue exactamente el desafío asumido por las gemelas estadounidenses Jen y Sylvia Soska. Tomaron la premisa e imprimieron su sello en los procedimientos.

Junto con su mejor amiga Chelsea, Rose (Laura Vandervoort) trabaja para un diseñador de modas egoísta. Infeliz e impopular, su mundo se pone patas arriba luego de sufrir un accidente automovilístico. Al encontrarse severamente desfigurada, sin trabajo y sin suficiente cobertura de seguro, decide ofrecerse voluntariamente para recibir tratamiento médico experimental en una clínica pionera en la medicina transhumanista. Sin embargo, el tratamiento tiene efectos secundarios… desarrollar sed de sangre.

Soska Sisters

Esa escena en el quirófano, con los médicos vestidos de rojo -en lugar de verde o azul-, insinuando ya que esto se trata de una misa negra/vampírica. Desde aquí queda asentado el argumento del filme. Y así, varias películas con esta temática encuentran un factor común en sus títulos; Rabid, Thrist, The Hunger, Raw, etc. Por supuesto, Raw debió tener una fuerte influencia de la original Rabid.

Mientras la película de Cronenberg se trataba solo sobre una cirugía plástica que iba mal, la nueva versión comenta sobre medicina experimental y transhumanismo (abreviado como H+ o h+), un movimiento cultural e intelectual que tiene como objetivo transformar la condición humana mediante el desarrollo y fabricación de tecnologías ampliamente disponibles, que mejoren las capacidades de las personas, tanto a nivel físico como psicológico o intelectual.​ Los pensadores transhumanistas estudian los posibles beneficios y peligros de las nuevas tecnologías que podrían superar las limitaciones humanas fundamentales, como también la tecnoética adecuada a la hora de desarrollar y usar esas tecnologías.​ Estos especulan sosteniendo que los seres humanos pueden llegar a ser capaces de transformarse en seres con extensas capacidades, merecedores de la etiqueta “posthumano”.

El significado contemporáneo del término transhumanismo fue forjado por uno de los primeros profesores de futurología, Fereidoun M. Esfandiary, conocido como FM-2030. Él comenzó a identificar a las personas que adoptan tecnologías, estilos de vida y visiones del mundo transicionales a “posthumanas” como “transhumanos”.​ El filósofo norteamericano Max More, empezó a articular los principios del transhumanismo como una filosofía futurista en 1990, y a organizar en California un grupo intelectual que desde ese entonces creció en lo que hoy se llama el movimiento internacional transhumanista.

Influenciado por trabajos y obras primarias de ciencia ficción, esta visión de una humanidad evolucionada ha atraído a muchos partidarios y detractores de una amplia gama de perspectivas. El transhumanismo ha sido descrito por Francis Fukuyama como “la idea más peligrosa del mundo”,​ mientras que Ronald Bailey considera que es un “movimiento que personifica las más audaces, valientes, imaginativas e idealistas aspiraciones de la humanidad”. ​Algunos autores consideran que la humanidad ya sería transhumana, porque los progresos médicos en los últimos siglos han alterado de manera significativa nuestra especie. Sin embargo, no lo sería de una forma consciente y, por tanto, transhumanista.

El personaje de Rose en la película, acepta un procedimiento experimental usando células madre, que no solo repara todo el daño físico en su rostro, sino que aparentemente mejora sus sentidos.

Mientras el filme conserva la mayor parte de la misma estructura que la original, aborda su tema desde un ángulo diferente. Esto funciona y no. Utilizando la industria de la moda como trampolín, explora cuestiones relacionadas con el feminismo y la crueldad animal. Sabiamente, las Soskas no han hecho una nueva versión recreada con precisión, sino que tomaron el concepto central de Cronenberg y lo convirtieron en una película que apunta a todo, desde las prioridades deformadas de la industria del consumo y el control que ejerce sobre los cuerpos femeninos, hasta la difícil situación de un sistema de salud que depende de las finanzas del paciente.

La correlación que se plantea entre la rabia y el mundo de la moda es genial. Como en las películas de Cronenberg, se contrasta la belleza femenina y la elegancia con un mundo retorcido. Se nos muestra desde el principio que la moda se mueve demasiado rápido para simpatizar con nadie, y ese tema se revela con gran efecto en toda la trama. La belleza es apreciada por encima de todo en este mundo, lo que permite a las Soskas profundizar sobre los peligros de meterse con la naturaleza y abusar de la modificación corporal. Esto ofrece un gran potencial para la alegoría, así como mucho espacio para que la sangre fluya. Esta reinvención alberga una conciencia de que vivir para siempre tiene sus desventajas oscuras.

En la década de los 70, la gente se burlaba de la cirugía estética diciendo: “¿te harás una nariz nueva porque no te gusta la que tienes?”, como en una escena de la Rabid original de Cronenberg. Actualmente, la cirugía estética es tan aceptada que no está lejos de realizar modificaciones extremas en el cuerpo. En el siguiente nivel del transhumanismo, ya estamos viendo extremidades híbridas cosechadas en laboratorios. Recientemente hubo un artículo sobre un feto humano-oveja que se crió para crear estas partes para trasplantes. Esa es la dirección hacia la que va el horror corporal. En la cultura occidental, es muy inquietante porque está tomando el yo para transformarlo en algo que nunca imaginamos.

En un año que ha visto muchos remakes brillantes y algunos decepcionantes, Rabid cae en medio. La versión de las hermanas Soska -quienes, por cierto, tienen un pequeño cameo en la película- es efectiva desde el punto de vista del maquillaje y efectos especiales. Hay un momento específico que funciona; una alucinación vívidamente demoníaca llena de figuras parecidas al stop-motion que cortan y disecan a Rose (¿un homenaje a las enfermeras de Silent Hill?). El gore está muy distribuido y prácticamente utilizado.

El espíritu de Cronenberg, su humor, ritmo y carácter, se respiran en la atmósfera. Todo el tiempo de metraje es práctico y ameno, excepto tal vez por la recta final. La película inicia difuminando una línea entre un estilo comercial y el cine de autor, lo que la hace muy interesante y con una intriga sugestiva. Pero finalmente se decide por los lugares comunes.

Se siente como una película inédita, sin embargo, tiene los mismos problemas que la original en la ‘contemporización’ que puede parecer torpe. La “zombieficación” de los infectados y las formas de contenerlos ya son algo muy visto y aburrido, aunque así sea el material de origen.

Rabid es otra película actual donde los personajes no usan teléfonos celulares para facilitarse la vida. Inexplicablemente, atendiendo al carácter futurista de la historia. Sería lo más lógico — que si no puedes hablar porque sufriste un accidente, te comuniques escribiendo en tu teléfono, pero entiendo que usar un pequeño pintarrón para comunicarse, es más práctico y teatral en términos del lenguaje del cine.

Dicho esto, la película tiene un horror entretenido y estimulante que aborda una serie de temas pertinentes con azotes de sangre. Es un vistazo al corazón rancio del cine, y eso es para celebrar.

Lo siguiente y último es un detallito que no es para nada relevante en la trama; si has llegado hasta aquí puedes parar en este punto, a menos que te interese el tema de los cigarros electrónicos (sí, hay una nimiedad sobre esto en la película):

Sobre la escena de vapeo en Rabid y el cigarro electrónico en el cine actual

Llama mi atención que el vaping es cada vez más visible en el cine de EE. UU., a pesar de las campañas de desprestigio y de las políticas de prohibición que ha recibido esta práctica en ese país. Los cigarros electrónicos empiezan a convertirse discretamente en un personaje más en las historias de películas y series, un personaje frecuente y que va adquiriendo simbolismo, como lo vienen haciendo desde hace muchos años los cigarros de tabaco y los botecitos amarillos con medicinas. Se trata de una moda, sin duda, pero creo que también hay una “ romantización” de las sustancias ilegales que últimamente apunta más a las drogas duras, hay quienes siguen pensando erróneamente, que el vapeo implica siempre compuestos psicoactivos ilegales.

Pues bien, en Rabid, vemos una pequeña escena donde un grupo de vapers comparten un vaporizador personal en stick, y lo usan nada menos que en el interior de un club nocturno, cosa que en mi opinión no es algo recomendable al ser un entorno cerrado, aunque se permite en ciertos lugares. La película tiene similitudes con Satanic Panic de Chelsea Stardust, otra película de horror en la que curiosamente también hay algo de vaping.

Quien sabe cuál haya sido el objetivo de incluir este pequeño corte; si sea una provocación, una intención de desprestigio, una de apoyo al vapeo, o simplemente a las directoras les gustó como una curiosidad ornamental. Por otro lado, el vaping es también una tecnología que podría entrar en la ideología transhumanista, tema que se aborda frugalmente en la película.

Juan Contreras

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Producción musical, medios digitales, diseño y comunicación organizacional.

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